Cuba se contagia de concursos televisivos

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Por Jose A. Rodríguez

Uno de las nuevas programas de concurso se llama Somos Familia.

HAVANA TIMES — Durante casi dos décadas, los programas de participación en la televisión cubana prácticamente desaparecieron, o no eran lo suficientemente atractivos visualmente (sorpresa XL, Revelación  TV, etc.) o no llamaban la atención por su contenido reduccionista (Encuentro con Clío).

Por una razón u otra, fueron quedando en el camino por el abuso de fórmulas anquilosadas y el conformismo de los propios realizadores, acomodados a hacer siempre lo más sencillo.

Sin embargo, poco a poco, paquete semanal mediante, han apelado a una visualidad más contemporánea, mejor utilización de luces y escenario y contenidos más “terrenales” para rescatar un género que siempre fue muy bien recibido por la familia cubana.

Todavía en la retina de los más viejos quedan imágenes de los concursos Todo el mundo canta, Buscando el sonero y Adolfo Guzmán, dedicados a detectar talentos musicales, Para bailar, en el que se premiaba el arte danzario, o ¿Quién sabe?, pensado para reconocer el conocimiento general.

Tímidamente comenzó hace ya más de un quinquenio La neurona intranquila, que mediante la mezcla de humor y conocimiento fue acercando a la gente a la pequeña pantalla, conminándolos a participar desde la sala de sus casas a base de una propuesta bien pensada desde el guión, aunque en sus comienzos pecaba igual de escaso vuelo en cuanto a visualidad.

La consolidación de ese proyecto hizo que los directivos pensaran en una variante de este para estudiantes de nivel medio (La neurona juvenil), y abrió el diapasón para otras modalidades.

La diferencia ahora es que en vez de reducir las propuestas al propio Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), confió en una empresa comercial como RTV para que refrescara la imagen de la parrilla televisiva.

Gracias a esta iniciativa, nada barata pero efectiva, la televisión cubana se ha apuntado importantes triunfos con Sonando en Cuba y Bailando en Cuba, que rindieron un digno homenaje a sus respectivos predecesores, aunque en principio se les criticó que se parecían demasiado a las variantes foráneas que existen actualmente en casi todo el mundo con diferentes nombres.

Lo que sucede ahora es que se ha producido una fiebre por estas propuestas, y surge una nueva versión de Sorpresa XL, igual de inefectiva desde el mismo horario en que fue colocada (sábados por la tarde, en un canal no tradicional), La Colmena TV y Somos familia, este último tan abarcador que no se sabe en definitiva cuál es su objetivo.

El de la colmena es dedicado a los niños, pero fue colocado en un horario estelar (viernes 8:30 de la noche), si bien cuenta con la visualidad adecuada y el talento indiscutible de los niños participantes, tanto en canto, baile, como actuación. Sin embargo, se vuelve reiterativo, y apenas van tres programas al aire, con las preguntas de los jurados (adultos) tratando de provocar respuestas simpáticas de los concursantes. En la mayoría de los casos eso fracasa, porque el niño ni siquiera entiende lo que le están preguntando, y ya todo pierde su gracia.

Del programa Colmena TV

En cuando a Somos familia, como el nombre lo indica participan familias que concursan lo mismo en conocimiento que en planchar la ropa o disparar a una portería.

Da la impresión de que vale cualquier prueba, sin importar si viene a cuento o no.

Se sabe que los programas de participación tienen un gran atractivo, pero su abuso puede llegar a cansar al televidente. Ahora mismo coexisten todos estos y desde el miércoles hasta el domingo siempre hay uno en horario estelar.

En sentido general, la conducción cumple con las normas para ese tipo de shows, y ya decíamos que la visualidad, los tiros de cámara, la edición y el sonido también son de nivel, pero se trata de lo mismo, con diferentes protagonistas.

Si malo es no tener ningún programa de este tipo, peor es sobrecargar la programación con ellos. Llega el momento que uno se aburre de tanto concursante, jurado y puntuación.

Por eso mi modesto reclamo a quienes toman las decisiones pertinentes es que no se olviden de lo más importante que debe existir en cualquier programación: BALANCE. Salvo los canales específicos de música, información, deportes o películas, los generales deben tener de todo en su justa medida, y no sobrecargarse de algo, como está ocurriendo con Cubavisión.

No hace falta explicar aquí que el aparato televisivo es objeto de culto en Cuba, donde salir a la calla, además de perforar notablemente cualquier bolsillo, es una invitación a la paciencia y capacidad de aguante, porque el maltrato, la poca calidad de los servicios y las violaciones de precio están a la orden del día.

Todo parece indicar que estamos solamente en una coyuntura por el verano, donde se supone que se busque lo más selecto, pero si esa es la idea de una televisión atractiva para la mayoría, me parece que nos estamos pasando un poco.

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