El nuevo Presidente y la “cabeza de caballo” que le deja Raúl Castro

Posted: 17 Apr 2018 09:55 AM PDT

La vende, se la come o la entierra

Por Pedro Campos

 Tomando la siesta. Foto: Juan SuárezHAVANA TIMES – El nuevo presidente, sea quien sea, y todo parece indicar que será el actual vicepresidente Miguel Díaz Canel, heredará de su predecesor lo que en buen cubano llamamos una tremenda “cabeza de caballo”, desde luego, de un caballo muerto.

La situación para el mantenimiento del sistema castrista es peor que la heredada por Raúl. Ya Venezuela es poco lo que puede ayudar, la situación internacional, particularmente en América, se hace desfavorable al régimen por los cambios de Gobierno en Brasil, Argentina, Chile, Ecuador y EE.UU. y, en general, por el retroceso de la ola populista-paternalista-estatalista y antiestadounidense que alimentaron el chavismo y el Foro de Sao Paulo, con el castrismo como alimentador de fondo.

La reciente Cumbre de Lima así lo atestigua.

En el orden socio-económico se han agravado los problemas fundamentales que afectan a la población: la vivienda, la alimentación y el transporte. La salud y la educación, los dos grandes logros del castrismo, también han sido seriamente afectados por los recortes en los programas sociales, los cambios de política educacional, la necesidad de “alquilar” médicos en el extranjero, el pago de la deuda externa y la priorización de la inversión en el turismo que dé divisas.

La causa principal de la agudización del desastre ha sido la persistencia del castrismo en el sostenimiento de la propiedad estatal explotada en forma asalariada-semiesclava, que desestimula la producción y la eficiencia, al tiempo que genera corrupción y  su resistencia a permitir el desarrollo de las llamadas formas no estatales de producción como la economía privada, la cooperativa y la inversión extranjera.

En fin, a propiciar la liberación de las fuerzas productivas de las mil y una ataduras “legales” y arbitrarias nacidas y desarrolladas a partir de los prejuicios ideológicos del neoestalinismo y el miedo a perder parte del poder económico y político.

Lo más interesante de esa situación es que las propias expresiones de los personeros del castrismo y los acuerdos de los dos últimos Congresos del PCC sugieren que existe conciencia sobre esa complejidad y llegaron incluso a enunciar las esencias de las soluciones, pero han sido incapaces de hacer efectivas esas formas no estatales de producción.

Y ese puede ser el reto más importante el nuevo presidente. Porque con una “cabeza de caballo” muerto, solo hay tres opciones: venderla, quedársela y empacharse con ella, o enterrarla.

 El niño en rojo. Foto: Juan Suárez¿Venderla? No aparece a ojos-vista otra URSS o Venezuela chavista dispuesta a pagar oro a cambio de baratijas, ni se ven muchos interesados en invertir sus capitales en un país donde no hay seguridad alguna para la economía privada, salvo algunos esclavistas españoles que aspiran a recuperar su excolonia compartiendo la explotación abusiva semiesclava de los trabajadores cubanos del turismo.

¿Quedársela y empacharse? Si Raúl Castro, junto a su hermano, los máximos responsables de esta situación, decidió pasarle el muerto a “la nueva generación” y él mismo con todo su compromiso histórico desde el Moncada no ha querido cargar con la responsabilidad del desastre, ¿por qué tendrían que hacerlo los que vienen detrás que no tienen los mismos compromisos con la historia del castrismo?

¿Enterrarla? Enterrar el viejo sistema de economía y política híper centralizadas, podrido y a la espera de sepultura y aplicar consecuentemente la enunciada liberación de las fuerzas productivas, abrir la economía y la sociedad toda en un intento renovador que podría contar con el apoyo mayoritario del pueblo y la comunidad internacional, parece la ser la opción más inteligente y prometedora.

Sin embargo, esto conlleva un gran problema que subyace en el fondo del estatalismo castrista: el control de la economía en divisas por parte del Ejército y su evidente manejo a favor de los intereses estrechos de los militares los que sí han recibido buenas viviendas, mejores salarios y también medios de transporte privados. Los generales que controlan el país creen que así tienen garantizadas sus espaldas.

De manera que enterrar la “cabeza de caballo” en Cuba pasa por una confrontación con el poder económico de los militares que, hasta ahora, siendo los que mejor comprenden los beneficios de la economía de mercado, parecen dispuestos a mantener sus monopolios.

¿Estarán los nuevos gobernantes dispuestos a realizar los cambios necesarios y enfrentar los monopolios de los militares y la burocracia corrupta? ¿Habrá una negociación entre los civiles y los militares que garantice el poder económico de estos últimos y permita el desarrollo de la economía civil, estatal e independiente?

De eso nos enteraremos en los próximos meses.

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