08/13/2020

Trabajando en Cantera

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Tenemos que transformar la piedra, eliminar sus anomalías, asperezas y deformidades. Al terminar el trabajo, la piedra bruta  tiene que ser una piedra cúbica perfecta, con ángulos de 90º, aristas perfectamente alineadas, caras planas y lados iguales.

La cantera de la Humanidad es muy diversa. Encontramos piedras duras y difíciles de labrar, y otras blandas, que permiten un tallado más perfecto en menor tiempo.

No todas las piedras son del mismo material, también tienen distintos tonos. Algunas son monocromas, con pocos matices, como la caliza o la arenisca; otras en cambio, están atravesadas por vetas multicolores como el jaspe, o tienen un brillo vítreo, como la cuarcita o la obsidiana. Todas son bellas y hermosas. Cada una de ellas tiene un tiempo y un lugar.

Las herramientas deben adaptarse a sus cualidades.

Hay cinceles de bronce, otros de hierro o acero. Los hay de muchos tamaños pero todos tienen recto el filo: tienen que esculpir un cubo.

Los mazos por otra parte tampoco son iguales. Su maza es diferente  en función de las características de la piedra y cincel utilizado. Más o menos grande, más o menos pesada. De madera o metal.

Al principio no se sabe por dónde empezar, parece casi imposible esculpir un cubo partiendo de una piedra bruta. Tampoco sabemos utilizar las herramientas, golpeamos sin ritmo ni precisión. Sin controlar la fuerza. Algún dedo machacado, perdida de la paciencia, etc.

En el taller los Maestros están observando nuestras tareas, nos han asignado un sitio en el Taller. Tranquilo, apartado del ruido. En la penumbra del norte, protegidos del Sol deslumbrante, trabajamos y observamos en silencio para que nada pueda desviar nuestra atención ni alterar nuestro ritmo.

El 2º Vigilante nos instruye. Es el Maestro encargado de enseñarnos y supervisar nuestro trabajo. Expresamos en Logia a través suyo nuestro trabajo, nuestra palabra. Nuestro silencio.

Él nos enseña a manejar las herramientas: como tomar el mazo, de qué manera sujetar el cincel, hacia donde debemos dirigir los primeros golpes

Nosotros también tenemos que cuidar el temple del cincel. No solo cuidarlo: el temple del cincel es nuestra Templanza. El filo nuestra Rectitud.

Según el material del que está hecho, según la piedra, deberemos afinarlo con más o menos frecuencia. De paso aprendemos a conservar su filo  y mejorar su dureza.

Nadie puede hacer esto por nosotros.

Los Masones siempre somos aprendices y nunca terminamos de labrar nuestra piedra.

CFM.·. J.·. E.·.

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