COMUNISMO CUBANO, «BARRERAS DE HORROR» Y PSICOLOGIA SOCIAL

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por Gonzalo Guimaraens

La causa de la libertad de Cuba se depara en este momento con la necesidad imperiosa de revitalizar, en las fibras de la opinión pública norteamericana e internacional, el natural horror que el sistema comunista despierta en las personas de bien. Esta acción revitalizadora es indispensable para contrarrestar la acción anestesiante de poderosos medios de comunicación social que intentan minimizar el drama de Cuba y desmontar así esas saludables «barreras de horror» en relación al comunismo. Los defensores de la libertad de Cuba, para alcanzar su objetivo, cuentan como su más poderosa arma con la denuncia de las clamorosas injusticias que ocurren a diario, desde hace cuatro largas décadas, en la isla-cárcel.

La aplicación de técnicas de psicología social y de psicología experimental para mantener inerte y aterrorizada a la población cubana es uno de los puntos menos abordados pero, sin embargo, más eficaces para mostrar la cruel naturaleza del comunismo cubano. En ese sentido, existe un valioso testimonio de los últimos meses que no debemos dejar caer en el olvido pues sirve para ilustrar, ante una opinión pública somnolienta, esa naturaleza perversa del régimen de la isla. Se trata de la denuncia sobre la «eficacia diabólica» del comunismo cubano en el dominio de la población, efectuada por un grupo de sacerdotes de Santiago de Cuba y de otras diócesis de la región oriental de la isla. Aseveran ellos que se ha estado usando la psicología social o psicosociología para provocar en los cubanos el «síndrome de desesperanza inducida» o de «indefensión aprendida», que les hace tener la falsa impresión de que la realidad totalitaria es una situación monolítica, sin salida y sin posibilidad de cambio.

Para ilustrar cómo se llega a esa situación artificial de parálisis psicológica, el documento de los referidos sacerdotes cita un ejemplo de psicología experimental, que remonta a la época de las pruebas de Pavlov, efectuado con dos grupos de perros; y muestra a continuación cómo el sistema totalitario cubano se ha inspirado en ese tipo de experimentos para aplicarlos a los seres humanos de una nación entera.

En una primera etapa, un grupo de perros es sometido a una situación altamente angustiosa, sin posibilidad alguna de salida a pesar de sus desesperados esfuerzos: «Los animales sometidos a este experimento, hicieran lo que hicieran, recibían unas descargas eléctricas y no podían salir de las jaulas en las que estaban encerrados». Otro grupo, sometido a una situación similar de tensión, «podía, en cambio, accionando mecanismos a su alcance, salir del lugar de tortura, cosa que acababan logrando después de los consiguientes tanteos».

En una segunda etapa, «cuando se sometía a los animales de ambos grupos a una nueva situación, con posibilidad de salida para ambos grupos, los del primero se resignaban a su suerte, sin ni siquiera intentar encontrar una salida a su situación, aunque ésta estaba a su alcance. Los del segundo grupo, en cambio, lograban encontrar la nueva puerta de escape de su lugar de tortura».

Análogamente, cuando grupos humanos permanecen durante mucho tiempo en una coyuntura aparentemente sin salida y, por eso mismo, altamente frustrante, se origina aquello que el documento de los valientes sacerdotes cubanos denomina «síndrome de indefensión aprendida», un mecanismo clave para explicar la apatía y depresión de la gente bajo un régimen totalitario. Estamos en presencia de métodos de organización y control que echan mano de los más modernos artificios de la psicología para implantar en Cuba un «sistema de terror físico o psíquico», mantenido a través del «estudio constante de los estados de ánimo y de opinión de la población». No en vano las altas esferas del régimen mantienen la máxima reserva sobre estos instrumentos de control que, como declaró el exiliado General del Pino, son manejados a través de equipos altamente especializados de psicólogos y sociólogos, configurando un sistema represivo que «supera al horror de la hipotética Oceanía de Orwell».

Este documento de los referidos sacerdotes cubanos tiene el valor de denunciar que Cuba comunista es un gigantesco laboratorio experimental de psicología social, donde los seres humanos son tratados como si fueran animales. Es un tema que poquísimos especialistas de la realidad cubana han abordado, a pesar de que su importancia no podía ser mayor para desvendar los secretos más íntimos del poder comunista, los cuales pueden transformarse en su «talón de Aquiles» en la medida en que se tornan de público conocimiento (cfr. «Comunismo cubano y ‘control social’» y «Cuba: movilizaciones de masas y ‘control social’», DIARIO LAS AMÉRICAS, Oct. 13, 1999 y Enero 18, 2000). Es este un tema clave que los recientes informes condenatorios del régimen cubano redactados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y por entidades como «Human Rights Watch» lamentablemente no abordan y ni siquiera insinúan su existencia.

El más efectivo y auténtico bloqueo externo contra el régimen cubano es reerguir en los países occidentales, con la mayor solidez posible, esas «barreras de horror» en relación al comunismo cubano. De ello depende el éxito de la batalla publicitaria por la libertad de Cuba, para que el niño Elián González no sea devuelto a la isla-cárcel y para ayudar a millones de Eliancitos actualmente en las garras del comunismo. El trabajo en sentido contrario, de insensibilización en relación al drama cubano, llevado a cabo por ciertos medios de comunicación social, no debe intimidarnos ni paralizarnos. Pues, aún contando con enormes recursos materiales, esa acción procastrista tiene un enorme componente de artificialidad al tratar de maquillar a toda costa una trágica e inocultable realidad. Y por ello, tarde o temprano le sucederá como ciertas anestesias que, aún aplicadas en dosis cada vez mayores, terminan perdiendo su efecto.

http://www.amigospais-guaracabuya.org/

imagen de http://es.123rf.com/

 

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Gonzalo Guimaraens

E-mail: GGuimaraens@altavista.net

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