El último demócrata

Editorial El ComercioEditorial

La lección de Bedoya Reyes es que la defensa del sistema democrático más allá del proyecto político personal es posible.

Luis Bedoya Reyes

“Hace dos días, el líder histórico del Partido Popular Cristiano (PPC), Luis Bedoya Reyes, cumplió 99 años entre saludos y reconocimientos de prácticamente todos los sectores políticos y de la ciudadanía”. (Foto: Archivo El Comercio)

Hace dos días, el líder histórico del Partido Popular Cristiano(PPC), Luis Bedoya Reyes, cumplió 99 años entre saludos y reconocimientos de prácticamente todos los sectores políticos y de la ciudadanía. En principio, la sola circunstancia de que una persona llegue a esa edad gozando de buena salud y perfecto uso de sus facultades mentales es ya un logro. Pero lo que se ha querido homenajear en el caso de Bedoya Reyes es bastante más. A saber, una trayectoria limpia y ejemplar en un terreno en el que las mezquindades y la búsqueda del provecho personal abundan.

Desde luego que sus éxitos en el terreno electoral han sido importantes. Así lo confirman las brillantes campañas que lo llevaron a ser alcalde de Lima en dos períodos sucesivos en la años sesenta. Y también aquella que le permitió al PPC salir segundo en las elecciones a la Asamblea Constituyente de 1978 y a él, en particular, obtener una votación preferencial solo superada por la de Víctor Raúl Haya de la Torre.

Pero con la misma claridad hay que señalar también que no todos los empeños en los que se embarcó a lo largo de su carrera política fueron aciertos. Sus campañas presidenciales y las alianzas que forjó a nombre de su partido, por ejemplo, más que acercarlo al poder, tendieron a alejarlo de él, privando acaso al país de un mejor destino que el que le depararon los gobiernos de Fernando Belaunde y Alan García durante la década de los ochenta. Y, en general, no supo desembarazarse del fácil membrete de ‘derechista’ o ‘reaccionario’ que le colocó la izquierda y que lo hizo lucir siempre como un candidato capitalino y representante de las clases altas.

¿En qué ha consistido entonces la gran lección que nos deja? Pues, en este Diario opinamos que en su compromiso perseverante con el sistema democrático y el Estado de derecho. Un compromiso, además, que supo poner por encima de su proyecto político personal o el del PPC, a diferencia de tantos otros líderes partidarios y candidatos que han pregonado y pregonan ese principio, pero son incapaces de darle existencia alguna fuera de la retórica.

Desde la leal defensa que ejerció del depuesto presidente Luis Bustamante y Rivero durante la dictadura de Odría hasta su gravitación en varios episodios de distensión política durante los últimos años, Bedoya Reyes, en efecto, se ha caracterizado por alentar la estabilidad de la democracia peruana sin tratar de introducir una baza en su actuación.

El apoyo sin condiciones que, 40 años atrás, le dio a Haya de la Torre para que se convirtiera en presidente de la ya mencionada Asamblea Constituyente puede servir para ilustrar esa afirmación. Pero quizás los mejores ejemplos los encontremos en la actitud que tuvo hacia los gobiernos que llegaron al poder tras derrotarlo en las ánforas.

A diferencia de los que hemos visto en experiencias recientes, no dictó él un ejercicio opositor revanchista a sus bancadas congresales, sino que colaboró –en el caso del gobierno de Acción Popular del 1980 a 1985– o practicó la fiscalización y el contrapeso –en el caso del gobierno aprista de 1985 a 1990–, cumpliendo con sus votantes pero sin incendiar la pradera. En cada una de esas oportunidades, el buen tino de esas decisiones puede ser discutido, pero el desinterés que las motivó, no.

Es pertinente también traer a colación el proceso político que condujo a la formación del Fredemo, antes de las elecciones de 1990, para reforzar este argumento. En ese entonces, Bedoya había rebasado apenas los 70 años y sus eventuales aspiraciones a ser el postulante presidencial de esa alianza habrían sido perfectamente legítimas. No obstante, no hizo esfuerzo alguno por conseguir esa nominación. Preocupado por la situación de violencia y caos económico que vivía el país, prefirió ceder el lugar a Mario Vargas Llosa, a sabiendas de que ello significaba su retiro de todo protagonismo en la política nacional.

Y en ese caso, una vez más, los resultados son opinables, pero la vocación democrática del viejo líder no. ¿Puede alguien recordar gestos de esa talla en favor del sistema de parte de algún otro político peruano vivo? Seguramente no; y es eso lo que hemos celebrado y homenajeado en estos días.

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Autor: gustavo1941

Ex preso politico cubano, refugiado en EE UU. Presidente de la Academioa Cubana de Altos Estudios Masonicos de la Gran Logia de Cuba de AL y AM (2005 a 2011); Gran Canciller Secretario General del Supremo Consejo del grado 33 para la Republica de Cuba del REAYA(2005-2008). Autor y conferencista.