La Bella del Alhambra… ¿Quién fue realmente?

La Francesita
Rachel, la francesita. La única foto real existente.

El teatro “Alhambra” era un caserón sin fachada teatral, en el cruce de las calles Consulado y Virtudes, en pleno centro de la Ciudad de La Habana. Casona de una sola planta, propiedad de un emigrado catalán en los tiempos de la emigración española a finales del siglo XIX, solo un pequeño espacio era ocupado por su dueño. Este nuevo vecino, cuyo nombre fue José Ross, (a consideración histórica no muy dichoso en sus empresas)  se le ocurre para ocupar las áreas que le sobraban  a su taller de herrería, instalar un gimnasio mixto, luego del  intento y fracaso le convirtió en un salón de patinaje, (el cual no debió darle grandes resultados económicos una vez más). Finalmente, guiado por un coterráneo de mayor picardía para los negocios, en un teatro.

Alhambra
Foto del Alhambra en sus tiempos de gloria.

Fundado el 13 de septiembre de 1890, Ross le confeccionó como un teatro de verano a la usanza de Madrid, donde estrenaba obras de la zarzuela del momento, entremeses y obras de menor dilatación. En los alrededores tenía la competencia del teatro Albisu, y aunque para su inauguración lo anunciaron con panfletos y en los periódicos como un sitio más fresco y más bonito que el edificio rival, la propaganda no importó  mucho. El nuevo teatro fue un  total fracaso por aproximadamente una década y casi a punto de cerrar apareció quien fuese su salvador irrefutable: Federico Villoch.

Este nuevo centro de entretenimiento público (ahora con un positivo brío por Villoch.), evolucionó en el surgimiento de géneros musicales, el teatro bufo y la comedia callejera que logró glorias aun veneradas en nuestros días. Sus fundadores  no inventaron el bufo cubano, pero lo transportaron hasta las cúspides del ídolo en aquel recinto que  quedó como paladín del género.

  Rachel  Dekeirsgeiter entró a Cuba a principios del siglo XX, como tantas emigrantes que encontraron en nuestra Isla un nuevo monte Ararat en el cual depositar las esperanzas de su futuro. “La Francesita” sobrenombre que adquirió por su nacionalidad y jovial coquetería, no se detendría en buscar su espacio en un teatro en donde no sólo fuese corista. Joven, atractiva y un encanto seductor adquirido por las duras experiencias, llega al Alhambra, (en su última década), y no pasaría mucho tiempo en que el nombre de “Rachel” resonara en la Habana de entonces, como símbolo de seducción y deseo.

Miguel de los Santos
Miguel de los Santos en la década de los 30’s
Miguel de los Santos
Grupo teatral de baile, Miguel; primero a la izquierda.

Fue mi Abuela quien me confesó del romance de mi abuelo con “La Francesita” (esto sucedió mucho antes de que mis abuelos se conociesen), Rachel le llevaba 10 años de edad y era dominante y un tanto libertina para una Cuba de principios del siglo XX,   lo suficiente como para que aquella relación terminara. Dekeirsgeiter fue asesinada dos años después de que mi abuelo “Miguel de los Santos” debutara en el Cine silente Cubano.img082

 Publicación del periódico “El Mundo” pagina #2, editado el martes 15 de diciembre del año 1931. Dibujo  que expone los detalles de la muerte pasional de Rachel  Dekeirsgeiter, “La Bella del Alhambra”, certificado por el Dr De Villiers, en los momentos del hallazgo. Esta imagen fue publicada en el exilio cubano por  vez primera, en el tomo # 3  de “Vida y Milagros de  la  farándula de Cuba” por Rosendo Rosell.  A sus 20 años,  Santos mantuvo un noviazgo con Dekeirsgeiter a pesar de  la diferencia de edad, tiempo antes de la trágica noticia que conmovió a la farándula y sus admiradores. (El romance de Rachel y Miguel más otros detalles del enigmático final de la vedette del Alhambra, será  ampliado en el  tomo biográfico del mismo nombre).

Texto extraído del libro: Miguel de los Santos y el Cine silente Cubano

Los jóvenes de hoy tienen la  imagen cinematográfica de la legendaria Bella del Alhambra, como la criolla politizada que murió de anciana, narrando sus memorias entre recuerdos y telarañas. Pocos saben de su origen francés, de su pelo claro y temprana muerte, también los familiares de mi generación  no asocian a  “La Francesita” de los relatos familiares con la vedette del teatro bufo que marcó nuestro género teatral.

El Alhambra experimentó su final como un anciano abandonado en su agotamiento y desgaste existencial.  Malherido por el debut del cine sonoro, la gran depresión del 30  que sacudió no solo a Cuba, sino también a Estados Unidos  y gran parte del mundo occidental, también los grandes disturbios del mandato del general Gerardo Machado dieron su disparo de gracia. Una noche se desplomaron la fachada, el pórtico y partes  de sus paredes laterales, la nueva generación que observaba entre los escombros fueron sus últimos espectadores, pero esta vez de la más dramática de sus facetas.

Alhambra
El Gallego, la mulata y el negrito, artistas clásicos del teatro Bufo Cubano. Foto en tiempos del Alhambra.
Alhambra
Espectadores del Alhambra, foto real.
Alhambra
Lugar actual donde estuvo situado el teatro Alhambra.
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