Los grandes problemas del anarquismo moderno (PARTE III)

Anuncios

Muchos creen que la dictadura del proletariado apareció con el gobierno comunista. Pero, en realidad, la actual dictadura rusa en gérmenes existía entre las masas humanas y se infiltró en toda la vida social mucho antes de estallar la revolución rusa de 1917. El principio autoritario, que es la base de cada dictadura, se manifestaba ya antes, como se manifiesta claramente ahora en todos los partidos políticos y en todas las organizaciones obreras. Y su adaptación en una escala social no es más que la consecuencia del espíritu y del principio autoritario que reinaban y reinan en las organizaciones obreras y en los vastos movimientos políticos, económicos y culturales de las masas humanas y laboriosas.

Muchos ven todo el mal y el horror de la revolución rusa en sus manifestaciones exteriores y superficiales, en aventureros aislados que hablan en nombre de todos los trabajadores de Rusia. Mas en realidad todo el mal de la práctica de la revolución rusa está en la psicología de las masas, en sus conceptos e ideas y en la interpretación de la vida, que durante muchos años les inculcaban los socialistas, los sindicalistas y hasta una parte de los anarquistas: la creencia en la supremacía y en el rol histórico especial de los obreros en el desarrollo de la humanidad. No el rol de cada trabajador como hombre, sino el rol del conjunto obrero como clase elegida por la historia para dirigir la vida social de la humanidad, su misión como obrero para ocupar el lugar del noble, del dirigente, del privilegiado.

El obrero en nuestros días se glorifica de: «¡Soy proletario!» o «¡Soy obrero!», igual que el noble de antaño, que se sentía un ser superior, cuando declaraba con tono grave: «¡Soy noble!». Y bien tenía razón Gorki cuando escribía: «… Si el obrero dice: ¡Soy proletario!, con el mismo tono repugnante de casta como antes el noble decía: ¡Soy noble!, a este obrero hay que ridiculizarlo implacablemente». Y con tanta más razón, cuanto que este tonto orgullo de casta o de clase quieren utilizarlo diferentes agrupaciones para fines políticos y demagógicos. Para cada hombre consciente e idealista honesto el: ¡Soy proletario!, suena tan desagradablemente y tan repugnante como antes el: ¡Soy noble!


Precisamente en este absurdo orgullo de ser proletario y en esta idea fija de la misión histórica de la clase obrera, que es también predicada por muchos anarquistas, hay que buscar la causa principal del fracaso de la revolución rusa de 1917. Y la consecuencia de este concepto fue que en lugar de los privilegiados y gobernantes de la casta de los explotadores, tiene el pueblo ruso privilegiados y gobernantes de la clase de los explotados de ayer. Lo que los obreros y los trabajadores tenían impreso en su mente no era una unión libre de los hombres y la creación práctico-experimental de una vida nueva, sino el principio autoritario y la organización y regularización estatal e impositiva de la vida humana y social, Y esto justamente era lo que se realizó en la revolución rusa, con la ayuda de todos los partidos políticos revolucionarios y muchos sindicalistas y anarquistas.

E igual ocurrirá con las demás agrupaciones sociales, como los sindicalistas, los industrialistas o los anarquistas que creen en la misión histórica y la supremacía obrera y que sostienen «que únicamente las organizaciones económicas son capaces de cumplir este objeto…».

Por esto no es de tanta importancia quien esté en el poder en nombre de la clase obrera. Lo que importa es la psicología que se forma en el obrero, en el trabajador, en el revolucionario honesto al tener el Poder en sus manos; en lo que se convierte la persona que se convierte en gobernante, y cómo el veneno de la autoridad influye sobre las personas y los grupos que poseen el Poder.

En este sentido el estudio detenido de la dictadura de la clase obrera en Rusia es de un valor inapreciable y puede enseñar muchas cosas a cada uno que quiere sacar algún provecho de este experimento autoritario-socialista.

La corrupción del partido que está en el Poder ha superado todo lo que se pudo prever, sin excluir sus miembros más honestos.

Los obreros y trabajadores de ayer, una vez llegados al Poder, se corrompen y se convierten en burócratas y tiranos implacables y feroces. No lo evitaron tampoco los anarquistas que estaban en el ejército rojo, en los destacamentos militares y en el movimiento makhnovista. Porque «no hay peor veneno que el poder del hombre sobre el hombre».

La posibilidad de permanecer en el Poder lleva a estos ex obreros a convertirse en políticos profesionales, y entre ellos y los que quedan en los talleres, fábricas, campos, oficinas y escuelas se crea un abismo tan profundo como el que existe entre los obreros y los privilegiados en los países capitalistas.

Hay que hacer notar aquí que este proceso psicológico en los que se convierten en privilegiados o gobernantes no es la consecuencia de la maldad de estos hombres, o del partido, sino su desgracia. Con toda la honestidad de la mayoría de los comunistas y con todas las buenas intenciones de muchos de ellos de proporcionar la felicidad a las masas trabajadoras rusas, el Poder les corrompió y les convirtió en lo contrario de lo que ellos sinceramente deseaban ser: en enemigos de los trabajadores y en perseguidores implacables de todos los verdaderos revolucionarios y de todos los que se permiten estar en desacuerdo con sus experimentos y prácticas sociales ruinosas, y que el pueblo trabajador paga tan caro con su bienestar y hasta con su vida en cantidades apreciables.

Lo mismo sucederá con cualquier otro grupo de hombres que quiera gobernar o dirigir los asuntos sociales. Porque la lucha social se producirá no solamente entre clases o capas sociales, sino dentro de los grupos y las clases mismos, si es que se puede hablar seriamente de clases sociales.

Porque si mañana cualquier organización obrera tomara la dirección de las cosas en sus manos —todos los obreros no podrán gobernar y dirigir, aparte que están divididos en grupos ideológicos que se odian mutuamente a veces hasta más no poder—, se entablará inevitablemente la lucha entre las organizaciones y movimientos obreros de diferentes ideologías y diferentes tendencias, y una lucha muy sangrienta. El experimento ruso lo confirma sin dejar lugar a dudas, igual que los episodios de las revoluciones de la postguerra de Alemania, Hungría y otros países. El obrero comunista en Rusia persigue y mata a sangre fría al obrero socialista, anarquista o sin partido por no estar éste dispuesto a someterse a su voluntad. El obrero socialista en Baviera y Hungría ayudaba a los capitalistas y militaristas de sus países a exterminar a los obreros comunistas y anarquistas que querían introducir algún cambio radical en la vida social y económica de sus países. Y en todos los países del mundo las diferentes organizaciones obreras luchan entre ellas encarnizadamente, sometiendo los intereses sociales de la humanidad a los intereses de su grupo o de su organización. Sin hablar ya de las organizaciones obreras católicas, fascistas y reaccionarias, masas enteras de obreros en Italia y Alemania se han convertido, igual que cualquier otro hombre, en los pilares de la reacción más abyecta y más sanguinaria y bárbara, como el fascismo.

En realidad no existen clases de intereses económicos, sino de intereses pasajeros de grupos, y tampoco existe como tal la clase obrera; y es por eso que no hay país en el que no luchen entre sí varias organizaciones obreras y que no se arrogue cada uno de ellos la representación genuina de la clase obrera.

Para que la reconstrucción social sea realmente útil para la causa de la liberación de las masas laboriosas del yugo de la explotación y de todos los hombres de la opresión de la autoridad, es imprescindible luchar no solamente contra el autoritarismo capitalista, sino contra toda forma de autoridad y contra toda forma de dictadura.

La propaganda debe ser no solamente anarquista, sino también antiautoritaria y libertaria.

Porque el anarquismo no es un sueño de lejano porvenir. El anarquismo es la interpretación real de la vida como un proceso incesante de desenvolvimiento y perfeccionamiento. Y cada obrero, cada trabajador, cada hombre que entra en la vida revolucionaria, en la actividad social, desde que enaltece y perfecciona su personalidad, la hace más grande, más socialmente útil, más hermosa y más meritoria, mientras su participación en la vida como hombre de ideas nobles y humanas, como anarquista y antiautoritario, despierta, elabora y prepara en los demás hombres y en el ambiente en el cual él se desenvuelve y activa personalidades más elevadas que las actuales y cimenta las bases para una vida futura mejor, más justa y más humana que la existente.


De cada hombre, de todos los que activan las ideas anarquistas, depende la futura vida. He aquí por qué es necesario trabajar incesantemente para que cada individuo, cada ser humano se compenetre con las ideas anarquistas, comprenda bien el verdadero valor de la dictadura y trabaje para que la vida nueva esté basada sobre principios de libertad y ausencia de toda forma de autoridad, inclusive la del proletariado. Solamente entonces se creará una verdadera posibilidad para la creación de una convivencia social sin cadenas ni verdugos y se descubrirán todos los tesoros ocultos que contiene el hombre y la humanidad para poder convivir en ayuda mutua, solidaridad y amor.

La humanidad —toda la humanidad— se lanzó en busca de una vida mejor, todos los hombres condenan lo viejo y buscan algo nuevo y mejor, que terminaría con esta sociedad de hambre, dolor y sufrimientos. Y las nuevas revoluciones no están lejanas.

Los socialistas y los comunistas ya mostraron lo que se puede esperar de sus ideas y de ellos mismos, y ya están en el pasado. La aplicación de sus conceptos autoritarios y de sus métodos estatales y dictatoriales en la vida social ha llevado a una reacción más terrible y a un fascismo más bárbaro. El único ideal que no fue experimentado todavía es el anarquismo y sus métodos libertarios y antiautoritarios.

El socialismo y el comunismo autoritario fueron experimentados y han fracasado en sus intentos.

Y es a los anarquistas a quienes corresponde ahora preparar las masas humanas para que las futuras revoluciones sean antiautoritarias y para que los experimentos que se harán sean anárquicos y libertarios. Deben trabajar para crear personalidades humanas nuevas y libertarias entre las masas humanas en el presente y una vida individual y social mejor y libre en un futuro próximo.

El anarquismo y el gobierno revolucionario

El pueblo siempre da sus mejores fuerzas para la reconstrucción de los sistemas sociales. Pero, desgraciadamente, el pueblo no se ocupa conscientemente de la reconstrucción, o se ocupa poco y sólo en los momentos excepcionales que son las revoluciones.

Pero la desgracia más grande del pueblo consiste en que por todos lados está rodeado por «amigos» y «cuidadores» que se cobijan en casi todos los partidos políticos y que en los momentos más acalorados de la lucha del pueblo por su emancipación y liberación, en el calor del desarrollo de la obra destructora y creadora de las masas humanas se introducen en el movimiento ideológico y social y se dedican a «dirigir» la obra creadora y reconstructiva del pueblo, deteniendo el desarrollo de la obra revolucionaria y social en la mitad del camino, impidiendo así la realización completa de la liberación humana del yugo del capitalismo, del Estado y de la Iglesia.

La Historia está repleta de tales hechos.

Estos «amigos» y «benefactores» políticos mayormente juegan sobre sus sentimientos y sufrimientos y le dicen: «Sufres, vives en la esclavitud y la ignorancia. Nuestro corazón se destroza al ver tus sufrimientos y nos preocupamos sin cesar de tu bien. Pero tú mismo eres el culpable de tus sufrimientos. No quieres comprender que tienes malos amos, directores malos. Cámbialos y todo irá bien. Especialmente si nos pones a nosotros en lugar de ellos.»

Y el pueblo —este niño grande— les presta oídos, les cree y da sus vidas y su sangre para exaltarlos al Poder, con la esperanza de que los nuevos amos les traerán la libertad, el bienestar y la dicha. Embaucados por las charlatanerías de los políticos, que ocupan ahora el lugar de sacerdotes y curas, las masas humanas van de fracaso en fracaso, sembrando el camino de la vida social con cadáveres, sufrimientos, horcas, patíbulos, sangre y desdichas. Y así seguirán devorándose mutuamente, hasta que comprendan toda la inutilidad de seguir buscando buenos amos y buenos dirigentes, porque es imposible encontrarlos, y se darán cuenta de que es más simple y mejor y más razonable convivir en buena voluntad, hermandad y ayuda mutua, sin amos ni dirigentes, porque su misma naturaleza de privilegiados no les permite ser ni buenos ni humanos.

http://www.portaloaca.com/pensamiento-libertario/textos-sobre-anarquismo/12186-los-grandes-problemas-del-anarquismo-moderno-anatol-gorelik.html

https://www.google.com/search?

Anuncios