POLITICA E INMIGRACION

“Es muy difícil hacer compatibles la política y la moral”

La frase es de Francis Bacon y sirve para calificar acciones oficiales en la situación actual del país

Publicado en: Opinión, 18/12/2016 06:00 AM

Hace una semana el superintendente para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos de Venezuela, (SUNDEE), aparecía en un video durante un proceso de fiscalización a comerciantes en una conocida zona de la capital. Durante dicho procedimiento, el funcionario les ordenaba a  los empleados de los comercios “la reducción inmediata del 30 y 50% de los precios de los productos de los sicarios económicos que desde la semana pasada remarcaron todos los precios, con el argumento del dólar preliminar”. Mientras esto sucedía, las cámaras de televisión transmitían el hecho, y dejaban traslucir las caras de pánico de los empleados de los distintos negocios. Algunos de ellos pretendieron enseñarles sus cuentas para que el funcionario en cuestión conociera la razón del valor de los productos, a lo que este contestaba que no le interesaba, porque sabía que todo era falso. El mecanismo coercitivo y evidentemente ilegal del referido empleado gubernamental fue tan brutal, que culminó con la detención de uno de los comerciantes.

Días atrás a este episodio, el mismo funcionario detenía y ordenaba decomisar casi 4 millones de juguetes de una empresa distribuidora. En esa oportunidad, argumentaba que los juguetes habían sido adquiridos bajo el procedimiento de dólares preferenciales, y que estaban siendo vendidos con sobreprecio.

En ambos casos, mientras esto sucedía, el público presente aplaudía a rabiar al pensar que gracias a esta acción del gobierno bolivariano, se aplicaría la justicia y lograrían obtener los productos a un precio justo.

En ninguna de estas oportunidades, ni en ninguna otra, alguien les ha explicado a esos incautos compradores, que si bien es cierto que a veces los comerciantes especulan con los precios (a cuyo efecto en los sistemas políticos en donde impera el Estado de Derecho se establecen los mecanismos legales para enjuiciar a los culpables, dándosele la oportunidad de defenderse bajo el amparo del tradicional principio de presunción de inocencia), esos aplausos y manifestaciones de apoyo proferidos, se convertirían en lágrimas cuando entendieran el verdadero movimiento de las leyes del mercado y la realidad venezolana.

En el caso de Venezuela, cuya economía tiene como referencia al dólar, y siendo que dicha moneda en el mercado negro venezolano (única forma en que a duras penas se consigue) ha tenido un aumento preocupante en los últimos años, lógico es suponer que los bienes en general- y no solo ropa o juguetes- están sujetos a la variante de la moneda. Particularmente, porque lo que más preocupa a los comerciantes, es el valor de reposición de sus productos dependientes de la fluctuación de la moneda americana.

En el 2008, el dictador de Zimbabwe, Robert Mugabe, viendo como el país se le derretía de las manos por la altísima inflación (231.000.000% anual) y con un precio real de un dólar americano por 10.000.000.000 dólares zimbabuenses (según el Gobierno de Zimbabue) emitió un decreto prohibiendo la inflación. De igual forma, ordeno disminuir en un cincuenta por ciento (50%) todos los precios de la economía.

Esto no fue lo único que hizo Mugabe. Pensando que la economía podía manejarse mediante normas restrictivas ajenas a las realidades de los países, opto por ordenar acciones de control  de precios,  imprimir billetes de alta denominación en grandes cantidades, expropiación de tierras y su redistribución forzosa, control de divisas, entre otras medidas.  Con esto, la economía de Zimbabwe no solo no mejoro, sino que produjo una pavorosa escasez y un terrible endeudamiento externo.

Estas medidas aplicadas en el país africano no son muy distintas a las ejecutadas por los dos gobiernos bolivarianos que ha tenido Venezuela: control de la moneda americana desde hace 13 años, expropiación de tierras, decomiso de mercancía, cierre de locales comerciales, control de precios y limitación de las ganancias, nacionalización de empresas extranjeras.

Los resultados no se han hecho esperar:  una inflación catalogada como la más alta del mundo, y aun cuando el Banco Central de Venezuela no ha publicado los datos de inflación en lo que va del  año 2016, el Fondo Monetario Internacional  ha calculado que los precios crecerán al menos 500% este año.

En la práctica hemos visto como Venezuela se ha transformado, de un país petrolero prospero, orgullo de los venezolanos, a un país de mendigos en donde se suplica la ayuda internacional, no permitida por el Gobierno, para suplir la carencia brutal de alimentos y medicinas, y en general de todos los productos de primera necesidad.

A la inflación galopante que sufren los venezolanos, y a la escasez de los productos, ahora se le une la escasez de dinero en efectivo. Para combatir esto último, la solución del Presidente  Maduro no se hizo esperar: ordenar la emisión de  seis nuevas monedas y billetes de mayor denominación y la recolección del billete de mayor valor que había en el país, de 100 bolívares.

Para justificar la ausencia del dinero en efectivo, y la necesidad de recoger dichos billetes, el mandatario ha vuelto a su retórica sobre la existencia de una confabulación internacional con el objetivo de destruir la economía, ya moribunda, de Venezuela, y con esto intentar derrocar al régimen. Nada  ha mencionado Maduro sobre las verdaderas causas de la crisis económica, la cual, indistintamente de los bajos precios del petróleo, obedece a la consabida aplicación de un sistema marxista, destructor de la empresa privada y de los medios de producción, controlador de la economía y de la vida de los ciudadanos, y hambreador como mecanismo para crear una dependencia hipnótica hacia el Estado benefactor.

Es entendible que el gobernante se mantenga en silencio respecto a las razones de la debacle económica, pero al igual que ha sucedido con los dos casos iniciales narrados, salvo algunos analistas consultados por los medios, no ha habido ningún miembro de la oposición política venezolana que se haya atrevido a explicarle a los ciudadanos la verdadera realidad que los carcome. Mucho menos les han sido presentadas alternativas a la situación, o peor aún, hayan prestado su hombro para participar conjuntamente en las acciones de calle que espontáneamente se han venido produciendo en el país.

Nadie está pidiendo que los propios líderes se apresten a acciones de violencia, pero de no canalizarse lo que ocurre en las calles, la rabia e impotencia de los venezolanos terminará desbordando al país hasta llegar al caos y a la anarquía. Basta con ver los saqueos, destrucción de propiedad privada, quema de entidades bancarias, y hasta muertes por parte de los manifestantes hoy en día, para entender que la gente no está jugando, más aún en un país en donde las tradiciones, como la Navidad, son sagradas.

Frente a los sentimientos de los venezolanos, cansados de tanto abuso y de las interminables colas, a las  que se les agregan las que deben hacer ante los bancos, la única respuesta que consiguen son anuncios de discusiones políticas ante la Asamblea Nacional, o comunicados en donde la MUD aclara que se encuentra más unida que nunca.  Olvidan esos políticos que la moral política se afianza en el respeto a la dignidad humana, y que esta ni carece de plazos, ni adolece de amnesia.

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