El valor de la autoestima en la personalidad

Por: José Miguel Gómez. e-mail: j.gomez@hoy.com.do. Publicado el: 2 marzo, 2015
Cuando una persona tiene dificultad para sentirse bien consigo mismo, además de tener una actitud de inconformidad y se percibe como persona de poco valía, se habla de baja autoestima. La autoestima es la percepción sana y armónica que uno tiene de sí mismo, de su “yo” interior, de cómo nos valoramos, nos aceptamos, y qué tan conforme estoy con lo que soy, y con lo que he logrado. Cientos de personas viven derrotadas, con pensamientos negativos, no aceptan su color, su cuerpo, su pelo, su tamaño; sencillamente piensan que no se merecen nada bueno; se deprimen, se angustian; son seres inseguros, vulnerables; siendo incapaces de elegir una pareja o tener un amigo saludable, debido a su baja autoestima.

Sabemos que existen dos espacios donde se puede asesinar la autoestima: la familia y la escuela; si un niño o un adolescente viene de una familia donde siempre se le dice: “tarado”, “brutos”, “poquito”. “loco”, “tonto”, “estúpido”, “feo”, etc.; y socializan en una escuela donde existe una fila para los “brutos”, “indisciplinados”, “los problemáticos”, se les compara y se le dice “tú no aprende ni con electricidad”, etc. Es de seguro que ese niño o niña se va desarrollando con baja autoestima, con una pobre percepción de sus propias habilidades, de su sentido de utilidad y de su capacidad para competir socialmente.

Conocemos de adolescentes, jóvenes y adultos que debido a su baja autoestima tienen comportamientos de modelos influenciados negativamente, eligiendo amigos de alto riesgo psicosocial a través del grupo de pares; otros, entran al consumo de drogas, pandillerismo, relaciones sexuales tempranas, producto de su incapacidad de decir no, cuando hay que decir no, por temor a confrontar o perder sus amigos.

Una baja autoestima se convierte en una razón verdadera para que una persona termine creyendo que su felicidad está en manos de las demás, que el éxito depende de la aprobación o del consentimiento de los demás, que la existencia se construye para que uno sea martillo y el otro clavo, o para que uno sea carretilla y el otro la empuje. La baja autoestima paraliza las potencialidades de una persona. Se convierte en su trampa, le hace su víctima y lo encierra en sus propios temores, su mundo interior le recuerda tú no puedes, no debes, no te lo mereces, no lo vas a lograr, no mereces ser feliz; ese pensamiento recurrente, que le recuerda su pobre socialización de una infancia o una adolescencia donde fue excluido, ahora le lleva a aceptar humillaciones, maltratos, abusos, descalificaciones, pareja de alto riesgo social, amigos perversos y de conductas riesgosas. La baja autoestima es la causa de tanta gente que sufre, que aguanta y, sobre todo, que vive paralizada y sufrida emocionalmente, con depresión e insatisfecha.

Existen jóvenes que tienden a aislarse, o son inactivos, o de conducta social de bajo perfil, personalmente muy introvertidos desde su niñez, siendo descritos como tímidos; sin embargo, nadie pensaba en la baja autoestima. Pero también, determinadas conductas violentas en adolescentes y jóvenes tienen sus raíces en la vivencia de haber sufrido rechazos, maltratos, abandono, exclusión social, y suelen manifestarlos a través de conductas desadaptadas, de forma inconsciente, teniendo como causa la baja autoestima.

Como han podido reflexionar, ese bienestar armónico, entre sentimientos, emociones, afectos, y pensamientos traducidos a la felicidad, de vivir y ser como se es, habla de una sana autoestima. Solamente aquellos jóvenes de autoestima sana viven con la gratificación personal de saber elegir la construcción de su proyecto de vida con el coraje de la perseverancia, con la seguridad de creer en sí mismos, y de ser merecedores de las mejores intenciones. Esa autoestima sana se convierte en un ancla capaz de soportar cualquier circunstancia desagradable, desde un conflicto afectivo, hasta una crisis con los grupos de pares; desde una baja calificación, a una desavenencia familiar. En cada circunstancia, la sana autoestima fortalece la seguridad del joven en confiar en las sabias decisiones que ha de decidir. La autoestima hace la diferencia entre los que viven con ancla y los que viven sin ella. En la personalidad para lograr la realización, el bienestar y la felicidad se apuesta a la autoestima.

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