“El Perú se salvó de la anarquía”

Editorial:

Prácticamente todos los partidos políticos han salido golpeados del proceso de vacancia.

Congreso

Tras la decisión del Congreso de rechazar la moción de vacancia en contra del presidente Kuczynski, han salido a la luz disputas internas en varios partidos. (Foto: Congreso)

Comentábamos ayer en este Diario la frágil situación en la que se encuentra actualmente el oficialismo, luego de haber superado, a duras penas, el proceso de vacancia presidencial. Un ministro saliente –el del Interior, uno de los de mejor performance desde el inicio del gobierno–, la aprobación presidencial en su punto más bajo y los justificadamente escépticos ojos de la ciudadanía fijamente postrados en un Pedro Pablo Kuczynski al que los eventuales deslices difícilmente le serán condonados son algunos de los recientes pasivos en el Ejecutivo.

Pero si uno mira todo el espectro político, encontrará que prácticamente todas las tiendas han sufrido pérdidas.

Las más llamativas, seguramente, son las de Fuerza Popular (FP). La bancada parlamentaria mayoritaria se convirtió en la más áspera promotora de la vacancia presidencial y las declaraciones de sus más emblemáticos legisladores, atiborradas de agresiones, rumores y especulaciones, solo sirvieron para acrecentar el rechazo de la población, al punto de restarle legitimidad no solo a la forma en que se conducía el proceso previsto en la Constitución sino al propio Parlamento. De hecho, la semana pasada, cuando comenzaba a discutirse la vacancia, la última encuesta de El Comercio-Ipsos ya daba evidencias de la baja aprobación del Congreso: el 61% de los encuestados sostenía que el presidente debía disolverlo y convocar nuevas elecciones parlamentarias.

Hacia afuera, en la percepción de la gente, la forma en que el partido naranja empujó la vacancia le generó un costo muy alto. Y hacia adentro, la factura no fue menor. La votación del jueves significó la primera vez en la que se notó un fuerte resquebrajamiento de la ‘bankada’: 10 congresistas –incluyendo al hermano de la lideresa de FP, Kenji Fujimori– fueron determinantes en el resultado final al no respaldar la vacancia presidencial, lo que generó un malestar que se hizo patente con los iracundos ademanes de varios de sus legisladores. Miguel Ángel Torres –a quien se lo vio reprimiendo severamente al benjamín de los Fujimori durante el pleno– ha anunciado que se ha tomado la decisión preliminar de iniciar un proceso disciplinario contra los disidentes, mientras que Héctor Becerril los ha conminado a renunciar al grupo parlamentario. El tuit de Keiko Fujimori (“Orgullosa de nuestros 61 congresistas […]”) en el que, elocuentemente, dejó de lado a 10 de los 71 integrantes de su bancada, podría ser la premonitoria señal de una fragmentación que perdure más allá de la sesión del último jueves.

Solo en la bancada aprista las cámaras pudieron captar reacciones similarmente coléricas. Un rabioso Mauricio Mulder intercambiaba improperios con Jorge del Castillo, a quien le reclamaba por su voto en abstención. El primero también ha anunciado que se abrirá un proceso disciplinario en contra del segundo y Luciana León porque no apoyaron la vacancia presidencial.

Discrepancias se dieron, asimismo, en Acción Popular (tres votos en abstención y dos por la vacancia) y Alianza por el Progreso (seis abstenciones y dos a favor). Hace dos días, además, Julio Rosas presentó su dimisión al partido liderado por César Acuña.

Y en el caso de la izquierda, el principal perdedor de la más reciente disputa parlamentaria es –qué duda cabe– el Frente Amplio, liderado por Marco Arana. Si encontrar coherencia en su conocido rechazo a las dictaduras de derecha (como las de Fujimori y Pinochet) y respaldo a las de izquierda (como las de Maduro y los Castro) era ya un desafío a las leyes de la lógica, su pretendida indignación ante la idea de que el Congreso y el Ejecutivo sean controlados por una sola fuerza política (FP) en paralelo a su gestación y votación a favor de la vacancia presidencial, que hubiera propiciado ese mismo resultado, terminan de demostrar que sus postulados esotéricos trascienden al campo económico.

La de esta semana ha sido, probablemente, la última contienda política de un año colmado de juego sucio y golpes bajos. Después de todo, no debería sorprender que los equipos hayan terminado con tantas fracturas.

 

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