Primero de Mayo en Cuba: ¡No al compromiso!

Isbel Díaz Torres

Foto/archivo: Juan Suárez

HAVANA TIMES – Una Cuba sin Fidel y un Raúl Castro que nadie sabe qué hace durante meses, se prepara para el desfile del Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores. La arremetida de los medios oficialistas es como de costumbre, abrumadora, repleta de frases vacías, descontextualizadas, altisonantes pero sin sustancia. Aburre y desespera.

En la plaza, un batallón de jóvenes militares vestidos de civil, y dirigidos por viejos militares vestidos de uniforme, ensayan monótonamente una y otra vez cómo subir y bajar las pañoletas rojas al compás de la Guantanamera.

Ya mis vecinas y la gente en la guagua comienzan a hacer los irónicos chistes de siempre “Oye, espérame pa ir juntos al desfile…”, “Si ves a alguien con un pulover (camiseta) rojo, ese soy yo…”, “Nos encontramos donde mismo lo hicimos el año pasado…”, y así, siempre aludiendo a estrategias para evadir la censura de los patronos, que promueven hojas de firmas de compromiso y otras anticuadas.

Es cierto que los trabajadores cubanos, a pesar de no compartir un real espíritu de clase, tendrían sobradas razones para plantar demandas en pleno desfile: salario paupérrimo, no derecho a huelga, no derecho a Contrato Colectivo de Trabajo en el sector privado, no derecho a libre sindicalización, no participación en la toma de decisiones de las empresas, y muchas más.

Pero no harán más que lo mismo de siempre: caminar con las pancartas y colores orientados, decir las consignas que se le ocurra al delirante orador de turno, saltar enardecidos ante cualquier cámara de TV, y vigilar de qué manera pueden escapar por las calles laterales a la avenida Paseo, para no sufrir una caminata que no tiene ningún propósito.

Sin embargo, una Cuba cambiante, como la que tenemos hoy, necesitaría de una postura un poco más activa suspicaz por parte de la gente, si no queremos que los empoderados vendan el país poco a poco.

La compañía Bouygues Batiment Internacional (segunda en la lista de mayores empresas privadas de Francia), además de ganar la concesión para modernizar y gestionar el Aeropuerto Internacional José Martí, contrató centenares de albañiles y especialistas de la construcción de la India (en vez de cubanos) con el fin de terminar el Hotel Manzana de Gómez.

El costo de cada empleado indio no calificado rondó los 1600 dólares mensuales (3.4 veces el salario promedio de su país, y más de 40 veces el salario promedio en Cuba).

Quizás los constructores indios marcharán este 1º de Mayo llenos de alegría, pero ¿no sería esa discriminación una razón suficiente para los cubanos protestar en la Plaza?

¿Por qué los militares del Grupo de Turismo Gaviota cedieron a las presiones de los franceses? ¿Será porque ellos, junto a la Cadena Hotelera Internacional Kempinski, son quienes sacarán dividendos de este hotel de lujo?

Pero las concesiones no se detienen ahí. De acuerdo con declaraciones que obtuve de una funcionaria de Puerto Carenas, el busto de Mella (sí, el joven cubano presuntamente asesinado  por los comunistas en México), recientemente arrancado del centro de la Manzana de Gómez, también fue una exigencia de los inversionistas foráneos, que no desean mezclar política y negocios.

En fin, una Cuba cada vez más capitalista, más consumista, más discriminatoria, y más desideologizada, es por la que los trabajadores caminarán la mañana del Primero de Mayo.

La televisión cubana, en su tradicional manipulación, ha narrado los hechos de Chicago en 1886 omitiendo el carácter de las protestas, y diciendo que entre los testigos que ayudaron a la sentencia de los 8 luchadores obreros, había un anarquista.

Hoy se sabe que en aquel juicio tuvieron lugar infinidad de manipulaciones, amenazas y sobornos para que se dieran testimonios ridículos sobre conspiraciones; pero el gobierno cubano decide mencionar a un anarquista entre los traidores.

¡Qué bajo han caído los burócratas del Partido Comunista de Cuba!

No obstante, la historia es más fuerte. Dede 1885 volaban de mano en mano, entre los trabajadores de EE.UU., una octavilla que decía:

“¡Un día de rebelión, no de descanso! (…) Un día en que con tremenda fuerza la unidad del ejército de los trabajadores se moviliza contra los que hoy dominan el destino de los pueblos de toda nación. Un día de protesta contra la opresión y la tiranía, contra la ignorancia y la guerra de todo tipo. Un día en que comenzar a disfrutar ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso, ocho horas para lo que nos dé la gana”.

Hoy el gobierno cubano flexibiliza la jornada laboral y en su nuevo Código de Trabajo aprueba jornadas superiores a 8 horas, por la que murieron los mártires anarcosindicalistas de Chicago.

La víspera de aquel Primero de Mayo en EE.UU., el periódico anarquista Arbeiter Zeitung, dirigido por August Spies, publicó:

“¡Adelante con valor! El Conflicto ha comenzado. Un ejército de trabajadores asalariados está desocupado. El capitalismo esconde sus garras de tigre detrás de las murallas del orden. Obreros, que vuestra consigna sea: ¡No al compromiso!”

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