El diálogo con los judíos, una obligación para el cristianismo

Las diferencias entre judíos y cristianos no deben ser motivo de conflicto, sino fuente de riqueza

Del 23 al 25 de octubre de 2017 la sede de la Conferencia Episcopal Española acogió las XXVII Jornadas para Delegados Episcopales y Directores de Secretariados de Relaciones Interconfesionales, dedicadas al diálogo con el judaísmo. Una religión que, en palabras del obispo de Almería, monseñor Adolfo González Montes, que presidió las jornadas, tiene “una singular prioridad para la Iglesia Católica”, ya que no estamos hablando de una tradición religiosa más.

Entre las diversas ponencias que tuvieron lugar, destacan especialmente las de un católico y un judío que abordaron la historia y la actualidad del diálogo judeocristiano desde sus propias perspectivas.

Parte del misterio de la Iglesia

Por parte católica habló el hermano Elio Passeto, miembro de la congregación de Nuestra Señora de Sión, empeñada precisamente en la relación con los judíos. Afirmó que, tras 50 años que han supuesto “una senda de confianza, diálogo y respeto” con la aplicación de la declaración Nostra aetate del Concilio Vaticano II, es el momento de pasar a otra fase, que consiste en la “traducción de todos estos avances a la vida de los cristianos. Hay que vivir con las diferencias y enriquecerse con ellas. Las diferencias no deben ser motivo de conflicto, sino fuente de riqueza”.

Passeto, director del Instituto Ratisbonne de Jerusalén, afirmó que el Concilio “inauguró una nueva forma de entender el judaísmo y de relacionarse con él”, de manera que la Iglesia “quiso recuperarse de una enfermedad que le afectó durante siglos: el olvido de sus raíces judías. Porque la Iglesia ha recibido la revelación del Antiguo Testamento por medio de aquel pueblo. Los valores del pueblo judío forman parte del misterio de la Iglesia”.

Para ello hay que ir a lo práctico, y “no sirve el lenguaje que se utilizó en el pasado”, de manera que “debe usarse un lenguaje basado en las nuevas enseñanzas y profundización teológica de la Iglesia, sin definiciones equivocadas”. Se impone la necesidad del conocimiento mutuo, para que sea posible el encuentro y el diálogo.

El pueblo elegido de Dios

Un tema teológico importante en el diálogo judeocristiano es el de la esperanza mesiánica, ya que los judíos continúan aguardando al Mesías, mientras que los cristianos reconocen esta figura en Jesús. Ahora la Iglesia acepta que “el pueblo judío tiene una economía de salvación para ellos, dentro del misterio de Dios”. Por eso “la Iglesia condena todo intento de proselitismo sistemático con los judíos”.

Porque una cosa es clara desde la perspectiva de la fe: “Israel sigue siendo el pueblo escogido por Dios, ‘el Israel de Dios’ como decía San Pablo”. Dios se dirigió a todas las naciones en Jesucristo, pero “sin abandonar a Israel”, subrayó Elio Passeto.

Por eso, para los cristianos “el diálogo con los judíos no es algo optativo, sino una obligación. No se puede hacer Teología sin ese encuentro”. Y para ello, recordó el religioso, “no es necesario inventar una nueva Teología, sino releer bien nuestras fuentes. No basta con decir que la Iglesia nació del judaísmo, sino que continuamente se fundamenta en él. Son dos pueblos necesariamente distintos, pero interdependientes”.

Una revolución religiosa

A continuación intervino Isaac Querub, presidente de la Federación de Comunidades Judías de España, el organismo que representa a los judíos españoles como interlocutor ante el Estado. Su primera afirmación fue tajante: “el diálogo judeocristiano ha venido a romper en los creyentes de ambas religiones la habituación a los prejuicios mutuos”.

Haciendo un repaso a los documentos papales más significativos en este tema, Querub señaló que “las relaciones entre la Iglesia Católica y los judíos han vivido un cambio lento, pero constante. Desde la declaración Nostra aetate “hemos sido testigos de una revolución religiosa sin precedentes”.

Aunque, recordó con dolor, “llegar hasta aquí no ha sido fácil”. Y repasó algunos episodios antijudíos en la historia de la Iglesia en España, cuyas raíces estaban en la pretensión cristiana de “sustitución” de Israel y en la imputación del “deicidio” (la acusación de ser los responsables de la muerte de Cristo), “un error teñido de sangre y una injusticia milenaria”, afirmó.

Pero lo peor estaba por llegar: el holocausto nazi en el siglo XX, una masacre que “no habría podido realizarse sin el poso cultural antijudío anterior”, aunque “el nazismo no fue un invento cristiano. La Iglesia no creó el antisemitismo, pero lo alimentó en algunas épocas históricas”.

Mirar juntos hacia delante

El representante de los judíos españoles reiteró que “Nostra aetate supuso una actitud de respeto católico hacia el judaísmo, ya que con ella la Iglesia abandonó la teología de la sustitución y abrazó a los judíos como hermanos mayores en la fe. Hoy todas las Iglesias cristianas interactúan así con los judíos, como compañeros y hermanos en la fe”. Querub valoró especialmente el pontificado de Juan Pablo II, con muchos momentos y declaraciones importantes en este sentido.

Según el ponente, “el balance de los dos mil años de relación entre judíos y cristianos es negativo, pero los siglos de ominosa persecución ya pasaron”. Por eso “es hora de mirar juntos hacia delante, resaltando lo que nos une. Compartimos los mismos valores, formamos parte de una misma familia. Hay una relación de identidad. La Iglesia acepta hoy las raíces judías, formando así el gran árbol de la cultura judeocristiana”.

Isaac Querub señaló también que, “aunque el diálogo judeocristiano se ha convertido en un hecho innegable, todavía nos queda mucho por hacer, y debemos tener una postura unitaria y firme ante temas como la educación, el relativismo, el laicismo o el fanatismo ideológico”.

Porque, recordó, “en el diálogo entre judíos y cristianos sucede como en el diálogo entre un hombre y una mujer: no se trata de convertirnos en el otro, sino de aceptar al otro en su diferencia”. Y añadió: “unámonos para defender la civilización judeocristiana frente a los totalitarismos que matan a los hombres”.

Y terminó su intervención con dos reclamaciones: que se establezca en España una comisión mixta de diálogo entre la Iglesia Católica y los judíos, y la devolución simbólica de la que fue Sinagoga Mayor de Toledo, actualmente iglesia de Santa María la Blanca, además de la petición de perdón por sucesos históricos en los que hubo responsabilidad de la Iglesia en España.

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