Ser honrado en la Cuba “revolucionaria” es un delito grave

Cortesía de Pedro Campos (pedrocampos313@yahoo.es). Septiembre 15, 2017 | | | 0  21  2

 Por Osmel Ramírez Álvarez
Foto: Silvana Galliano
HAVANA TIMES – Es peligroso en Cuba leer a Martí por cuenta propia, sin la “adaptación” marxista que hacen a sus escritos en el Centro de Estudios Martianos. Apropiarse de su ética, de sus valores morales y políticos, de su amor por Cuba, y de su pasión por la libertad y la democracia nos trae luego grandes problemas con el sistema.
Es que querer ser útil a tu Patria, querer ser libre y honrado en el sentido martiano, que es muy peculiar, constituye un acto disidente.
“Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía. (…). Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado. Un hombre que obedece a un mal gobierno, sin trabajar para que el gobierno sea bueno, no es un hombre honrado”. Así escribió en La Edad de Oro, en Tres Héroes.
Ese es el mensaje del Maestro para los niños, para que crezcan en la honradez y en el civismo, para que sean luego hombres y mujeres “ciudadanos”. Pero triunfó la Revolución Cubana e implantó el socialismo radical, donde Martí sobra o debe ser readaptado. Ideas como las anteriores pasan a ser parte de “lo mejor” del pensamiento burgués, innecesario o contraproducente en el contexto comunista.
Un periodista independiente en Cuba tan solo hace ejercicio de su derecho a la libre expresión, de su derecho a ser honrado. Un opositor al sistema político cubano, porque lo considere un mal gobierno, solo trata de ser honrado procurando mejorar ese gobierno. No lo digo yo, lo dijo Martí.
El mismo Apóstol, que según palabras de Fidel Castro lo motivó a combatir la dictadura de Batista, hoy motiva también a los que luchan por derrocar la dictadura de izquierda que él instauró en lugar de aquella, que era de derecha.
Foto: Silvana Galliano
En mis artículos publicados en Havana Times y en Diario de Cuba jamás calumnio a nadie, ni invento historias, ni pondero la realidad. Quien en esta profesión no se apega a la ética y a la verdad no es periodista, es un farsante. Y ¡cuántas historias dejo pasar con dolor solo porque al contarlas perjudicaría a las personas y no es ese mi objetivo!; aunque algunos lo merezcan.
Pero las autoridades políticas en Mayarí no valoran mi ética, ni el debate interesante que se forja a menudo con mis escritos. Tampoco agradecen que señale los problemas que afectan a nuestro territorio, solubles si hubiese voluntad política. Por el contrario, se sienten muy incómodos, preocupados y hasta dispuestos a evitar por cualquier medio sucio e ilegal, que continúe mi trabajo.
Aún no me detienen ni hacen nada directamente en mi contra, creo que debido a que gozo de gran prestigio social, ejerzo algún tipo de liderazgo natural en mi comunidad y me mantengo integrado con la gente en todo, hasta en lo que no comparto. Claro que sin ser hipócrita, solo con respeto y tolerancia.
Por eso, aunque no se cansan de propagar entre los factores revolucionario que soy un hombre negativo, o que soy agente de la CIA, o que soy un mercenario al servicio del imperio, nadie les cree y vienen a contármelo en tono burlesco.
A través de mi familia y varios vecinos, la Seguridad del Estado me ha hostigado y causa sufrimiento innecesario a mi esposa y padres. Amenazan que en breve me detendrán. La entrevista para Diario de Cuba a un candidato opositor mayaricero, Confesor Verdecia, provocó que él mismo fuera arrestado el sábado 9 del presente mes por dos horas. Además de intimidarlo para que abandone sus intenciones de postularse, (es decir, lo instan a que deje de ser honrado y ciudadano), le dieron un mensaje para mi persona.
Foto: Silvana Galliano
Es el siguiente: según la Seguridad del Estado hay 15 de mis artículos que constituyen delito y seré apresado por ello. Que solo me quedaban horas en la calle. Mencionaron mis trabajos sobre el precio injusto del tabaco, sobre el problema con los coches, sobre los baches en la vía pública y así por el estilo.
Por suerte ya han pasado cuatro días y todavía no me han detenido. Sería vergonzoso que lo hicieran, que fuera preso por ser honrado, por decir lo que pienso y tratar de mejorar desde mi humilde posición este mal gobierno que nos mantiene empobrecidos y detenidos en el tiempo, despojados del derecho a mejorarlo. Iría preso sin lugar a dudas por seguir a Martí y por dejar que sus ideas forjaran mi carácter y mis valores. Sería un preso de conciencia.
Pero no tengo otro camino que correr el riesgo. Por nada del mundo dejaré de ser un hombre honrado, aunque en la Cuba revolucionaria, esa que prometió libertad y progreso, constituya increíblemente un delito grave
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