Las importaciones particulares en Cuba ¿problema o solución?

Por Osmel Ramírez Álvarez

Foto: miamiactualidad.com

HAVANA TIMES – Según el trabajo periodístico de Fernando Ravsberg, publicado recientemente en este sitio, El negocio millonario de las importaciones a Cuba, ejecutado por los particulares persona a persona, podría estar moviendo un capital aproximado de 500 millones de dólares al año. Sin duda, una actividad de gran importancia en nuestra deprimida economía, de la cual, por desdicha, no se informa nada en la Asamblea Nacional.

Como ya nos tiene acostumbrados, Ravsberg toca otro punto interesante de nuestra actualidad nacional y lo hace con exquisito apego al buen periodismo investigativo, un gran reto en nuestro contexto. Además, aporta datos importantes, cita sus fuentes, opina sobre la raíz del problema y hasta da pistas de posibles soluciones, por supuesto, desde su óptica, que ha generado, de hecho, un debate interesante. Mis respetos para el periodista.

Solo no me gustó el enfoque estatista del asunto. El autor nos invita a lamentar que esa alta suma de divisas salga del país para invertirse en mercancías demandadas en el mercado interno, por el hecho de que lo hace en bolsillos particulares y no en transferencias bancarias de una gran empresa importadora de Gaesa.

Si de todos modos son productos que no se producen en el país, que deben comprarse fuera y su déficit en los mercados minoristas estatales en CUC está vinculado al problema crónico del centralismo y la planificación excesiva de nuestra economía, ¿en qué afecta que lo hagan miles de personas en vez de una empresa? Más bien luce como una mejor vía de distribución de la riqueza, y los dólares o euros de las compras, de todas formas se fugan.

Debemos abogar, más bien, por la legalización de la actividad importadora por personas naturales y jurídicas con capital privado, hasta ahora exclusiva del Estado. Debemos criticar y presionar hasta que se elimine la draconiana regulación aduanera que tanto entorpece a nuestros viajeros, que, sin embargo, no frena en absoluto este comercio, pues solo pone de intermediaria a la corrupción del personal aduanero, que cobra elevados sobornos.

No será a base de mantener privilegios a empresas ineficaces e ineficientes del Estado que se retendrán las divisas dentro de la Isla, sino sustituyendo importaciones competitivamente y fomentando industrias. Divisas que, por cierto, entran a Cuba cómodamente, a través de remesas, recargas y paquetes traído por las célebres “mulas”. ¡Ganancia neta! Cuando entra al país una tonelada de ropa desde EUA es como si se hubiese producido aquí por arte de magia: cero inversiones.

Más productivo sería aprovechar y potenciar esas reservas de eficiencia espontáneas de muchos emprendedores, que trabajando en condiciones adversas, riesgosas y a base de tesón, han ocupado esos espacios vacíos en nuestro mercado interno.

Todo país moderno está abierto al mercado en alguna medida, lo cual implica exportar e importar. No se puede ver como un crimen que se empleen altas sumas en compras, incluso en aquellas que no generan riquezas y representan gastos, lo cual no significa que no sean necesarias. Lo que se debe procurar es que la balanza comercial sea favorable a las exportaciones o, al menos, esté equilibrada. En eso es en lo que se debe emplear nuestro Gobierno, en generar riquezas, no en limitar ni tratar de sustituir a los particulares y mucho menos donde ya han demostrado que son más eficientes.

Este asunto tiene otras aristas interesantes, por ejemplo, la posibilidad de viajar de algunos cubanos y las limitaciones del resto. En el caso de Guyana y Rusia no exigen visa, pero Panamá, México, República Dominicana y otros países del área, cuyas Zonas Francas o mercados en general ofrecen precios asequibles al negocio en Cuba, sí las piden. Es que somos un país netamente emigrante gracias a las conquistas de la Revolución y evitan un flujo masivo. No se menciona mucho, pero no todas las conquistas son positivas.

Aquí entran en la escena los cubano-españoles, aquellos descendientes de ciudadanos de la Madre Patria que aprovecharon la Ley de la Memoria Histórica. Muchos son una especie de “corsarios modernos”, porque siendo tan cubanos como cualquier otro pueden viajar sin visa a cualquier país del mundo, como privilegiados europeos. Ellos tienen dentro de este comercio una especie de “patente de corso”, que los pone en ventaja frente a los emprendedores 100% cubanos.

Bueno sería una regulación oficial de este comercio, que les brinde la posibilidad de crear cooperativas o empresas, pequeñas al principio pero con posibilidades de expandirse, para que ejecuten su actividad al por mayor y envíen las mercancías en contenedores. Bajarían los costos, aumentaría la competencia y con ello mejorarían los precios para un pueblo que siendo el que menos gana en el mundo por su trabajo, es uno de los que más caro paga por sus artículos de consumo.

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