Entre grillos y pasaportes andan los nuevos-viejos disparates del castrismo.

Cortesía de Marta Menor.Lo de esta crápula desvergonzada no tiene nombre, yo en verdad alucino con estos hijos de puta, la inmoralidad de estos tipejos llegó y siguió de largo como alma que se la lleva el viento, ya no saben qué inventar para enmascarar sus chapucerías, traiciones, metidas del delicado, bostezos inoportunos y los asquerosos disparates malintencionados de esa revolución de ataques sónicos y pasaportes “habilitados”.
Quienes quieran que les crean, están en todo el derecho de pasar por tontos útiles, una categoría existencial donde los que se incluyen, conscientes o inconscientemente, ayudan a oxigenar a esa pandilla de traficantes de los sentimientos, de los sueños, de las ilusiones, de las aspiraciones y de las necesidades materiales y espirituales de todos los cubanos.
¿Alguien ha visto gente más sinvergüenza que estos “iluminados” de esa revolución con permiso de salida?
Como siempre salió el Canciller de la bobería a poner el parche de la idiotez sobre las barrabasadas que ellos mismos han creado, sobre los disparates anticonstitucionales (me refiero a la de 1940 que es la única que deberíamos reconocer todos los cubanos) que han institucionalizado, como parte de sus políticas de atropello a la razón, durante estos casi 60 años, en fin, que yo no me explico cómo pueden existir seres humanos tan “porculeros” que se presten para tamañas insensateces.
Pero la culpa es nuestra, la responsabilidad la tenemos gran parte de nosotros los cubanos que le hacemos el juego a estos canallas, que le hemos permitido y le permitimos que se burlen de nosotros y del mundo entero como si las mentiras fueran una acción válida para la diplomacia, una política de Estado, un chiste muy oportuno, un derecho de los “gobernantes” o una aceptación incondicional de los pueblos.
El caso de la dictadura de los Castro es un caso único en la historia de la humanidad, no existe ni existirá nada igual sobre este bendito planeta. La justificación de los grillos y las “pañoletas” parece, más que el resultado de una “investigación policial”, un pasaje kafkiano para, y Dios me perdone, “metamorfosear” la realidad de esta vida que nos ha tocado vivir.
Yo en realidad no quisiera referirme a este “pasaje de la guerra revolucionaria” porque me parece tan absurda la justificación, tan ridícula la explicación y tan descarada la respuesta que el solo hecho de pensar que alguien intentó pasar, así como así, como quien no quiere las cosas, al descuido, con disimulo te parto el…, este gato, gatón, gatuno por una liebre, liebrita, liebrecilla de mi vida, liebrecilla de mi corazón, a mi me dan unos deseos tremendos de vomitar.
Dice mi amiga la cínica que Raúl Castro y sus natilleros creen que el mundo es tonto y que la Internet solo sirve para difundir la “ideología” de la revolución: “He ahí el problema”.
Pero lo otro, es decir, las nuevas medidas, las nuevas regulaciones de no sé qué, los cuñitos en el pasaporte cubano, las estampitas más caras del mundo, el muslito de pollo por la libreta, el entra y sale, los barquitos y los Cruceros, la moringa enriquecida, la “bondad” del régimen tiránico, el yo no fui, si eres poeta y en el aire las compones, qué desparpajo, el roba-roba en la Aduana y el maltrato “legalizado” a los cubanos del exilio cuando visitan Cuba, todo eso, todo, es harina de otro costal.
Yo digo que nuestra desgracia comenzó con la aberración jurídica de “salida definitiva” para quienes, después de 1959, y por las razones que fueran, decidimos marcharnos al exilio.
Fidel Castro convirtió, a través de sus leyes, políticas, “ideales” y toda esa mierda que pasaba por su diabólico cerebro, a los cubanos del exilio en una categoría diferente de seres humanos pues para este sujeto quienes no lo apoyaran a él o a su maldita revolución eran unos traidores a la Patria. Tan es así que recientemente fuimos testigos de cómo uno de sus perros cachoecabrones lanzó, con total parsimonia y sin ningún pudor, el concepto de ex-cubano para referirse a quienes vivimos en el exilio.
Pero como todos sabemos esa también es una revolución de “ajuste y control”. Las habilitaciones de los pasaportes, los permisos de entradas, de salidas, las actualizaciones, los “sellitos” y las renovaciones, aparte de la clásica extorsión económica a la que estábamos sujetos, era también una forma mediante la cual la dictadura ejercía sobre nosotros su poder de amos y soberanos de nuestros destinos al decidir quiénes sí y quiénes no podíamos visitar la tierra donde nacimos.
Las nuevas medidas de la administración norteamericana han obligado a esta pandilla de “controladores” a sacar cuentas, ellos saben la cantidad de millones de dólares que están perdiendo y, como todo “buen comunista gentil hombre”, han decidido “abrir el banderín” para incentivar los viajes del “enemigo”, es decir, de nosotros, y “alimentarse” con los dineros del imperio.
Estos tipos están jodidos económicamente, políticamente, moralmente y lo saben. La dictadura de los Castro jamás aplicará medidas para favorecer a quienes ellos han considerado históricamente sus enemigos, esto de ahora es puro pataleo y desesperacion.
¡Nos nos dejemos engañar cubanos, llamemos las cosas por su nombre!
Ricardo Santiago.

http://poresomefuidecuba.com/grillos-pasaportes-andan-los-nuevos-viejos-disparates-del-castrismo/

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