09/22/2020

COMUNISMO CUBANO Y «CONTROL SOCIAL»

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Informes confidenciales del Departamento de Defensa de fines de la década del 60, que acaban de ser liberados en Washington para el conocimiento público, describen el llamado «Programa Cubano» como un conjunto de técnicas de interrogatorio, adoctrinamiento y torturas aplicado contra un grupo de 20 aviadores norteamericanos prisioneros en Vietnam, por militares presumiblemente cubanos. Esas técnicas usaban alternadamente métodos «blandos» y «duros» de adoctrinamiento, así como de violencia física y psicológica, con el objetivo de quebrar las voluntades de los cautivos, tratando de obtener la incondicional y permanente sumisión de éstos a sus captores

Tan ambicioso y deseado objetivo comunista -como es el de conseguir víctimas dominadas psicológicamente, de manera completa y duradera- hace conjeturar que los torturadores hayan efectuado esos experimentos teniendo en vista la ulterior aplicación de técnicas de laboratorio similares, en mayor escala y con las debidas adaptaciones, a grupos sociales más vastos e inclusive a naciones enteras.

En el caso de Cuba comunista, no cabe duda que ha habido una aplicación sistemática y maquiavélicamente estudiada de mecanismos psicológico-represivos contra la población, lo que explica en cierta medida la prolongación en la isla cárcel, durante décadas, de un sistema tan antinatural y que suscita tantas repulsas como lo es el comunista. Si en Cuba la revolución fracasó en sus intentos de crear un «hombre nuevo» por medio del adoctrinamiento ideológico, ella consiguió indudables resultados en el plano del control social a través de la inoculación del terror.

El general exiliado Rafael del Pino ha revelado que el régimen comunista cuenta con «un equipo de sociólogos y psicólogos que miden y analizan constantemente la situación interna del país». Cuando son detectados movimientos de insatisfacción y descontento, capaces de alcanzar niveles próximos a la explosión social, ese equipo sugiere la apertura de diversas «válvulas de seguridad», que combinan dosis adecuadas de violencia y propaganda de manera a aniquilar a los recalcitrantes y descomprimir la tensión social. Del Pino llegó a afirmar que a través de esos procedimientos el Estado policíaco cubano ha conseguido penetrar «incluso en las esferas más íntimas de los sentimientos humanos», inoculando un «miedo terrible» en la mayoría de los cubanos y configurando una tragedia que «supera al horror de la hipotética Oceanía de George Orwell».

En un estudio coordinado por la investigadora Helga Silva, sobre el comportamiento de 15.000 niños que en 1980 huyeron de Cuba por el Mariel, se constató que también ellos, y no sólo sus padres, habían sido condicionados a guiarse por padrones de comportamiento basados en esa «disciplina del terror».

El sociólogo cubano-americano Dr. Benigno Aguirre, de la Universidad de Texas, ha sido uno de los pioneros en el análisis de las técnicas de laboratorio castristas para efectuar la «manipulación del comportamiento colectivo» y obtener el «control social» de los cubanos. Dicho académico ha producido a ese respecto escritos teórico-prácticos que por la gravedad de sus constataciones merecerían una mayor divulgación internacional.

La tendencia de muchos informes recientes sobre la situación de los llamados «derechos humanos» en Cuba ha sido la de ir restringiendo su campo de observación y denuncia a los casos protuberantes, como los relacionados con la situación de presos políticos u opositores más conocidos. Con lo cual, aún sin quererlo, se va relegando a un segundo plano la grave cuestión central: es una nación entera que está esclavizada desde hace cuarenta años. Por ello, la causa de la libertad de Cuba obtendría un renovado efecto vivificador si se introdujera en la agenda de denuncias esa cruel y sistemática aplicación, por parte del régimen comunista, de mecanismos psicopolíticos de control del comportamiento colectivo, que constituyen la principal arma castrista para mantener la opresión en la isla cárcel.

Un instrumental adecuado para desvendar este delicado tema de la manipulación colectiva del pueblo cubano, es el que otorga la psicología social, en relación a la cual el régimen comunista ha mostrado un vivo interés, aunque lleno de discreción. Esa discreción se explica, pues ciertas reglas de la psicología social -conocidas y manejadas por especialistas del régimen- contribuyen decisivamente para obtener el control de la población. Sin esos recursos psicológicos, el comunismo cubano, aún cuando poseyera las armas de fuego más sofisticadas, no habría conseguido subyugar durante tanto tiempo al pueblo cubano.

En las actas de un simposio efectuado en la Escuela Superior del Partido Comunista de Cuba -publicadas por la Editora Política, de La Habana, y destinadas al adiestramiento de los cuadros dirigentes de la «esfera ideológica» del Partido- se reconoce la «extraordinaria ayuda» de la psicología social marxista para moldear y controlar la «personalidad socialista» a través de diversos «métodos de influencia sociopsicológicos», entre los cuales está no sólo la «persuasión» sino inclusive la «sugestión» (tomada en cuanto acción de sugestionar a individuos y grupos sociales).

Desenmascarar al régimen en este terreno neurálgico contribuiría sin duda para colocar la tragedia cubana, ante la opinión pública mundial, en su real dimensión «orwelliana»; al tiempo que, indirectamente, ayudaría a quebrar las tenazas psicológicas que oprimen a nuestros hermanos cubanos de la isla.

 

FIN

Gonzalo Guimaraens

Diario Las Americas
Edición del 21 de Septiembre, 1999

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