LA GUERRA CULTURAL/2017– UN EMPATE, POR AHORA.

Por, Dr. Santiago Cárdenas- Especial para Nuevo Acción

Asistimos, perplejos, al golpe de la desaparición del circo insignia de los EEUU. El Ringling no mostrará nunca áa sus paquidermos, ni los tricolores de la bandera nacional. Pero, gozosos, porque los contragolpes no fueron uno; sino dos. Las rodillas en tierra  a lo Kaepernick durante el national anthem y el derrumbe  histórico, histérico, de las estatuas no prosperaron porque la desacralización de  los símbolos patrios no fue, no es, simpática. Por tanto, carecieron de apoyo popular.

(Abro un paréntesis. No me gustan los circos “extranjeros”. Ni el ruso  con su payaso Popov, un pujón; ni el Cirque du Soleil con su nombre pagano, sus  guiones exóticos, su música culta incomprensible;  las tristes caras de sus acróbatas de pelucas variopintas y sus tantos  pezones teñidos de diferentes colores. Además $u$ precio$ exhorbitantes. Prefiero a payasos democráticos, la música de caballitos, los animales amaestrados y el olor a  rositas de maíz en un ambiente de alegría espontánea).

La media nacional, por supuesto, sigue aplaudiendo el cierre del espectáculo más grande del mundo, mientras cierra su boca acerca del descalabro espóntaneo de las rodillas y la tumbadera de las estatuas de sus pedestales. Por cierto, los elefantes  han pasado a un retiro de privilegio  en un santuario verdadero cerca de Sarasota, pagado por el generoso bolsillo de los antiguos capitalistas explotadores y el aseo diario de sus cuidadores, antes llamados entrenadores- torturadores.

La guerra cultural comenzó en la post historia con el advenimiento de la beatlemanía en los sesenta. En esa década las estrellas se alinearon. Fue la colusión del feminismo, el poder negro y chicano, las escaramuzas por los derechos civiles, el gaysismo  y la antiguerra de Vietnam.

James Davison Hunter en su clásico libro, (Cultural War,1990)  introdujo el término en las marquesinas  de la Academia moderna. El sitúa los inicios de las hostilidades  en  los noventa con el arribo del relativista moral más duro  e importante de la historia a la presidencia de los EEUU. Bill Clinton, Mónica aparte, presidió, tolerando  sin chistar- tal vez apoyando- los  dos más grandes ataques morales contra el alma de la nación: la absolución de O.J. Simpson y el gigantesco fraude  de los jonrones de Sammy Sosa vs. Mark Mc. Gwire. Una herida mortal contra la integridad y la ética del pasatiempo nacional y patriótico de los EEUU.

Desde entonces  la polarización se ha hecho más evidente, dividiendo a la nación en casi dos partes  alícuotas. Ud. puede llamarlos  como desee: derechistas, conservadores,  ortodoxos o tradicionalistas en contra de progresistas, heterodoxos, liberales o izquierdistas. Ambos grupos tienen que decidir en el cercano porvenir acerca de los problemas que conformarán el rostro no sólo de nuestra nación, sino de toda la civilización occidental: el aborto, la pena de muerte; la sexualidad aberrada; la separación de la iglesia del estado y la inmigración.

El problema se complica. Si el expresidente Bush se autoproclamó un “presidente de guerra” poco después del 9/11; el actual presidente lo ha hecho como un  “presidente  de la guerra cultural “, politizando el problema. Una guerra que era—al menos en teoría—neutral, pasa ahora  a la categoría partisana. Demócrata equivale a culturalmente  liberal y republicano como  culturalmente conservador.

Los resultados a largo plazo no los conocemos. Ya se han producido bajas reales, muertos de cementerios, heridas morales sangrantes, defenestraciones de importancia y luchas en las calles. No hay una luz al final del túnel, que es largo.

El asunto es muy importante. Más allá de los cagajones de los elefantes, las rodillas en tierra  de los negros, perdón , los afroamericanos y el desmonte transitorio de  algunas estatuas insensatas de sus pebeteros.

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Autor: gustavo1941

Ex preso politico cubano, refugiado en EE UU. Presidente de la Academioa Cubana de Altos Estudios Masonicos de la Gran Logia de Cuba de AL y AM (2005 a 2011); Gran Canciller Secretario General del Supremo Consejo del grado 33 para la Republica de Cuba del REAYA(2005-2008). Autor y conferencista.