LA NATURALEZA TRINITARIA DEL HOMBRE Y LA MASONERIA     En el mundo Occidental, desde hace mucho tiempo es común considerar al ser humano como una entidad constituida por una naturaleza de carácter triple: Partiendo de que hay tres mundos, el de la Materia, el de la Mente y el del Espíritu, nosotros los experimentamos como Cuerpo, Alma y Espíritu. Estos mundos no están divididos, sino más bien son distintas manifestaciones de una sola y misma cosa: el Ser. La falsa vivencia de esta división está en nosotros, en términos hindúes se debe a la Ignorancia (avidya) y a la Ilusión (maya); y en términos cristianos al pecado y a la caída. a.. El Cuerpo es el elemento material, procedente del mundo físico; b.. El Alma (ánima) es el elemento vital, procede de la naturaleza universal; y c.. El espíritu sería su elemento inmortal. El Ser en cuanto se manifiesta, lo hace en forma trinitaria como Dios, como Cosmos y como ser Humano. En términos generales, este concepto trinitario ha sido expresado de diversas maneras, como puede comprobarse hojeando cualquier libro de historia de las religiones. Sin embargo, el olvido de esta naturaleza trinitaria está en la base de la incapacidad actual de muchas para explicar algunas de sus verdades más profundas, e igualmente, constituye el origen de los errores de ciertas posturas dualistas que no toman como fundamento la naturaleza trinitaria del ser y que en su contraposición cuerpo – alma acechan tanto a las disciplinas esotéricas -sobre todo las de raíz gnóstica- como a la moral de las religiones ortodoxas. Dice el Maestro Sufí Shah Nematollah Wali (1329): “La Ola, el Océano y la Espuma Los tres son uno y lo mismo No hay sino un único Ser Desde lo pequeño hasta lo grande” Por su parte, de manera análoga, en el esoterismo judío dice el Zohar: “El Antiguo (bendito sea) existe con tres cabezas que no forman sino una y esta cabeza es lo que hay de más elevado entre las cosas elevadas. Y como el Antiguo (bendito sea) está representado por el número tres, todas las otras luces que nos aclaran con sus rayos están igualmente comprendidas en el número tres.” En el esoterismo judío y como se formula en el Zohar el Alma se divide a su vez en tres partes: Nefech, el Soplo Vital; Ruah, el espíritu; y Neshamah o alma propiamente dicha. El alma que debe descender para animar el Cuerpo se niega a dejar su lugar original, pero acaba por obedecer la Orden Divina; debe conquistar un complemento de perfección del lado del mundo material y al mismo tiempo, está encargada de impregnar la materia de una parcela de Espíritu para purificarla e impulsarla hacia lo alto. El hombre es por tanto una mezcla de santidad e impureza, es un mediador de las fuerzas cósmicas. Solo el verdadero iniciado puede aspirar a tener Neshamá, alma sagrada. El Zohar identifica al devoto con el perfecto Cabalista quien adquiere la Neshamá solo cuando consigue penetrar en los secretos de la Torah, es decir, por medio de la comprensión mística de sus poderes cognoscitivos. La Neshamá es el poder intuitivo más profundo que conduce a los secretos de dios y del Universo. Al adquirirla, el cabalista aprehende algo de lo divino en su propia naturaleza. El Zohar sostiene que solo el Nefesh o Alma Natural que reciben todos los hombres, es capaz de pecar; la Neshama, la chispa divina más profunda del Alma, está más allá del pecado y si llega a descender a los infiernos es solo para guiar a algunas almas sufrientes hacia la Luz. En términos cristianos, el hombre “Caído” es precisamente aquel que únicamente se identifica con su mente o su sustancia psíquica, sin darse cuenta de que ésta no es sino un reflejo en el plano psíquico del intelecto o lo que es peor con una de sus tres de sus elementos constitutivos de su Ser. Un proverbio Sufí dice que “Para alcanzar a Dios, el Alma debe pretender parecerse a Dios”. Según Eckhart “Alma es el reflejo del espíritu del Creador, por cuanto daba vida al cuerpo y estaba unida con los sentidos y la facultad intelectual”. En la Francmasonería se da un lugar especial al número tres, en conciencia de que cada una de las manifestaciones posee a su vez naturaleza trinitaria y es a su nivel reflejo de las otras dos. Así, el ser humano es un microcosmos, reflejo de todo lo manifestado, del macrocosmos. De tal suerte, el antiguo precepto “Conócete a ti mismo” lleva al ser humano desde el autoconocimiento al conocimiento del Cosmos y del principio creador, denominado generalmente Gran Arquitecto del Universo. El espíritu es como el Cielo, resplandeciente e inmutable sobre los horizontes del Alma. Es un mundo que, aunque todavía no es Dios, es inseparable de Él, de modo que alcanzarlo es estar ya en el atrio de lo Divino. También el Cuerpo lleva en su existencia objetiva y natural, aunque no necesariamente en su prolongación subjetiva de la psique, “los vestigios del creador”, de modo que puede ser considerado el Templo del Espíritu y puede desempeñar un papel completamente positivo en el proceso mismo de realización espiritual. Lo que resta del ser humano, a saber, el Alma o Ánima es precisamente la materia del Trabajo iniciático. Es el Plomo que debe convertirse en Oro; la Luna que debe esposarse con el Sol; el Dragón que debe ser muerto para que el héroe pueda alcanzar a la princesa de la torre; la Piedra en Bruto que debe volverse Piedra Cúbica. Todas las manifestaciones del Ser en tanto que de origen divino, son inmortales. Nada se destruye, todo se transforma y está en constante movimiento. La materia en distintas formas; la energía vital en otras manifestaciones. Sin embargo, el espíritu mantiene su condición inmanente. Por eso el Ser solo puede llamarse Ser Humano cuando se manifiesta en Cuerpo y en Alma. René Guénon, Wirth y Lavagnini entre otros, distinguen entre Personalidad e Individualidad. La primera trasciende al ser manifestado, es el principio inmutable del cual un ser individual no es más que una realidad circunstancial. Por trascender la manifestación, se encuentra más allá de las formas espaciales y temporales y no se ve afectada por la transitoriedad de los estados individuales. Uno de esos estados individuales es el Ser Humano. Para otros, el ser humano se forma por Espíritu, Individualidad y Personalidad. El primero es inmutable y está más allá de la forma. La individualidad esta constituida por aquellos elementos que trascienden una manifestación concreta y que acumulan la experiencia de existencias pasadas (para el hinduismo lo que va reencarnando una y otra vez hasta liberarse de la rueda del Karma). La personalidad sería lo propia de la manifestación del estado humano y estaría constituida por el cuerpo y la psiquis. Imam Ja’far afirma que “La forma humana es el supremo testimonio que Dios nos ofrece de su creación. Es el Libro que ha escrito con su propia mano. Es el Templo que ha edificado con su Sabiduría. Es la reunión de las Formas de todos los universos. Es el compendio de los conocimientos surgidos de la Tabla Secreta. Es el vestigio visible que responde por todo lo invisible. Es la garantía, la prueba contra todo negador. Es la Vía Recta, trazada entre el paraíso y el infierno. El hombre contiene todo lo que está arriba en los Cielos y abajo sobre la Tierra. Por eso el anciano de los ancianos eligió al Ser Humano como su divina manifestación. Ningún mundo podría existir antes de que Adán (Adam Kadmon, el Hombre arquetípico primigenio) cobrara vida, pues la figura humana contiene todas las cosas y todo lo que existe en virtud de Él. El hombre es pues síntesis de toda la creación. El ser que está en él contiene todo y como una especie de Holograma Cósmico, refleja su totalidad en cada una de sus manifestaciones. Y ese hombre es una plenitud: no solo Cuerpo, no Solo Alma, no solo Espíritu. Solo Ser, siendo. De ahí la importancia del número tres y del Simbolismo del Templo dentro de los conocimientos iniciáticos de la Francmasonería. Es cuanto José Ramón González:. Bibliografía: –Panikkar R. “La Trinidad” –Ancochea y Toscano “El Simbolismo del Número”; e “Iniciación a la Iniciación”. –B. Griffits “El Matrimonio de Oriente y Occidente” –Papus “Tratado Elemental de Ciencia Oculta” –Simon Bar Yohai “Sefer ha Zohar” (El Libro del Esplendor) –René Guénon “Los Estados Múltiples del Ser –Magíster “El Secreto Masónico” –Oswald Wirth “El Ideal Iniciático” –El Koran.

En el mundo Occidental, desde hace mucho tiempo es común considerar al ser humano como una entidad constituida por una naturaleza de carácter triple, partiendo de que hay tres mundos, el de la Materia, el de la Mente y el del Espíritu, nosotros los experimentamos como Cuerpo, Alma y Espíritu.

Estos mundos no están divididos, sino más bien son distintas manifestaciones de una sola y misma cosa: el Ser.

La falsa vivencia de esta división está en nosotros, en términos hindúes se debe a la Ignorancia (avidya) y a la Ilusión (maya); y en términos cristianos al pecado y a la caída.

  a.. El Cuerpo es el elemento material, procedente del mundo físico;

  b.. El Alma (ánima) es el elemento vital, procede de la naturaleza universal; y

  c.. El espíritu sería su elemento inmortal.

El Ser en cuanto se manifiesta, lo hace en forma trinitaria como Dios, como Cosmos y como ser Humano.

En términos generales, este concepto trinitario ha sido expresado de diversas maneras, como puede comprobarse hojeando cualquier libro de historia de las religiones.

Sin embargo, el olvido de esta naturaleza trinitaria está en la base de la incapacidad actual de muchas para explicar algunas de sus verdades más profundas, e igualmente, constituye el origen de los errores de ciertas posturas dualistas que no toman como fundamento la naturaleza trinitaria del ser y que en su contraposición cuerpo – alma acechan tanto a las disciplinas esotéricas -sobre todo las de raíz gnóstica- como a la moral de las religiones ortodoxas.

 Dice el Maestro Sufí Shah Nematollah Wali (1329): “La Ola, el Océano y la Espuma”. 

  • Los tres son uno y lo mismo
  • No hay sino un único Ser
  • Desde lo pequeño hasta lo grande”

Por su parte, de manera análoga, en el esoterismo judío dice el Zohar:

“El Antiguo (bendito sea) existe con tres cabezas que no forman sino una y esta cabeza es lo que hay de más elevado entre las cosas elevadas. Y como el Antiguo (bendito sea) está representado por el número tres, todas las otras luces que nos aclaran con sus rayos están igualmente comprendidas en el número tres.” 

En el esoterismo judío y como se formula en el Zohar el Alma se divide a su vez en tres partes: Nefech, el Soplo Vital; Ruah, el espíritu; y Neshamah o alma propiamente dicha.

El alma que debe descender para animar el Cuerpo se niega a dejar su lugar original, pero acaba por obedecer la Orden Divina; debe conquistar un complemento de perfección del lado del mundo material y al mismo tiempo, está encargada de impregnar la materia de una parcela de Espíritu para purificarla e impulsarla hacia lo alto. El hombre es por tanto una mezcla de santidad e impureza, es un mediador de las fuerzas cósmicas. Solo el verdadero iniciado puede aspirar a tener Neshamá, alma sagrada.

El Zohar identifica al devoto con el perfecto Cabalista quien adquiere la Neshamá solo cuando consigue penetrar en los secretos de la Torah, es decir, por medio de la comprensión mística de sus poderes cognoscitivos.

La Neshamá es el poder intuitivo más profundo que conduce a los secretos de dios y del Universo. Al adquirirla, el cabalista aprehende algo de lo divino en su propia naturaleza.

El Zohar sostiene que solo el Nefesh o Alma Natural que reciben todos los hombres, es capaz de pecar; la Neshama, la chispa divina más profunda del Alma, está más allá del pecado y si llega a descender alos infiernos es solo para guiar a algunas almas sufrientes hacia la Luz.

En términos cristianos, el hombre “Caído” es precisamente aquel queúnicamente se identifica con su mente o su sustancia psíquica, sin darse cuenta de que ésta no es sino un reflejo en el plano psíquico del intelecto o lo que es peor con una de sus tres de sus elementos constitutivos de su Ser.

Un proverbio Sufí dice que “Para alcanzar a Dios, el Alma debe pretender parecerse a Dios”.

Según Eckhart “Alma es el reflejo del espíritu del Creador, por cuanto

daba vida al cuerpo y estaba unida con los sentidos y la facultad intelectual”.

En la Francmasonería se da un lugar especial al número tres, en conciencia de que cada una de las manifestaciones posee a su vez naturaleza trinitaria y es a su nivel reflejo de las otras dos.
Así, el ser humano es un microcosmos, reflejo de todo lo manifestado, del macrocosmos. De tal suerte, el antiguo precepto “Conócete a ti mismo” lleva al ser humano desde el autoconocimiento al conocimiento del Cosmos y del principio creador, denominado generalmente Gran Arquitecto del Universo.

El espíritu es como el Cielo, resplandeciente e inmutable sobre los horizontes del Alma. Es un mundo que, aunque todavía no es Dios, es inseparable de Él, de modo que alcanzarlo es estar ya en el atrio de lo Divino.

También el Cuerpo lleva en su existencia objetiva y natural, aunque no necesariamente en su prolongación subjetiva de la psique, “los vestigios del creador”, de modo que puede ser considerado el Templo del Espíritu y puede desempeñar un papel completamente positivo en el proceso mismo de realización espiritual. Lo que resta del ser humano, a saber, el Alma o Ánima es precisamente la materia del Trabajo iniciático.

Es el Plomo que debe convertirse en Oro; la Luna que debe esposarse con el Sol; el Dragón que debe ser muerto para que el héroe pueda alcanzar a la princesa de la torre; la Piedra en Bruto que debe volverse Piedra Cúbica.

Todas las manifestaciones del Ser en tanto que de origen divino, son inmortales. Nada se destruye, todo se transforma y está en constante movimiento. La materia en distintas formas; la energía vital en otras manifestaciones. Sin embargo, el espíritu mantiene su condición inmanente.

Por eso el Ser solo puede llamarse Ser Humano cuando se manifiesta en Cuerpo y en Alma.

René Guénon, Wirth y Lavagnini entre otros, distinguen entre Personalidad e Individualidad. La primera trasciende al ser manifestado, es el principio inmutable del cual un ser individual no es más que una realidad circunstancial. Por trascender la manifestación, se encuentra más allá de las formas espaciales y temporales y no se ve afectada por la transitoriedad de los estados individuales. Uno de esos estados individuales es el Ser Humano.

Para otros, el ser humano se forma por Espíritu, Individualidad y Personalidad. El primero es inmutable y está más allá de la forma. La individualidad esta constituida por aquellos elementos que trascienden una manifestación concreta y que acumulan la experiencia de existencias pasadas (para el hinduismo lo que va reencarnando una y otra vez hasta liberarse de la rueda del Karma). La personalidad sería lo propia de la manifestación del estado humano y estaría constituida por el cuerpo y la psiquis.

Imam Ja’far afirma que “La forma humana es el supremo testimonio queDios nos ofrece de su creación. Es el Libro que ha escrito con su propia mano. Es el Templo que ha edificado con su Sabiduría. Es la reunión de las Formas de todos los universos. Es el compendio de los conocimientos surgidos de la Tabla Secreta. Es el vestigio visible que responde por todo lo invisible. Es la garantía, la prueba contra todo negador. Es la Vía Recta, trazada entre el paraíso y el infierno.

El hombre contiene todo lo que está arriba en los Cielos y abajo sobre la Tierra. Por eso el anciano de los ancianos eligió al Ser Humano como su divina manifestación. Ningún mundo podría existir antes de que Adán (Adam Kadmon, el Hombre arquetípico primigenio) cobrara vida, pues la figura humana contiene todas las cosas y todo lo que existe en virtud de Él.

El hombre es pues síntesis de toda la creación. El ser que está en él contiene todo y como una especie de Holograma Cósmico, refleja su totalidad en cada una de sus manifestaciones. Y ese hombre es una plenitud: no solo Cuerpo, no Solo Alma, no solo Espíritu. Solo Ser, siendo.

De ahí la importancia del número tres y del Simbolismo del Templo dentro de los conocimientos iniciáticos de la Francmasonería.

Es cuanto

José Ramón González:.

Bibliografía:

–Panikkar R. “La Trinidad”

–Ancochea y Toscano “El Simbolismo del Número”; e “Iniciación a

  la Iniciación”.

–B. Griffits “El Matrimonio de Oriente y Occidente”

–Papus “Tratado Elemental de Ciencia Oculta”

–Simon Bar Yohai “Sefer ha Zohar” (El Libro del Esplendor)

–René Guénon “Los Estados Múltiples del Ser

–Magíster “El Secreto Masónico”

–Oswald Wirth “El Ideal Iniciático”

–El Koran.

http://www.fenixnews.com/2013/10/26/la-naturaleza-trinitaria-del-hombre-y-la-masoneria/

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