08/13/2020

LA INSTRUCCIÓN INICIÁTICA Y SU TRIPLE SIGNIFICADO

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Los tres grados de la Masonería son:Aprendiz:  Es el Primer Grado, el que recibe la persona que se inicia como Masón.

Compañero:  Es el Segundo Grado, donde el Masón ya iniciado ahonda en el estudio del simbolismo masónico, y cómo aplicarlo a su vida personal, a la forjación de su carácter, y al medio en general.

Maestro:  Es el Tercer Grado, en el cual el Masón recibe un nuevo conocimiento sobre las principales alegorías masónicas, profundiza en las enseñanzas, estudia temas esotéricos, participa activamente en los asuntos internos de su Logia y adquiere poder de voto.

 

Los tres grados de las Logias Azules (del 1º al 3º) representan tres etapas del desarrollo personal individual. Los grados masónicos en sí no tienen un significado particular o único, sino que conforme un Masón va estudiando y trabajando en cada uno de los grados, va adquiriendo una mayor capacidad para interpretar los símbolos y las alegorías en función de su desarrollo personal, teniendo como única obligación el cumplir con las normas de la Logia para la cual trabaja y ayudarla a progresar.

La Masonería posee una estructura simbólica que es común a todos los Masones del mundo, con una serie de arquetipos universales le sirven a cada Masón para encontrar sus propias respuestas dentro de sí a las preguntas filosóficas de la vida. Esta preparación le permite comprender cómo debe actuar siempre un Masón ante sí mismo, ante nuestra conciencia, en nuestro hogar, con los hermanos de nuestra Logia, con las amistades, en el trabajo, como ciudadanos, y en la sociedad en general.


El grado más alto que existe dentro de la Masonería es el Grado de Maestro Masón (3º). Cuando este grado se alcanza, esa iniciación es de por vida, no hay vuelta atrás.  Si bien los distintos ritos masónicos pueden más grados (por ejemplo, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado tiene 33º, el Rito de Memphis-Mizraïm tiene más de 90º, etc.) esos grados adicionales que están más allá del 3º se consideran grados complementarios al de Maestro Masón, no aumentos de nivel o promociones adicionales; son grados de perfeccionamiento  masónico.


Para poder entrar a esos grados adicionales, es requisito indispensable el haber alcanzado primero el grado de Maestro Masón, o sea, haber recibido la elevación al Tercer Grado. La recepción de los grados más allá del 3ro. responde a un sistema paralelo al de las Logias Azules (del 1º al 3º), y se conocen como las Logias de Perfección.


LA INSTRUCCIÓN INICIÁTICA

La instrucción es una de las maneras por medio de las cuales el conocimiento nos es transmitido. Cuando nos encontramos en el Grado de Aprendiz, los hermanos con más experiencia nos muestran un punto de partida para que por medio de nuestro propio esfuerzo y nuestro razonamiento asimilemos lo esencial de dicho conocimiento.


Teniendo en cuenta que INICIARNOS significa ENTRAR AL INTERIOR, el proceso de nuestra instrucción iniciática lo comenzamos de afuera hacia adentro cuando traspasamos el umbral del Templo para iniciarnos como Aprendices, y allí se nos guía para recibir nuestro aprendizaje inicial. En esa primera experiencia, la construcción de conocimiento es lograda por medio de un periodo silencioso, colmado de estudio y reflexión individual, que nos permite luego avanzar mediante nuestro propio esfuerzo por el camino indicado, hasta que encontramos la madurez que nos lleva al progreso.


Posteriormente, en el Grado de Compañero  adquirimos un poco más de independencia y podemos ampliar los estudios masónicos con temas relativos a ciencias, letras, arte y otros. Finalmente, en el Grado de Maestro Masón, adquirimos la plena autonomía que logra despertar al Maestro Interno que todos llevamos dentro, para que éste termine siendo nuestro guía en la vida.


Igualmente, es de notar que en este tipo de instrucción iniciática también encontramos un triple sentido: elExotérico, el Esotérico y el Trascendente, los cuales nos preparan para el encuentro directo con la Verdad.


El aspecto Exotérico se refiere a todo aquello de la enseñanza que es visible o externo, como por ejemplo, los objetos simbólicos presentes dentro del Templo, las ceremonias, las alegorías que caracterizan a la Masonería, y todo aquello que podemos percibir con los cinco sentidos.


El aspecto Esotérico se refiere a las enseñanzas que permanecen ocultas, a la parte invisible, pero existente. A éste conocimiento llegamos gracias a nuestra capacidad iniciática, a nuestro esfuerzo personal, a nuestra capacidad de captación y asimilación de las enseñanzas. Todo eso nos permite reflexionar sobre aquello que es visible, para poder filosofar sobre la parte que no es visible, o sea, comprender lo que permanece velado o envuelto en el misterio, porque nadie lo puede enseñar con palabras porque no es perceptible a través de nuestros sentidos físicos, sino a través de la intuición o de una percepción interna.


Finalmente, el aspecto Trascendente está relacionado con nuestro dominio de lo Externo y lo Interno, o sea, de nuestra capacidad para unir lo visible y lo invisible, para alcanzar una comprensión interna que nos permita reflexionar, filosofar y continuar profundizando nuestro aprendizaje, pero con vistas a una acción concreta. Dicho de otra manera: hacer esas enseñanzas (exotéricas y esotéricas) parte de nosotros mismos, interiorizarlas, convertirlas en algo natural en nuestro comportamiento diario. En resumen, hacer que todo lo aprendido trascienda a nuestra personalidad y sea debidamente asimilado, para que de ahí en adelante lo apliquemos como parte de nuestra conducta en la vida en toda circunstancia y en todo proceder.


Este es el poder que yace detrás de una enseñanza iniciática, que cuando se recibe y se interioriza es lo que nos destaca como Masones, independientemente de nuestra cultura, origen, creencias, género, particularidades, etc. Nosotros nos convertimos verdaderamente en Masones cuando llegamos a proceder como Masones, a hablar como Masones, a pensar como Masones, a sentir como Masones, y a manifestarnos en la vida como Masones, sin necesidad de esforzarnos diciendo frasecitas masónicas para que los demás nos oigan, o pensando en lo que debemos hacer para que otros se den cuenta, o afanarnos en sentir que lo somos cuando en realidad no lo practicamos. En fin, la Masonería hay que vivirla, llevarla adentro como parte de nuestra propia formación general que nos educa bajo ciertos principios inviolables dentro de la condición humana.


Reflexionemos: ¿Qué diferencia encontramos entre las Escuelas Iniciáticas y las Escuelas Educacionales? ¿Cuál es la dirección del conocimiento en cada una de ellas?