POLITICA E INMIGRACION

¿SE PUEDE SER REPUBLICANO, DEMÓCRATA, LIBERAL Y UN POCO DE IZQUIERDA?

En enero de 1936 se publicó por primera vez “La Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero” de Sir John Maynard Keynes, obra considerada en la economía política como lo que los filósofos de la última modernidad llaman “un acontecimiento”, un parti-aguas en la historia de la Economía Política. Se podría decir que hasta la publicación de la Teoría General, como la conocen los economistas, se conocía lo que llamaremos “liberalismo I”, a partir de esa magna obra, podría decirse que la civilización occidental da un paso adelante hacia lo que llamaremos “liberalismo II”, tendencia conceptual que perdura hasta nuestros días, con lo cual nada puede hacernos pensar que perdurará “sine die”, y que en algún momento del Siglo XXI emergerá lo que la humanidad conocerá como “liberalismo III”.

Ese nuevo paso adelante se dará cuando un filósofo economista de un país atávico, atrasado, de cuyo nombre no quiero acordarme, ni del país ni del filósofo, publique su tesis doctoral en filosofía procedente de una universidad muy poco conocida.

La publicación de “La Teoría General” es un parti-aguas en el pensamiento liberal porque a partir de 1936 se generará un cambio radical en la concepción del Estado en la civilización occidental. Este último deja de ser un instrumento meramente administrativo para convertirse en un agente sumamente dinámico, tanto en la aceleración como en la compensación de la vida económica de una sociedad moderna.

Las sociedades liberales modernas se sostienen sobre la base de tres principios básicos: la igualdad, la justicia y la libertad. Como bien lo dijo Giorgio Agamben en el prólogo de “Democracia en Suspenso”, “el sistema político occidental es producto de la fusión de dos elementos heterogéneos que mutuamente se legitiman y se dan consistencia: una racionalidad político-jurídica y una racionalidad económico-gubernamental, una forma de constitución y una forma de gobierno” (Giorgio Agamben, Democracia en Suspenso, prólogo, pp.14).

La igualdad y la justicia son el soporte de la racionalidad política-jurídica; la libertad es el soporte de la racionalidad económico-gubernamental. Dar explicaciones adicionales de ¿por qué eso es así?, es de otro lugar.

Del 24 al 26 de agosto de 1938, tan sólo dos años y medio después de la publicación de “La Teoría General”, se reúnen en París, Francia, lo que se llamó “El Coloquio Walter Lippmann”. El coloquio fue convocado por un conjunto de economistas de pensamiento liberal para discutir la publicación de Lippmann, que se llamó: “La Ciudad Libre”.

Participaron en ese coloquio, entre otros, connotados pensadores, economistas, de tendencia liberal: franceses (Louis Rougier, Louis Boudin, Jacques Rueff, Roger Margelin, Raymond Aron – secretario del simposio, Marcel Bourgeois, Auguste Deetoeuf, Bernard Lavogne, Louis Marlio, Francoise Bilger); austríacos (Ludwig von Misses, Friedrich von Hayek); alemanes (Wilhelm Ropke, Franz Bohm, Adolf Lampe, Ludwig von Erhard, Alfred Muller Armack, Walter Eucken – fue impedido de participar por las autoridades del Tercer Reich alemán, al prohibírsele abandonar el país); ingleses (Leonel Robbins); italianos (Luigi Einaudi); incluyendo al propio Walter Lippmann (Estados Unidos).

El pensamiento liberal de entonces se encontraba sometido a un fuerte sacudón intelectual como consecuencia de la publicación del libro de Keynes a comienzos de 1936, “La Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero”.

Ese pensamiento liberal clásico pasó por el tamiz de grandes transformaciones, la primera, la disociación entre la economía de mercado, el principio económico de mercado, y el principio político del laissez-faire / laissez-passé; segundo, una nueva teoría de la competencia pura que garantizaba la regulación económica a través del mecanismo de los precios; y, tercero, el pensamiento liberal pasa a ser partidario de una política activa sin dirigismo, de esta manera el pensamiento liberal moderno se sitúa bajo el signo de una vigilancia, una actividad, una intervención económica permanente.

En ese coloquio, los participantes discutieron ampliamente la denominación que sería adecuada a esa nueva forma de pensamiento liberal que surge después de la publicación del libro de Keynes, “La Teoría General”.

Los debates fueron arduos porque no había unanimidad, el primer nombre fue propuesto por Louis Marlio, “sólo después de haber resuelto estas dos interrogantes previas [ 1) la decadencia del liberalismo al margen de cualquier intervención del Estado, ¿es inevitable como consecuencia de las leyes mismas de su propio desarrollo? y 2) ¿puede el liberalismo económico satisfacer las exigencias sociales de las masas?] podremos abordar las tareas propias de lo que es posible llamar liberalismo positivo” (Michel Foucault, El Nacimiento de la Biopolítica, pp.161, nota al pie de página n.15).

En una posterior intervención, el propio Louis Marlio refiriéndose a la intervención de Jacques Rueff, manifestó, “estoy de acuerdo con el Sr. Rueff, pero preferiría que no se utilizara la expresión liberalismo de izquierda […]” (Ibidem). Se refería el Sr. Marlio a la intervención previa de Jacques Rueff, “el texto del Sr. Lipmann sienta las bases de una política que, por mi parte, califico de política liberal del izquierda, porque tiende dar a las clases más indefensas el mayor bienestar posible” (Ibidem), agregando posteriormente el Sr. Louis Marlio, “pues no me parece justa y además que, en la hora actual, la izquierda tiene más o menos los mismos puntos de vista que la derecha […]. Me gustaría más que se diera a esta doctrina el nombre de liberalismo positivo, liberalismo social o neo-liberalismo, y no se recurriera al término izquierda que implica una posición política” (Ibidem).

He allí, para algunos ignorantes, de donde viene y las razones de ello, de la palabra “neo-liberalismo”.

Todo esto viene al caso con relación al libro de texto publicado por Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, “Hegemonía y Estrategia Socialista”, donde de una manera bizarra, extraña, indecorosa, después de haber demolido hasta sus cimientos las categorías filosóficas del marxismo que ellos llaman ortodoxo (Capítulos I, II, III), pretenden construir un pensamiento de izquierda sustitutivo de lo que demolieron hasta su desaparición con argumentos prestados del pensamiento liberal: el individualismo, la autonomía de la persona humana, la inescrutabilidad de la interioridad de la consciencia, el orden espontáneo, la regulación del orden espontáneo por el mecanismo de los precios, la competencia, y para terminar la lista de alguna manera, “el liberalismo de izquierda”.

Polo Casanova
polo.casanova.olivo@gmail.com
Aragua- Venezuela

http://elrepublicanoliberal.com/2016/12/26/polo-casanova-se-puede-ser-republicano-democrata-liberal-y-un-poco-de-izquierda/

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