Egipto: signos y símbolos de lo sagrado – CORAZÓN

Corazón

Para los egipcios el corazón era la víscera más importante del ser humano, aquel que proporcionaba la libertad de acción y de discernimiento. Emplearon dos palabras distintas para designar el órgano: una era ib y la otra Haty. Aunque existen problemas para percibir de una forma clara cuándo debía ser usado un término u el otro, parece que el primero se suele referir a la entraña como responsable de los actos, la conciencia, la sede del pensamiento, la memoria, la inteligencia, la imaginación, el valor, la fuerza de la vida, el deseo, etc, mientras que la segunda suele utilizarse cuando quieren indicar el corazón en su aspecto físico. Por todo ello era un órgano que no se retiraba del cuerpo en el proceso de la momificación.
La adscripción del corazón como sede del razonamiento queda clara en la teología menfita. En ella se explica cómo Ptah creó gracias a que su corazón “pensó” y, posteriormente, por la intervención de la palabra. Es decir, gracias a que “pensó” y lo que deseaba esto se hizo realidad originando todo cuanto existe.
Como órgano que originaba los sentimientos, tanto buenos como malos, era el que debía testificar en el Más Allá. Es decir, debía someterse a un juicio en el que el difunto sería juzgado por sus actos en la tierra. Para ello, era el corazón el que se pesaba en una balanza donde se situaba, como contrapeso, a la diosa del orden cósmico y de la justicia, Maat o la pluma de avestruz que la representaba. Para salir venturoso y ser considerado merecedor de vida futura, el corazón debía de ser tan ligero como la diosa. En caso contrario, éste sería devorado por un genio que esperaba al pie de la balanza y de este modo perecía definitivamente. En este acto parece que el corazón puede interpretarse como la conciencia (de ahí el término “psicostasia”). Sin embargo conviene tener presente que, aunque en el Reino Medio existía un tribunal que juzgaba los actos del individuo, entonces no existía aún el arbitraje que hizo su aparición en el Segundo Período Intermedio y de forma continuada en el Reino Nuevo.
Por esta razón, sobre los cuerpos de las momias y en concreto sobre su pecho, se incluía un sustituto del corazón, que consistía en un escarabeo (véase “escarabajo”) en piedra o pasta, grande, inscrito con el Capítulo 30 del “Libro de los Muertos”. En la inscripción se exhortaba al órgano para que no testificara en contra del finado, una especie de “fórmula mágica para la seguridad del fallecido”

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Autor: gustavo1941

Ex preso politico cubano, refugiado en EE UU. Presidente de la Academioa Cubana de Altos Estudios Masonicos de la Gran Logia de Cuba de AL y AM (2005 a 2011); Gran Canciller Secretario General del Supremo Consejo del grado 33 para la Republica de Cuba del REAYA(2005-2008). Autor y conferencista.