08/13/2020

La primera mujer presidente

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Los votantes apoyan a su candidato preferido de acuerdo a su ideología política.
FOTO: ARCHIVO / IMPREMEDIA

Si las elecciones presidenciales fueran en base al voto popular o a la mayoría simple, Hillary Clinton sería la innegable ganadora. Pero como elegimos a nuestro Presidente a través de un Colegio Electoral, Donald Trump tiene una pizca de esperanza de darnos una sorpresa desagradable en noviembre de este año.

Todo el barullo del Colegio Electoral, que tantas malinterpretaciones ha causado alrededor del mundo, tiene sus inicios en el Gran Compromiso de 1787. No fue una “metida de pata” de los fundadores de la República, sino fue un acuerdo que puso fin a los desacuerdos entre los estados grandes y estados pequeños.

En alguna forma, el sistema electoral estadounidense es un sistema electoral estatal, cuyos votantes eligen a un número de electores –el total de representantes y senadores de un estado en el Congreso—, quienes ultimadamente votan por el candidato de su preferencia.

La Constitución determina que el voto de la mayoría del electorado de un estado se adjudica todos los electores de ese estado. Por ejemplo, en California se eligen 55 electores. Si el voto popular se inclina hacia los demócratas (como se espera que suceda), todos los electores pertenecerán al Partido Demócrata.

Tanto Hillary Clinton como Donald Trump necesitan el apoyo de 270 electores para convertirse en el nuevo ganador de las elecciones.

Algunos estados que no tienen una alineación política clara (swing-states), como Ohio, Florida, Pensilvania, Colorado, Nevada, entre otros pocos, son los más importantes del proceso electoral presidencial de Estados Unidos. Por eso, el dinero que normalmente colectan los candidatos de los dos partidos políticos los gastan preferentemente en estos estados considerados claves.

Por el mismo hecho de que el sistema electoral es determinado por estos estados, nadie puede descontar una amarga sorpresa del representante republicano.

Sin embargo, las elecciones no son irracionales. Los votantes apoyan a su candidato preferido de acuerdo a su ideología política (los duros o las bases políticas), a las políticas económicas y sociales que presenta públicamente (los votantes moderados o swing-voters) y de acuerdo a su comportamiento ante la sociedad.

Nadie duda de la existencia de una base de simpatizante que apoya a Trump a pesar de todos los comentarios insensibles que hizo en el pasado y recientemente. Empero, existe también una población electoral altamente consciente –que no son ni demócratas ni republicanos— que, llegado el momento, votan de acuerdo a los valores del candidato.

Cómo Trump hizo hasta lo imposible para quedar mal con esta población electoral, lo más probable es que voten en su contra. En tal sentido, estamos a unos cuantos metros de tener a la primer mujer presidente en Estados Unidos.

Humberto Caspa, Ph.D., es profesor e investigador de Economics On The Move. E-mail: hcletters@yahoo.com

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