Manejar el estrés

El estrés es un estado de activación que nos ayuda y empuja a afrontar una amenaza, ya sea mediante la huida o a través de la lucha. Un nivel de estrés moderado puede ser positivo, porque aumenta tu motivación y tu energía para afrontar las diversas tareas o retos diarios. Sin embargo, cuando el estrés es excesivo puede resultar dañino.

Ante una situación que se percibe como amenazante, ya sea real o imaginada, tu cuerpo reacciona liberando determinadas hormonas como el cortisol o la adrenalina, que producen un efecto de activación en tu cuerpo: tu corazón late más deprisa, la presión arterial aumenta, la respiración se acelera, los músculos se tensan y aumenta tu nivel de energía.

Al mismo tiempo, se inhibe el funcionamiento de determinados sistemas que no son necesarios en ese momento para luchar o huir, como el sistema inmunitario o el aparato digestivo. Este estado de activación/desactivación de ciertos sistemas corporales puede acabar enfermándote cuando se prolonga en el tiempo.

El estrés es un estado de activación que nos ayuda y empuja a afrontar una amenaza, ya sea mediante la huida o a través de la lucha. Un nivel de estrés moderado puede ser positivo, porque aumenta tu motivación y tu energía para afrontar las diversas tareas o retos diarios. Sin embargo, cuando el estrés es excesivo puede resultar dañino.
Ante una situación que se percibe como amenazante, ya sea real o imaginada, tu cuerpo reacciona liberando determinadas hormonas como el cortisol o la adrenalina, que producen un efecto de activación en tu cuerpo: tu corazón late más deprisa, la presión arterial aumenta, la respiración se acelera, los músculos se tensan y aumenta tu nivel de energía.

Al mismo tiempo, se inhibe el funcionamiento de determinados sistemas que no son necesarios en ese momento para luchar o huir, como el sistema inmunitario o el aparato digestivo. Este estado de activación/desactivación de ciertos sistemas corporales puede acabar enfermándote cuando se prolonga en el tiempo.

El estrés empieza en tu cabeza

Aunque hay situaciones que son estresantes para casi todas las personas, como un terremoto o una inundación, otras muchas situaciones resultan más o menso estresantes según cómo las interpretes. Por ejemplo, hablar en público puede resultar estresante para muchas personas, pero para otras puede ser una experiencia agradable y con la que disfrutan.

El nivel de estrés que haya en tu vida dependerá de varios factores:

  • La situación estresante en sí misma. Por ejemplo, un horario de trabajo muy apretado.
  • Tu modo de interpretar dicha situación. Si tiendes a interpretar como amenazantes situaciones que, en principio, son neutras, sentirás mucho más estrés, al igual que si interpretas las situaciones moderadamente amenazantes como terribles amenazas insoportables.
  • Tu capacidad para afrontarla y lo capaz que te creas de hacerlo. Son dos aspectos distintos, puesto que a veces una persona puede ser perfectamente capaz de hacer algo, pero aún así teme no hacerlo bien o considera que no será capaz, de manera que su nivel de estrés aumenta.
  • Tus habilidades y conocimientos. Por ejemplo, si para afrontar una determinada situación necesitas tener ciertas habilidades y conocimientos de los que careces, el estrés será mayor
  • Tu grado de familiaridad con la situación. A algunas personas les resulta más estresante lo desconocido. Son las personas que, por ejemplo, antes de viajar, procuran informase del lugar al que van, tener reserva de hotel de antemano, mapas de la zona, etc., porque saben que si no lo hacen, les resultará demasiado estresante.
  • Tu actitud. Las personas optimistas, con sentido del humor, que no temen a los retos y que esperan resultados positivos, afrontan mejor los reveses de la vida, consideran que la adversidad forma parte de ella y saben aceptarla, al tiempo que se centran en lo positivo que hay en sus vidas más que en lo negativo. Por tanto, sienten menos estrés.
  • Tu capacidad para controlar tus emociones. Si sabes cómo consolarte a ti mismo y cómo manejar emociones intensas y calmarte, sufrirás menos estrés que si te dejas llevar por ellas.

Así pues, si tienes en cuenta todos estos factores, te será más fácil controlar el nivel de estrés que hay en tu vida, puesto que podrás conocer mejor las causas del estrés y tomar medidas como modificar tu pensamiento (tus interpretaciones no realistas), adquirir ciertos conocimientos, mejorar tus habilidades, informarte, etc. Es decir, controlando tu ambiente, controlas tu nivel de estrés.

Efectos del estrés crónico

El estrés crónico puede alterar el funcionamiento de tu organismo, provocando dolor, problemas de corazón, problemas digestivos, depresión, problemas de sueño, enfermedades autoinmunes, obesidad, infertilidad, problemas de piel (como eczema, urticaria, etc.). Además, te vuelve más vulnerable a los trastornos de ansiedad y depresión.

  • Tu grado de familiaridad con la situación. A algunas personas les resulta más estresante lo desconocido. Son las personas que, por ejemplo, antes de viajar, procuran informase del lugar al que van, tener reserva de hotel de antemano, mapas de la zona, etc., porque saben que si no lo hacen, les resultará demasiado estresante.
  • Tu actitud. Las personas optimistas, con sentido del humor, que no temen a los retos y que esperan resultados positivos, afrontan mejor los reveses de la vida, consideran que la adversidad forma parte de ella y saben aceptarla, al tiempo que se centran en lo positivo que hay en sus vidas más que en lo negativo. Por tanto, sienten menos estrés.
  • Tu capacidad para controlar tus emociones. Si sabes cómo consolarte a ti mismo y cómo manejar emociones intensas y calmarte, sufrirás menos estrés que si te dejas llevar por ellas.

Así pues, si tienes en cuenta todos estos factores, te será más fácil controlar el nivel de estrés que hay en tu vida, puesto que podrás conocer mejor las causas del estrés y tomar medidas como modificar tu pensamiento (tus interpretaciones no realistas), adquirir ciertos conocimientos, mejorar tus habilidades, informarte, etc. Es decir, controlando tu ambiente, controlas tu nivel de estrés.

Efectos del estrés crónico

El estrés crónico puede alterar el funcionamiento de tu organismo, provocando dolor, problemas de corazón, problemas digestivos, depresión, problemas de sueño, enfermedades autoinmunes, obesidad, infertilidad, problemas de piel (como eczema, urticaria, etc.). Además, te vuelve más vulnerable a los trastornos de ansiedad y depresión.

http://motivacion.about.com/

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