Elecciones auténticas o corrupta impunidad dictatorial

Jesús  Alexis González
Jesús Alexis González

El denominado fraude electoral, no debe asumirse como un concepto jurídico sino como una posición política dirigida a descalificar resultados. El evento del 15-O, es sin duda alguna, una reiteración de la inexactitud consciente que históricamente viene impulsando la cúpula dictatorial (22/22 eventos), en férrea complicidad con el CNE, con la finalidad de obtener beneficios políticos sin habérsele demostrado (desafortunadamente) algún fraude electrónico entendido como una alteración del software y los sistemas o una sustracción de datos y archivos; a la luz de haber conformado (para este y otros sectores) un perfil de inmoral corrupción materializada en una desatención al conjunto de normas, valores y creencias aceptadas en sociedad a efectos de servir de modelo de conducta y valoración para establecer lo que está bien o está mal.
La tiniebla inducida por la corrupción electoral, ha facilitado la instrumentación de “manera oculta” de acciones irregulares cometidas de forma consciente bajo la figura de la trampa, el engaño y la mentira que en su casi totalidad pocos llegamos a conocer estructuralmente ante la dificultad de encontrar pruebas ya que los actos vinculados con ese tipo de acción son muy complejos y profundos; los cuales se agudizan por la presencia de cooperadores fraudulentos quienes operan a sus anchas resguardados por una impunidad que les permite actuar sin reparos al estar suficientemente convencidos que no serán “castigados” debido a la existencia de arreglos de la dictadura con diversas esferas de control y poder, hasta convertirlos en “funcionarios públicos” para poner en práctica todo aquello que permita atentar contra los derechos políticos de los ciudadanos.
A tenor de lo expresado, emerge por diferencia el concepto de elección auténtica: El acto de elegir a los representantes debe ser auténtico, en el sentido que ha de existir una correspondencia entre la voluntad de los electores y el resultado de la elección; o lo que es lo mismo, implica la ausencia de interferencias que distorsionen la voluntad ciudadana. Es así entonces, que el fraude electoral debe ser considerado como la instrumentación clandestina de acciones tendentes a desviar la intención del voto ciudadano y por ende del potencial resultado electoral, las cuales se dificulta detectar habida cuenta de no existir un marco bibliográfico para estudiar la naturaleza de los delincuentes electorales quienes por obvias razones no dejan un rastro de prueba incriminatoria ni mucho menos (y perdóneseme la ironía) han escrito un “Manual para fraudes electorales exitosos” que pueda ser utilizado para un aprendizaje precautelar (tomar por adelantado las medidas necesarias para proteger algo de un daño, un riesgo o un peligro). Sea pertinente acotar, con la mirada puesta en el horizonte nacional, que la perturbadora realidad referenciada no valida al fraude como ¡empíricamente (algo que está basado en la práctica, la experiencia y en la observación de los hechos) inextricable! (algo difícil de desenredar o aclarar); y muy por el contrario la factibilidad de enfrentarlo con viabilidad de logro pasa por la instauración de un contexto ciudadano-partidista colaborativo, asumido con posterioridad a la renuncia en ambos actores de sus los intereses soterrados de tipo personal e institucional en pro de colocar a Venezuela en el vértice de nuestra pirámide conductual, desde donde podemos iniciar, cara a futuros eventos electorales, la conformación de una metodología que permita detectar y documentar las intenciones de manipulación de datos en un escenario de “Mesa electoral oculta” (hacen más que lo establecido explícitamente en la Ley Electoral) donde se traspasa la delgada línea entre actos fraudulentos y los actos moralmente reprobables, censurables y reprochables (coerción de electores, adulteración de las Actas rellenando con votos a favor de la dictadura, violación de procedimientos, reubicación de electores horas antes del evento, apertura retrasada de las Mesas, hostigamiento a los miembros de Mesa no afectos a la dictadura, y un largo etcétera).
Es claro, que los cooperantes fraudulentos intentan desarrollar su denigrante actuación en situaciones claves del proceso, en mucho facilitado cuando no están presentes los Miembros de Mesa opuestos a la dictadura; tal como al momento de la instalación cuando ha de suscribirse el Acta de iniciación en cero equivalente a un “escrutinio de inicio” para verificar que las maquinas no contienen datos (dicha Acta se adjunta en el denominado “sobre uno”); e igualmente cuando se realiza el Escrutinio Nominal generando el denominado “chorizo” contentivo de los resultados auténticos donde ha de quedar plasmado la coincidencia obligatoria entre el cuaderno de votación de electores y el número de votantes registrados. Es de importancia resaltar, que una copia del “chorizo” le debe ser entregada a los distintos representantes de las organizaciones sociales con fines políticos ¡de estar presentes! Es de perogrullo expresar, lo nefasto que resulta para la sanidad del proceso electoral el incumplimiento por parte del binomio ciudadanos- partidos políticos de su obligante participación en el control del de dicho proceso, tal como lo estableció la Comisión Interamericana de Derechos Humanos al calificar esa participación como una garantía fundamental para la efectiva protección del derecho al sufragio; dejando implícitamente sentado que ¡sin la participación ciudadana muy poco se alcanza! A esta altura de la argumentación, nos resulta penoso pero transparente afirmar que la dictadura supo propiciar cara al 15-O una abstención de doble entrada: como votantes y como miembros de mesa; a lo cual debe añadirse que con la extensión del horario de votación (incluidas las mesas sin votantes) ordenada por el cooperante mayor (léase CNE) se induce el natural abandono de los representantes presentes en las áreas menos favorecidas socialmente (hacia donde la reubicación fue significativa) ante las condiciones de inseguridad reinantes (tanto reales como inducidas), como condición del inicio de la “hora loca” que usualmente se mantiene hasta la cadena nacional cuando se anuncian las “tendencias irreversibles” siempre favorables a la dictadura.
Reflexión final: Hemos de evitar caer en una concepción legalista del “fraude electoral” lo cual en cualquier caso favorece a la dictadura habida cuenta de la dificultad de su demostración; y en su lugar debemos los ciudadanos evitar el hacer uso de la “externalidad MUD” como foco único de culpabilidad (a todas luces perfectible), lo cual les facilita abstraerse de su corresponsabilidad en la conformación de una percepción de desesperanza. Venezuela requiere del apoyo del pueblo y de una sincera actuación de los partidos políticos para restablecer la democracia.

Economista Jesús Alexis González
17/Oct/2017

http://www.pedagogiaeconomica.com/?p=524#more-524

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