Muere la poeta nicaragüense Claribel Alegría

Claribel Alegría

Su hija Patricia Flakoll declaró que la autora de “Anillo de silencio”, “Acuario” y “Amor sin fin” murió esta mañana en su casa en Managua, rodeada de sus cuatro hijos.

La poeta comenzó a sentirse mal hace una semana y “su estado general se fue complicando” hasta que este jueves ocurrió el deceso, explicó su hija.

“Pero se fue tranquila y nos esperó a todos. Sus cuatro hijos estuvimos a su lado. Es tan duro, ¿sabes? la creíamos inmortal”, agregó.

Poeta, novelista, ensayista y traductora de poesía, Claribel Alegría (Estelí, Nicaragua, 1924) dejó una vasta obra literaria traducida a 14 idiomas y numerosos premios internacionales, como el de Casa de las Américas, en Cuba (1978) y Gabriela Mistral, en Chile (2010).

Su último galardón, el premio Reina Sofía, lo recibió en noviembre pasado en el Palacio Real de Madrid, convirtiéndose en la primera poeta mujer de Centroamérica en obtener esa distinción.

El jurado decidió otorgarle el premio por “la proyección internacional” de su “sólida trayectoria poética dominada por el optimismo y su vitalidad”.

Claribel Alegría, la “Majestad” de la poesía latinoamericana

Por Gabriela Selser (dpa)

HAVANA TIMES – La poeta nicaragüense Claribel Alegría, Premio de Poesía Iberoamericana Reina Sofía 2017, deja un vasto legado en poesía, novela y ensayo, por el cual era conocida como “Su Majestad” en el mundo literario latinoamericano.

Alegría (Estelí, 12 de mayo de 1924), quien murió en la mañana de este jueves en su casa en Managua, fue poeta, novelista, ensayista y traductora de poesía.

Su obra fue traducida a 14 idiomas y obtuvo numerosos premios internacionales, como el de Casa de las Américas, Cuba (1978), Gabriela Mistral, Chile (2010) y Reina Sofía de España, que recibió en noviembre pasado en el Palacio Real de Madrid.

Fue la primera poeta de Centroamérica que obtuvo la máxima distinción española a bardos iberoamericanos, galardón que en Nicaragua también recibió el escritor y sacerdote Ernesto Cardenal.

El jurado decidió otorgarle el premio, que fue entregado por la Reina Sofía de España, por “toda una vida dedicada a la poesía” y por “la proyección internacional” de su “sólida trayectoria poética dominada por el optimismo y su vitalidad”.

De padre nicaragüense y madre salvadoreña, Alegría publicó en 1948 su primer libro, “Anillo de silencio”, al que siguieron 18 poemarios que vieron la luz en distintos países de América Latina durante siete décadas.

Su última obra, publicada a mediados de 2017, fue “Amor sin Fin”, un nostálgico poema de 65 páginas dedicado a su añorado esposo, el escritor y traductor estadounidense Darwin “Bud” Flakoll, fallecido en 1995.

Alegría vivió su niñez en El Salvador y parte de su juventud en Estados Unidos, fue discípula del español Juan Ramón Jiménez, quien influyó desde un inicio en su larga carrera de poeta, marcada también por la obra del alemán Rainer María Rilke, según contó en distintas ocasiones.

Considerada una de las plumas latinoamericanas más importantes, formó parte de una generación de poetas y escritores que se involucraron en procesos políticos de izquierda como la revolución sandinista en Nicaragua y los movimientos insurgentes en El Salvador, Guatemala y Honduras en las décadas de 1970 y 1980.

Desde esa posición, Alegría apoyó activamente al gobierno sandinista.

Participó en vigilias de paz y fue anfitriona en Managua del escritor argentino Julio Cortázar, el colombiano Gabriel García Márquez y los uruguayos Eduardo Galeano y Mario Benedetti, entre muchos otros.

Sin embargo, al igual que otros conocidos intelectuales como el escritor Sergio Ramirez y la poeta Gioconda Belli, se separó luego del sandinismo por disentir del liderazgo del presidente Daniel Ortega, quien retornó al poder en 2007 y aún gobierna el país.

“No me quejo de nada, he vivido intensamente rodeada de poesía, porque aunque desaparezcan los libros de papel la poesía va a vivir siempre”, aseveró en la última entrevista concedida a dpa en Managua, hace tres meses.

En esa ocasión preparaba maletas para viajar a Madrid a recibir el Premio Reina Sofía, y a la felicidad del momento sumó el regalo de conocer a sus cinco bisnietos, residentes en Francia.

“Con la poesía nacemos a la vida, desde aquellas mujeres de las cavernas que les cantaban y arrullaban a sus hijos… ¡todo eso era poesía!”, dijo entonces.

Aunque hasta el final navegó en internet y respondía toda su correspondencia por email, la poeta siempre prefirió leer en papel.

“Me sigue gustando el libro de papel. Me gusta verlo, olerlo, tocarlo, acariciarlo, y sentir toda la fuerza de las letras en mis manos”, subrayó.

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