SOBERANO GRAN INSPECTOR GENERAL RITO ESCOCÉS ANTIGUO Y ACEPTADO

Image result for rito de coronacion de un soberano gran inspector general
https://www.google.com/
Según la Leyenda del Rito, este grado habría sido fundado el 1° de mayo de 1780, o bien el 1° de mayo de 1786. Sin embargo, desde un punto de vista histórico, el grado realmente parece haber surgido recién en 1802, de donde el más elevado de los grados del Rito Escocés habría sido el último en ver la luz.

Todo parece haber comenzado el 27 de agosto de 1761, cuando los «Diputados Generales del Arte Real, los Grandes Vigilantes y Oficiales de la Grande y Soberana Logia de San Juan de Jerusalén establecida en París» concedieron un Privilegio a Esteban Morín por el cual adquiría plenos poderes para «multiplicar los Grados Sublimes de la Más Elevada
Perfección, y crear Inspectores en todos los lugares donde no se hubieren establecido los grados sublimes».
El problema es que no se sabe con claridad cuál era realmente la autoridad masónica que concedió tal privilegio. Pike opina que fue una patente expedida en forma unida por la Gran Logia y el Gran Consejo, que en aquellos tiempos se disputaban el poder masónico en Francia.
El hecho concreto es que, poco tiempo después, Morín embarcó hacia América, dispuesto a establecer el Rito de Perfección en 25 grados que, con el agregado de 8 nuevos grados, conformaría finalmente el Rito Escocés en 33 grados. Una vez en América, Morín estableció cuerpos del Rito de Perfección en varios países de América Central, y nombró a M. M. Hayes Diputado Inspector General para América del Norte. Este, a su vez, designó a
Isaac da Costa Diputado para Carolina del Sur, y por su conducto los Grados Sublimes fueron diseminados entre los masones estadounidenses.
Volviendo a Esteban Morín, digamos que, después de los hechos que acabamos de referir, se pierden sus pasos y su destino final nos es totalmente desconocido.
Los Diputados Inspectores Generales: Al parecer, cuando Esteban Morín, y más tarde Andrew Francken sentaron las bases de lo que luego sería el Rito Escocés en los Estados Unidos, a partir de grados practicados casi totalmente en Francia, se conformó un conjunto de Diputados Inspectores Generales, para un Rito que todavía contaba con sólo 30 ó 32 grados, y que se denominaba la Orden del Real Secreto. Tales Diputados llevaron a cabo una activa tarea, iniciando y difundiendo los Rituales escoceses por todo Estados Unidos.
El título en latín de estos personajes era Generalisi Magni Episcopi Vagentes. Este título fue elegido en referencia a los 100 obispos cristianos que no se adhirieron a ninguna Iglesia
determinada y que, excomulgados por Roma, fueron calificados de obispos « vagantes » o « marginales » (la historia real de estos obispos marginales fue bastante más compleja). A partir de cierto momento, sus actividades tendieron a concentrarse en la ciudad de Charleston. Esta ha sido denominada “el lugar privilegiado del escocismo”. John Mitchell fue el nombre más influyente en las Logias y Capítulos establecidos en esa localidad. Entre 1798 y 1801, con el objetivo de coronar los trabajos y conformar una síntesis general del Rito, el grado 33° comenzó a gestarse.
El Primer Supremo Consejo: Por casualidad o por elección de los fundadores del Rito, vale la pena notar el hecho, por lo menos curioso, que Charleston se encuentra a los 33° de latitud Norte.
El personaje que ahora toma la palabra es Federico Dalchó. Después de muchos y confusos incidentes, Dalchó fue iniciado por John Mitchell en el grado 33°, y redactó los primeros Rituales del Rito Escocés en 33 grados. El 31 de mayo de 1801 se habría “inaugurado” el primer Supremo Consejo para los Estados Unidos, aunque esto se anunció recién el 4 de diciembre de 1802.
El segundo Supremo Consejo fue fundado el año siguiente en Santo Domingo por el Conde de Grasse Tilly, nacido en Francia. Al regresar a su tierra natal fundó en 1804 un Supremo Consejo en París, que sería el primer cuerpo de esta índole establecido en Europa. El mismo Grasse Tilly, en 1805, estableció un nuevo Supremo Consejo, esta vez en Milán.
El Supremo Consejo “Madre” del Rito Escocés: El Supremo Consejo de la Jurisdicción del Sur de los Estados Unidos siempre se ha considerado como el verdadero organismo del que
emanó el Rito Escocés en su estructura actual. De hecho, en los Estatutos publicados en 2011 se califica a sí mismo como: “El Supremo Consejo (Consejo Madre del Mundo) de Inspectores Generales Caballeros Comandantes de la Casa del Templo de Salomón del grado 33 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado de Libres Masones de la Jurisdicción Sur de los Estados Unidos de Norte América”. La autocalificación de “madre” refiere al carácter
fundacional que indicábamos previamente.
Este Supremo Consejo consta de 33 miembros activos (y no de 9 como establecían las Antiguas Constituciones, que veremos más adelante), más un número no determinado de miembros Eméritos y Honoríficos.
La Convención de Lausanne: Tuvo lugar en 1875 en Lausanne (Suiza), y en ella se tomaron acuerdos internacionales para establecer la unidad del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
Asistieron, entre otros, los Supremos Consejos de Inglaterra, Bélgica, Escocia, Francia, Italia, Hungría, Suiza, Grecia, Perú, Portugal y Colón. Esta Convención ha pasado a la historia como uno de los momentos fundacionales del Rito Escocés; sin embargo, si se repasan los balaustres emanados de la Convención se encontrarán innumerables decisiones sobre acreditaciones, poderes, formas de gobierno, etc., y muy poco en el aspecto doctrinal y ritualístico.
La estructura de los Supremos Consejos: Las Antiguas Constituciones establecían que en cada país de Europa debería existir un único Supremo Consejo, dos en los Estados Unidos
(uno para el Norte y otro para el Sur), y dos en los países de América del Sur. Si bien en algunas naciones, tales como los Estados Unidos, esto se ha cumplido con fidelidad, en otros países hemos observado el lamentable espectáculo de hasta cuatro Supremos Consejos compitiendo entre sí.
Las mismas Constituciones determinaban que cada Supremo Consejo estaría compuesto exactamente por nueve miembros, una cifra simbólica que relaciona la conformación del organismo con el significado del triple triángulo, que veremos más adelante. Pero luego agregaban que «al menos cuatro de los nueve deben profesar la religión del país», en una disposición exotérica establecida sólo con el propósito de vincular la masonería con los
poderes religiosos y políticos constituidos. Según creemos, actualmente tal disposición no se aplica, lo que implica un progreso significativo.
Además, los antiguos Rituales decían que, una vez constituido un Supremo Consejo General, que hubiese restituido las dignidades y posesiones de la Orden del Temple, todos los cargos, honores y dignidades serían hereditarios, y el cargo de Soberano Gran
Comendador quedaría siempre en la familia del Rey de Prusia. Esto choca con los conceptos masónicos más elementales y es, además, materialmente impracticable.
Sin embargo, existe una forma esotérica de entender la cuestión de los cargos hereditarios:
el concepto martinista de la filiación. De acuerdo con esta idea, de Iniciador a Iniciado se transmiten, simultáneamente, una influencia esotérica, que podría calificarse de «espiritual», y un conjunto de títulos, honores y poderes materiales y administrativos. De
esta forma, Iniciador e Iniciado se encuentran en una relación de padre a hijo, y el primero le transmite al segundo, tanto iniciática como simbólica y materialmente, su «herencia».
Ahora bien, para que la filiación sea real y efectiva, y no un mero acto formal, esa relación de «paternidad» entre Iniciador e Iniciado debería construirse con anterioridad a la transmisión del Ritual. Y la forma de construirla sería a través de la instrucción, que el Iniciador debería impartir, personal e integralmente, al futuro Iniciado. Por ello, todo candidato al 33° debería pasar un largo tiempo bajo la enseñanza de un Iniciador, hasta que
la condición de discípulo o de «hijo», iniciáticamente hablando, quedase constituida.
La filiación, entonces, tiene un doble aspecto:
Primero, la construcción del discipulado, conseguida por medio de la instrucción personal impartida por Iniciador a Iniciado. Segundo, la comunicación del Ritual, presidida por el Soberano Gran Comendador, hecha efectiva por el Iniciador, con la asistencia de los Oficiales del Supremo Consejo, que cumplen el rol de «operadores» teúrgicos. Es, por consiguiente, un proceso tanto individual como colectivo, que comienza por la capacitación
interior y culmina con el Ritual exterior. Y esto implica que la Iniciación, por lo tanto, más que el principio es la culminación del grado 33°, por cuanto debería consistir en la representación exterior de aquello que primero se ha alcanzado interiormente.
Las Constituciones de 1786 califican este grado de «Tertius et trigesimus et sublimissimus gradus» («33 y más sublime grado»), y sus miembros de «Protectores y Conservadores de la Orden». A pesar de tales títulos, el simbolismo del grado ha sido escasamente profundizado, y se lo ha llegado a considerar meramente como un atributo formal para el gobierno del Rito. En tal sentido, la tendencia desde la Convención de Lausanne ha sido orientar el grado hacia lo político-social, en detrimento de lo esotérico e iniciático.
Los antiguos Rituales decían que «se debe ser muy cautos con la admisión de nuevos miembros a este grado». En general, la mayoría de los países no aceptan tener en actividad más de 33 miembros de este grado, aunque el conferirlo en forma honoraria puede incrementar dicho número.
El carácter “militar”: A veces puede chocar un cierto carácter «militar» que se advierte en algunos símbolos y expresiones de este grado. Tal carácter responde al hecho histórico de que, en el momento de constituirse el grado, numerosos masones eran militares. En la actualidad, sin embargo, debemos entender el término «militar» como sinónimo de
«militante», y las referencias a guerras y batallas como un recuerdo simbólico de las historias de los Templarios y una referencia iniciática a la «guerra» en sentido esotérico,
como las «batallas» simbólicas que el Iniciado debe librar para alcanzar la Iluminación.
Uno de los significados del grado parece ser la conformación de un Estado o una Orden ideales, que recupere los valores y derechos perdidos de la mitológica “Edad de Oro”. En
tal sentido, términos como el de “Santo Imperio” u otros similares pueden remontar a los reinos fantásticos del Preste Juan y otros personajes míticos, con los que se pretendía representar un mundo utópico pleno de felicidad y perfección.
La filosofía hegeliana: A veces resulta difícil entender la permanente comparación que se realiza entre la conformación de cada Supremo Consejo y el Estado Prusiano, cuando este
último fue siempre el paradigma del gobierno militarista, escasamente democrático y supresor de las libertades individuales. Desde nuestra opinión, esto se debe a que los
creadores del 33° debían estar influidos por la filosofía hegeliana, cuyo apogeo coincide,
precisamente, con la época del origen de los Supremos Consejos.
G.W.F. Hegel (1770-1831), fue un filósofo idealista alemán, oscuro y difícil de comprender. Sus concepciones pretender abarcar toda la historia y la filosofía, así como el grado 33° pretende abarcar y sintetizar todo el Rito Escocés. En su vejez, Hegel llegó a ser una especie de filósofo oficial de Prusia, afirmando que probablemente el Estado Prusiano era la más alta forma de organización política existente.
Toda la lógica de Hegel tiene una cierta impronta mística, y responde a un molde triádico muy habitual en Masonería y en el Martinismo. Consideraba que todo está interconectado, y que la Verdad viene dada por la Totalidad. Cada fragmento de la historia, de un país, o de una institución, adquiriría sentido sólo cuando se lo ve como una pieza dentro de un gran rompecabezas (recordemos el Campo de los Príncipes, del grado 32°).
Según Hegel, lo que liga la triple realidad del Espíritu Absoluto, la naturaleza y la mente humana, es un triple movimiento del pensamiento: la Dialéctica. El método dialéctico opera así: se parte de una Tesis (postura presentada para ser debatida), a la que se opone un enunciado contrario o Antítesis. De esta oposición surge una Síntesis que las abarca a ambas. Pero, dado que la Verdad sólo está en el sistema íntegro, la primera Síntesis no es aún toda la Verdad, sino que se convierte en una nueva Tesis, con sus correspondientes Antítesis y nueva Síntesis. El proceso continúa ad infinitum, hasta alcanzar la Idea Absoluta.
Hegel da, entre otros, un ejemplo tomado de la filosofía del derecho, cuya culminación es especialmente interesante para nosotros. El ejemplo concierne a la noción del Bien: Hegel
plantea que, para los estoicos, el bien es resultado de una conducta imperativa universal.
Esto es la Tesis, que Hegel critica por ignorar la conciencia moral del individuo.
La Antítesis sería la postura de Rousseau, para quien la conciencia moral individual es la que dicta si un acto es bueno o malo. Hegel también la critica, afirmando que lo Racional
debe primar sobre lo que decida la conciencia individual, que podría estar motivada exclusivamente por el instinto. Finalmente, Hegel cree encontrar la síntesis en lo que denomina la Ética Social.
La Ética Social es una idea del Bien sostenida por la sociedad en su conjunto. No es un imperativo metafísico abstracto (estoicos), porque proviene de una decisión de la sociedad, y no de la supuesta voluntad de un Ser Divino. Tampoco descansa sólo en la conciencia individual (Rousseau), porque es la aceptación individual de una Voluntad General. Hegel creyó que el Estado Prusiano era la expresión histórica de la síntesis referida.
Consideraba que el mencionado Estado representaba el logro final de la Conciencia de Sí, culminando un proceso histórico que había comenzado en China, con el inconsciente Ser Puro. Basta un análisis superficial para relacionar este Estado Prusiano, concebido como la culminación de un proceso dialéctico de toma de conciencia, de estructura ternaria, con el rol que desempeña el Supremo Consejo del 33° dentro del Rito Escocés.
El problema fue que, en la realidad, el Estado Prusiano no constituyó el fin de la Historia, ni mucho menos. De hecho, Prusia desapareció como país, reino o imperio. Y el modelo prusiano de ejército ha quedado como el paradigma de las fuerzas armadas intransigentes, monolíticas y verticales, donde la obediencia es el único valor. Por ello, cuando se estudia el grado 33°, debe tenerse mucho cuidado en diferenciar aquello que puede retenerse como
símbolo, concediendo que su interpretación debe efectuarse tomando en cuenta la época histórica en la que fue elaborado.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s