Análisis de los valores que construyen la identidad del mexicano (PARTE III)

Katia A. Figueroa Rodríguez,* Benjamín Figueroa Sandoval,** Benjamín Figueroa Rodríguez,*** Francisco Hernández Rosas****

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Valores rurales y urbanos

Según Matamoros (2005), los valores no son estáticos, dependen de la dinámica de la actividad de los hombres, de su ciclo de vida, y permiten observar cambios sociales en los pueblos. Es decir, los valores se relacionan con el quehacer del individuo y, cómo observamos en los resultados obtenidos, los valores evaluados varían en función de las características de los participantes. La pregunta que buscamos responder es si los valores evaluados son característicos de las personas rurales o urbanas. Originalmente se contaba con una encuesta telefónica publicada en Milenio que entrevistó a 500 personas al azar (De las Heras, 2009). En virtud de que se basaron en los listados telefónicos, se consideró que los entrevistados tendrían más oportunidad de pertenecer a áreas urbanas; sin embargo, al no tener la información concreta, los resultados se tomaron como referencia comparativa con lo que encontramos en el presente estudio.

Como se observa en el cuadro 3, existen diferencias considerables entre los resultados presentados por De las Heras (2009) versus los encontrados en el presente estudio. En el caso de Los mexicanos son, en general, la media de los valores fue menor para los habitantes del municipio de San Luis Potosí, especialmente para los casos de “apasionados”, “entrones”, “fiesteros” y “cariñosos”, lo que hace pensar que estos valores permiten caracterizar de mejor manera a las personas de las áreas urbanas, mientras que la población rural considera que los mexicanos son más “ahorradores”, “honrados”, “trabajadores” y “sinceros”.

Como lo observa Macías (2007:1028-1029), “cada grupo tiene intereses y cosmovisiones que, en la mayor parte de los casos, son altamente contrastantes, disminuyendo las posibilidades de consolidar patrones culturales compartidos”. Los pobladores de las áreas rurales parecen tender a identificar a los mexicanos con valores positivos relacionados con el trabajo, mientras que los valores más de tipo sentimental son minimizados. Los entrevistados, al emitir su opinión sobre los mexicanos, lo hacen sujetos a su marco simbólico (Nivón y Rosas, 1991), en el que la identidad colectiva de un grupo de individuos y sus definiciones dependen de su contexto históricamente específico y socialmente estructurado (Giménez, 2000). El concepto mexicano no es, entonces, universal o creado conceptualmente por los mexicanos de manera universal; por el contrario, está definido por grupos locales.

Para el caso de la autopercepción, las medias de casi todos los valores reportados por los habitantes del municipio de San Luis Potosí que participaron fueron menores a las que reporta el diario Milenio. En este sentido, los casos más notables siguen siendo Yo soy “apasionado(a)”, “cariñoso(a)”, “romántico(a)” y “valiente”. El único caso donde no hubo diferencia es en la percepción de ser “trabajador(a)”. El resultado puede explicarse en cierta medida debido a que los habitantes de áreas rurales tienden a ser más modestos con su autopercepción. No obstante, los resultados deben tomarse con cautela debido al origen de los datos utilizados para el comparativo.

Para verificar diferencias entre los valores de los habitantes del medio rural con los del medio urbano, se separaron los datos de los habitantes de ciudades con más de 2 500 habitantes del resto de las poblaciones y se procedió al análisis estadístico. Como se observa en el cuadro 4, al igual que lo observado anteriormente, Los mexicanos sonmás “honrados” según los habitantes del medio rural; sin embargo, los habitantes rurales se calificaron como Yo soy más “honrado(a)” que aquellos del medio urbano. Así mismo, los urbanos afirmaron más que Los mexicanos son “fiesteros”, así como Yo soy “fiestero(a)” en relación con los habitantes rurales, un resultado que coincide con los hallazgos previos. Al igual que como se había observado inicialmente, el habitante rural se consideró “precavido(a)”, “amable” y “sincero(a)”. Para el resto de los valores no hubo diferencias significativas entre los valores según los habitantes rurales y los urbanos.

Según Giménez (1996), las identidades locales en las comunidades campesinas tradicionales han logrado mantenerse a pesar del contacto con la modernidad. En este sentido, es posible explicar que no existan grandes diferencias entre los habitantes rurales y urbanos de los dos municipios evaluados, ya que finalmente comparten un pasado histórico rural que aún los liga. Por el contrario, el contacto con la modernidad y el crecimiento urbano sólo transforma la cultura y las identidades tradicionales, enriqueciéndolas, redefiniéndolas y articulándose con ella.

 

Los valores de los mexicanos

Según Macías (2007), existen conciencias menos comprometidas con las grandes identidades universalmente construidas, como el Estado nacional, la clase o la familia, y más dependientes del individualismo, la diversidad y el escepticismo de la cultura occidental. Dichos cambios culturales han repercutido en la definición de lo que caracteriza a un mexicano e incluso de lo que puede caracterizarlo de manera individual y local. Las diversas percepciones de algo varían porque a medida que los grupos crecen las características culturales que le dan unidad disminuyen, por lo que los actores sociales deben recurrir a crear grupos locales en los que sí logren resignificar los elementos que comparten, lo que implica que existan diferentes definiciones de lo que es ser un mexicano en función de la región o unidad geográfica menor.

Entre los análisis hechos sobre los “valores de los mexicanos” están los estudios generados por el Banco de México (Grupo Financiero Banamex-Accival, 1981, 1987 y 1995). A diferencia del presente estudio, el interés se enfocó en los valores ligados a la política, la Nación, el país con respecto a otros países, los padres y la sociedad. En lo que respecta a valores personales, el estudio exploró las características del pueblo mexicano, y encontró que los encuestados lo definen como “aguantador”, “patriota”, “alegre” y “sacrificado”, principalmente, valores que no evaluamos en el presente estudio.

De igual manera, el estudio abordó el tema de las características más valiosas en una persona, y encontró a la “honradez”, el “respeto” y la “humildad” como las más importantes, con el “ahorro”, la “resignación” y la “tolerancia” como antítesis. Esto coincide parcialmente con nuestros estudios, donde Yo soy “honrado(a)” fue evaluado como alto y Yo soy “ahorrador(a)” como bajo. Así mismo, en el estudio se exploraron los atributos valiosos en la mujer, encontrando entre ellos ser “inteligente”, “trabajadora”, “honesta” y “limpia”. Esto coincide con lo previamente establecido de Yo soy “trabajador(a)”, “honrado(a)” e “inteligente” que encontramos en nuestro análisis.

En términos de los estudios de culturas nacionales, los autores han encontrado que varias culturas tienen los mismos valores; las diferencias entre ellas reside en el grado de expresión de la importancia de esos valores (Hofstede, 1980; Inglehart et al., 1998; Clarke y Micken, 2002). Sin embargo, los resultados muestran que al interior de una cultura “nacional” coexisten diversas subculturas que dependen de las características individuales, lo cual coincide con resultados de investigaciones previas (Schwartz, 1999). Por ejemplo, Alduncin (2005:27) menciona que los valores de los habitantes de la Ciudad de México varían con los que se observan en el resto del país; de esta manera, “el norte, el centro y el suroeste tienen más valores en común entre ellos que con la capital”.

Implicaciones de los valores de los mexicanos

Una de las implicaciones de los valores en la sociedad se encuentra en el entorno empresarial como parte de los valores que pueden fomentarse entre los empleados en la cultura de la empresa. En este sentido, se ha encontrado que el grado de apego a la organización se predice por los valores de los empleados, sus creencias sobre lo que es importante en sus lugares de trabajo (Judge y Bretz, 1992). Jahoda citado por Ros et al. (1999), por ejemplo, encontró que el trabajo cumple con las funciones sociales y psicológicas de estructurar el tiempo, proveer experiencias compartidas y contacto social, promover objetivos sociales, brindar estatus e identidad, así como proveer actividades regulares, por lo que alinear los valores individuales y contextualizarlos en el trabajo resulta importante. En un estudio de Pelled y Hill (1997) sobre las maquiladoras en el norte de México, encontraron que si bien es cierto que los empleados consideran importante la paga y mantenerse ocupados, no basan su apego a la organización en torno a esos factores y que los factores como el estatus que logran en la empresa o el esfuerzo para promoverse juegan un papel importante en el grado de apego organizacional. Esto último se relaciona directamente con los hallazgos referentes a tener como valores personales ser “trabajador(a)” y “honrado(a)”.

La investigación de Ros et al. (1999), que compara los valores básicos con los valores en el trabajo basada en un comparativo de las percepciones de profesores y estudiantes de pedagogía en España, revela que existían diferencias en la importancia que cada grupo atribuía al trabajo como un valor. Los segundos veían al trabajo como un lugar donde podían desarrollar todos los tipos de valores básicos, incluidos aquellos de autorrealización, mientras que los primeros no veían al trabajo como una manera de promover sus intereses propios o de lograr independencia y retos. Esto implica que las percepciones del valor del trabajo dependen del grupo que los evalúa, en coincidencia con los hallazgos de la presente investigación, en la que se registraron diferencias en los valores básicos según la ocupación del encuestado. Por ejemplo, los empleados y los productores agropecuarios se consideraron más “trabajador(a)” que los que tienen un negocio propio o que las amas de casa; lo mismo pasó con Yo soy “entrón(a)”. En contraparte, no se registraron diferencias para el resto de los valores evaluados con respecto a la ocupación del encuestado; esto podría explicarse como que el resto son valores de tipo central, es decir, son compartidos o rechazados por todos.

Por otra parte, el tipo de organización donde se labora también es determinante en la autopercepción de los empleados. Por ejemplo, Vera et al. (2006) encontraron diferencias entre los empleados de una ONG y los de una institución pública en la percepción de la autoridad y otros factores, por lo que esta variable también debe considerarse en futuras investigaciones. Aunado a lo anterior, debe considerarse también el impacto que tiene la cultura de una empresa, organización o institución en los valores individuales, ya que no existen análisis psicológicos que documenten dichos cambios o la evolución de los valores.

 FUENTE: Culturales. versión On-line ISSN 2448-539Xversión impresa ISSN 1870-1191

Culturales vol.8 no.16 Mexicali jul./dic. 2012

 

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Autor: gustavo1941

Ex preso politico cubano, refugiado en EE UU. Presidente de la Academioa Cubana de Altos Estudios Masonicos de la Gran Logia de Cuba de AL y AM (2005 a 2011); Gran Canciller Secretario General del Supremo Consejo del grado 33 para la Republica de Cuba del REAYA(2005-2008). Autor y conferenciassta.

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