¿Por qué el Perú sigue cayendo en competitividad?

Economía peruana

 En diez años hemos perdido 20 puestos en competitividad en el ránking elaborado por IMD. Expertos consideran necesario abocarse a reformas estructurales para revertir la tendencia

En inversión extranjera hemos pasado del puesto 34 el 2008 al 44 para el 2017. En el 2013 ya estábamos en el 42. (Foto: El Comercio)

La caída en la competitividad del país no es algo pasajero, sino una tendencia recurrente en la última década. A dicha conclusión se llega luego de revisar el Ránking de Competitividad Mundial 2017 del International Institute for Management Development (IMD), publicado ayer, que ubica al Perú en el puesto 55 de 63 países, una posición menos que en el 2016 y 20 puestos más abajo de lo logrado en el 2008, cuando se estaba en el puesto 35.

El descenso experimentado en el Perú refleja una tendencia similar a la que presentan otros países latinoamericanos, pero es la más pronunciada y abarca todos los factores evaluados: desempeño macroeconómico, infraestructura, eficiencia del Gobierno y competitividad empresarial, detalló Luis del Carpio, catedrático de Centrum.

Si evaluamos la puntuación alcanzada en forma individual, notamos que en el último año hay una mejora de 5 puntos (de 56,20 a 60,98), pero eso no es suficiente al compararnos con otros países, como Chile que ganó 7 puntos. “No basta tener más puntos que el 2015, porque comparados con el resto estamos peor en todo. No hay aspecto en el que hayamos mejorado”, lamentó Del Carpio.

Los resultados de este índice coinciden con lo alcanzado en otras evaluaciones internacionales, como la del World Economic Forum (WEF). En dicho estudio, que evalúa 140 economías, el Perú presentaba una tendencia similar en la última década. O no avanzaba, o retrocedía cuatro puestos (2015), o se recuperaba, pero solo uno o dos lugares, como sucedió el año pasado.

La diferencia entre el reporte del WEF y el ránking del IMD está en la metodología empleada y la cantidad de países evaluados, pero son coincidentes en sus conclusiones: no avanzamos todo lo que deberíamos en competitividad.

Para el ex viceministro de Economía Enzo Defilippi, es claro que, más allá de si se trata de uno u otro estudio, la realidad es que falta mucho por mejorar. Los problemas, aseguró, son evidentes: no estamos avanzando en institucionalidad, la informalidad es imperante y se mantiene o acrecienta el déficit en infraestructura.

La foto empeora cuando se observa el Ránking de Competitividad Digital Mundial 2017 del IMD, en donde el Perú se ubica en el puesto 62 de 63 economías evaluadas, mientras que Colombia está en el puesto 58 y Chile, en el 40.

REFORMA PENDIENTE
En términos de competitividad, la agenda pendiente es enorme y va mucho más allá de emitir decretos legislativos para lograr la simplificación administrativa, acotó Diego Macera, gerente general del Instituto Peruano de Economía (IPE). “Se necesitan grandes reformas, estructurales, profundas”, recalcó.

Lo que viene haciendo el Gobierno para reducir la burocracia es muy bueno y va en la línea correcta, afirmó Del Carpio, pero ataca solo una parte del desafío. El problema como país es estructural y requiere un planteamiento de cambios por aplicarse a largo plazo, completó.

“Necesitamos salir de pequeñas discusiones por intereses políticos para sentarnos a dialogar y ponernos de acuerdo en cómo hacer esas grandes reformas estatales que urgen aplicar. Es hora de buscar el consenso entre las distintas fuerzas políticas, la empresa y la sociedad”, enfatizó Macera.

APORTES
La agenda para resolver esta problemática se aplica tanto al sector público como al privado, coincidieron los economistas. El Estado necesita dar el ejemplo a los privados logrando ser eficiente en la gestión de las obras públicas, afirmó el economista Kurt Burneo, también docente de Centrum Católica. “¿Cómo recuperar la confianza y animar al privado a invertir si no ejecutamos primero las obras públicas?”, planteó.

Según Burneo, en lo inmediato hace falta mejorar la recaudación tributaria, pues su deterioro implica tener menos dinero para invertir, a lo cual se debe sumar una serie de incentivos para generar eficiencia en la gestión. Para lograrlo, no bastará con dejar de lado una reducción del IGV, añadió Defilippi, sino que será necesario incrementar los ingresos públicos reconsiderando exoneraciones tributarias o reformulando el Impuesto Predial.

En el ámbito privado, la gran tarea es revertir los deficientes niveles de productividad, agregó Ricardo Pino, de Centrum Católica. Solo el 20% de las empresas medianas y grandes del país cumple con certificaciones de calidad en los procesos como el ISO y apenas un 30% tiene implementado un sistema logístico adecuado. En otras palabras, son pocos los que cuentan con procesos que les permitirán ser eficientes.

A las empresas, dijo Pino, les hace falta salir de su “zona de confort”. Existen sectores como el de telecomunicaciones o el financiero en donde los altos niveles de competencia imperantes llevan a tener sistemas y procesos eficientes, pero hay muchos otros, sobre todo entre las pymes y el sector informal, en donde no se corrigen las grandes carencias. En dichos casos, propuso Pino, el Estado debería ser un aliado esencial con normas y políticas orientadas no solo a formalizar, sino a una reconversión completa.

http://elcomercio.pe/

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