LA MASONERIA CUBANA EN LA REPUBLICA (PARTE I)

Gran Templo Masonico antiguo

Al concluir el coloniaje español comenzó una nueva etapa, en la que primero intentó poner orden en sus asuntos internos, y después buscar una proyección de futuro.

En un artículo de la revista La Gran Logia (junio de 1900), se definía la línea principal del trabajo que se proponían realizar los masones para contribuir a la recuperación del país: “…La misión de la Masonería ha de ser puramente de consejo, su potencia directa no alcanza más que a sus miembros; su esfera de acción en la sociedad no puede ir, como auxiliar, más allá de la educación y la beneficencia”.

Los masones marcaron su impronta en la Constitución de 1901, en particular sus ideas de enseñanza laica y gratuita, libertades del individuo, división del estado en tres poderes y estado laico.

Durante la primera ocupación norteamericana y los primeros años de República, la masonería creció de manera considerable, tanto en miembros de la hermandad como en el total de logias. También algunos de sus miembros principales ocuparon posiciones políticas destacadas: el recién electo Gran Maestro de la Gran Logia, Juan Bautista Hernández Barreiro, fue Ministro de Instrucción Pública y de Justicia; el mencionado Miguel Gener fue un integrante destacado del Partido Autonomista, y llegó a ser alcalde de La Habana; Erasmo Regüeiferos, Gran Orador de la Logia Oriente, fue Senador de la República; Enrique José Varona fue  Secretario de Hacienda, Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, presidente del Partido Conservador y vicepresidente de la República; José Miguel Gómez fue Presidente de la República

En su número del 1 de octubre 1908 la revista quincenal La Gran Logia presentó en su portada a dos masones que aspiraban respectivamente a la Presidencia de la República por el Partido Liberal (José Miguel Gómez) y a la Vicepresidencia por el Partido Conservador (Rafael Montoro); una muestra del interés de la hermandad en la política, a pesar de sus normas en contrario. Es de suponer que en las tenidas de entonces algo de política se discutía.

También existieron pronunciamientos oficiales que mostraban preocupación por la intervención americana. En el número 20 su director, Aurelio Miranda, recomienda que se vote por la candidatura del Gran Maestro Francisco Sánchez Curbelo, para Representante a la Cámara del Congreso.

Una de las mayores dificultades que debía superar la masonería era la falta de recursos; la institución se dedicó a crear condiciones decorosas para sus instalaciones y emprendió variadas obras.

Asilo Nacion Masonico Enrique LLansó

En 1917, gracias a gestiones iniciadas por Enrique Llansó, Soberano Gran Comendador de 1926 a 1932,  los masones salvaron de la quiebra el asilo de niños y ancianos La Misericordia, que hoy subsiste con el nombre de Hogar Nacional Masónico Llansó, muy conocido en Cuba.

También respaldaron la Casa de Beneficencia de Matanzas y el Asilo para niños José María Casal, y crearon el Auxilio Masónico, para ayudar a los familiares de masones fallecidos, que también subsiste. Fundaron instituciones como el Zapato Escolar y el Traje Masónico —ambas con el objetivo de ayudar a las escuelas públicas y a las familias de escasos recursos—, la Escuela Nacional Masónica, para niños huérfanos de padres masones, y la Universidad Masónica José Martí, todas encaminadas a cooperar con la educación en el país.

También se organizó, en 1936, la Asociación de Jóvenes Esperanzas de la Fraternidad (AJEF), con el propósito de velar por el desarrollo moral, físico e intelectual de los jóvenes.

Pronto la AJEF se difundió hacia México gracias al intercambio deportivo que sostenían entonces  ambos países. La gran popularidad de que gozaba entre los jóvenes mexicanos el mejor pelotero cubano de la época (y para muchos, el mejor de cualquier país y de todos los tiempos), el masón Martín Dihígo, permitió conformar logias AJEF en Veracruz, Campeche, Chiapas y Tabasco (Martínez Moreno, 2008). Hoy en día existen talleres de la AJEF en otros países latinoamericanos. No en Cuba.

Tomado del libro

EL GADU Y LOS COMANDANTES (REVOLUCIÓN CUBANA Y MASONERÍA)

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