CUBA

La mentalidad de un revolucionario cubano

Por Germán Piniella  (Progreso Semanal)

Foto: Elio Delgado Valdés

HAVANA TIMES — Como joven cubano, sufrí en carne propia la dictadura de Batista.

Como joven cubano, me sumé al deslumbramiento generalizado del 1 de enero de 1959.

Como joven, acepté la justicia de las leyes revolucionarias que pusieron de cabeza al país.

Supe que, debido a mi extracción social, a partir de aquellos momentos yo iba a tener menos.

Comprendí, por mi formación jesuita reforzada por las enseñanzas martianas, que no eran necesarias las posesiones superfluas y sí lo eran compartir y entregarse.

Recibí ofertas de trabajo del extranjero y, como joven patriota, no las acepté.

Como joven patriota, me sumé a todas las epopeyas (las mayores y las mínimas) a las que se convocó a mi generación.

Como joven patriota, renuncié a una vocación personal por otra vocación social mayor.

Por algunas de las razones anteriores, y por tratar de ser consecuente con ellas sufrí, junto a otros compañeros, la incomprensión de la burocracia y de algún que otro oportunista.

Por rebelarnos contra esa incomprensión, sufrimos duras sanciones a nombre de la revolución.

Por saber que no éramos más importantes que el país, seguimos viviendo sancionados y con las mismas convicciones.

Nuevamente, como joven patriota renuncié a otra vocación personal por otra vocación patriótica mayor.

Foto: Elio Delgado Valdés

Como millones de jóvenes cubanos, renuncié a vacaciones para cortar caña, recoger papa, limpiar campos de boniato, hacer trabajo de estibador en los muelles, limpiar mierda en vaquerías (extrañamente, algunas de las tareas que me impusieron como sanción).

Ya no tan joven, presencié con pena cómo antiguos compañeros, algunos de importantes batallas, abandonaban el país. Creían que sus metas personales eran más importantes que el sueño.

Pero también presencié cómo antiguos compañeros, de batallas importantes y menores, a pesar de que algunos los consideran ilusos o anticuados, siguen siendo jóvenes persiguiendo una elusiva Utopía.

Al llegar una edad en que muchos justifican dejar atrás el sacrificio, me negué a envejecer y a aceptar el cinismo o el descreimiento como faro. Sigo buscando, porque la búsqueda es una forma del encuentro.

Este no es un resumen autobiográfico: es el breve recuento de la vida de millones de mis hermanos.

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