El liderazgo del maestro (a)

Los días 26 y 27 de junio realizamos en Managua el Seminario Internacional con el título “La Formación Docente: camino a su fortalecimiento”, organizado por el Ideuca y la Unesco, en coordinación con el Mined.

El Seminario se constituyó en el saludo al maestro y maestra nicaragüense, cuyo día se celebra el 29 de junio.

En el Seminario me correspondió presentar un tema en el que se hace referencia al liderazgo del educador.

He aquí unas cuantas ideas sobre el mismo.

El término liderazgo tiene aspectos muy particulares según el ámbito en el que se actúa. Para nosotros los educadores, el liderazgo no es una técnica ni táctica, es una actitud y comportamiento de vida y de trabajo, que se visibilizan de diversas formas en nuestra permanente relación con personas. No son las instituciones ni las corporaciones, sino las personas las que tienen conciencia de sí mismas, y son los seres humanos los que tienen amor. Conciencia de sí mismos y amor, son elementos que habitan en el liderazgo educativo.

Todos somos líderes y toda nuestra vida está llena de oportunidades de liderazgo, casi siempre en cosas pequeñas y de manera natural. Vivimos innumerables encuentros en el hogar, en el trabajo educativo, en la calle donde dejamos un mensaje. Esos momentos suman gran parte de nuestra vida. La cotidianidad en la familia, el aula, la escuela, la comunidad, la relación con la gente, constituyen el espacio real del liderazgo educativo. Todo maestro tiene un potencial de liderazgo con la permanente oportunidad de abrir ese potencial a los demás, a sus colegas, estudiantes, padres y madres de familia. Esto supone afianzar la propia personalidad, la autoafirmación y la autoestima, algo clave en el liderazgo educativo.

El liderazgo educativo está vinculado al trabajo. Liderazgo y trabajo, trabajo y liderazgo van juntos. El líder indica el sitio al que ir, señala el camino, nos convence y produce cambios de comportamiento y sentimiento yendo él a la cabeza en una actitud de servicio; sintetiza, proyecta los sentimientos, necesidades, aspiraciones y esperanzas de la gente. Esto hace el maestro todos los días.

El maestro tiene en sus manos algo que la gente necesita, reclama, aspira: es la educación. El maestro es quien incita a activar las capacidades de los estudiantes, la adquisición de conocimientos, destrezas, valores para la vida individual y social. Los padres y madres ven al maestro como el centro, el manantial del que poco a poco fluye el desarrollo de sus hijos; confían en el maestro (a), esperan mucho de él. Los propios estudiantes lo animan e incluso le exigen ejercer cierto liderazgo.

El líder maestro inspira y crea un ambiente de confianza. Hace que los estudiantes trabajen porque antes ha logrado que quieran trabajar, puesto que los ha motivado para trabajar.

El gran aliciente y la base del liderazgo educativo están en ayudar a los estudiantes a crecer, a incentivar un liderazgo incipiente, proyectado más allá de ellos.

El líder maestro aporta energía, ambición, motivación al trabajo en un clima de equipo, de interacción con sus colegas y sus estudiantes.

El éxito de un líder social, de un educador, es el resultado de un servicio de calidad, porque liderar es poner al servicio de los demás la propia capacidad, la propia vida en momentos sucesivos pero haciendo suyos los momentos, circunstancias y condiciones de sus estudiantes. De ahí que el liderazgo del maestro nicaragüense se nutra de una realidad social, humana, económica y cultural, la que comparte en su propia vida.

Por eso está cerca de la gente, porque vive las mismas condiciones pero con un potencial inmenso, el de servir para cambiar esas condiciones, actuando como transformador social.

El educador fundamenta y desarrolla su liderazgo valiéndose de los siguientes factores:

T Conocimiento de sí mismo, apreciando su dignidad y rico potencial.

T Autodirección, reconociendo las debilidades y apegos que limitan ese potencial.

T Motivación, expresando los valores que tiene ese potencial.

T Empatía y destreza social, con un profundo respeto por los demás.

T Capacidad de reflexionar, formando una visión y perspectiva amplia del contexto nacional y mundial.

T Fijar metas con el hábito de la reflexión diaria, para volver a enfocar las prioridades y sacar enseñanzas de los éxitos y fracasos.

T Profundo respeto por el prójimo, por toda su creación y desarrollo.

T Aprecio de sí mismo como ser querido e importante.

http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/21070-liderazgo-maestro/

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