Dialogo intergeneracional y manipulación en los acontecimientos en Nicaragua

Por Julieta Kuhl*

HAVANA TIMES – Nací en 1976… (¡está bien que saquen la cuenta, me gusta mi edad!)… Sí, yo también en algún momento escuché una historia de lo que sucedió antes de mi nacimiento, oí la versión de mis padres y de mi abuelito paterno, sus relatos se mezclaban con lo que pronto empecé a vivir en carne propia, crecí en los 80.

Mi responsabilidad como psicóloga implica una constante revisión y un permanente trabajo de sanación personal… es simple: no podemos dar lo que no tenemos. Y fue esa la ruta que me llevó a descubrir y a sanar en mí las secuelas que las dos últimas guerras en el país habían dejado en mi cuerpo y en mi alma. De ese trabajo personal y de mi adicción al estudio fue que surgió mi tesis doctoral: Secuelas de guerra en el profesorado de la UNAN – FAREM Matagalpa.

Hoy quiero compartirles mi aprendizaje en esos dos procesos.

Las secuelas emocionales de una guerra se irradian hasta la cuarta generación, sí, saquen cuentas. Se difunden principalmente, porque el dolor de la vivencia es tan grande, que procuramos no hablar de ello, y “eso” “no dicho” dificulta la comunicación entre padres, madres, hijos y busca otra vía de escape, hay casos en que es a través del alcohol, otros a través de conductas violentas, muchas veces refugiándose en la religión.

Encontré en mi investigación que las principales secuelas que aún están presentes son el miedo, la desconfianza, el silencio, la violencia, sentimientos de culpa, el duelo no resuelto, todas estas tienen manifestaciones en la salud física, las cuales también documenté.

Es desde esas secuelas que no hemos logrado vivir sin miedo, no hemos logrado confiar (nuestras casas están rodeadas de verjas, no compartimos toda la información, porque “se nos pueden ir arriba”, no expresamos lo que sentimos, porque “no vaya a ser que lo tomen a mal”, hay “serruchaderas de piso”, etc); desde el dolor de no haber logrado nuestros sueños, de no haber seguido estudiando, porque entregamos nuestra vida a una causa justa (el planteamiento de muchos exguerrilleros, excachorros, exEPS, excontras, exresistencia) se ha reclamado durante años a los jóvenes: “Ustedes no saben lo que es una guerra” “chavalitos mimados, ¡ya quisiera verlos con un fusil a tuto!” y se les demanda que también estén dispuestos al sacrificio.

Es esa herida sin sanar la que no nos ha permitido ver la completitud de la juventud. Por eso, el 19 de abril Nicaragua entera los miraba con esa mezcla de admiración, miedo y asombro. Ellos sí tienen criterio propio, ellos saben lo que quieren o no para sus vidas y tienen derecho a desear algo diferente de lo que queríamos nosotros a su edad… sin embargo, en esencia, quieren lo mismo: vivir en paz, que se les respete y se les deje libres de SER.

He leído hasta el agotamiento que todo eso es fruto de la manipulación. Y sí, reconozco que hay mucha manipulación, de un lado y del otro; pero ¿saben qué? Me avergüenza ver que somos adultos, somos las generaciones anteriores, esas que aún no hemos sanado, las que estamos manipulando… Porque seguimos sin confiar. Porque queremos controlar lo que piensan, dicen y hacen nuestros jóvenes, porque seguimos creyendo que solo nuestra experiencia es válida. Porque no nos hemos dado cuenta de lo ambiguo de nuestros mensajes a la juventud: reclamamos su sacrificio y a la vez, no queremos que vivan lo que vivimos nosotros. Y eso pasa, porque no nos hemos sanado.

Hay una parte de la historia que no la viví, pero pregunto, cuando los chavalos hicieron insurrección, ¿había un plan para después?  ¿Ya se tenía listo quién gobernaría?… El pueblo confió.

Nuestros jóvenes nacieron y crecieron en un contexto diferente al nuestro, dejémosles ser, dejemos de juzgar y manipular. Empecemos a reconocer nuestra herida, hagámonos cargo de nuestra sanación y estemos ahí en el presente, pues los jóvenes necesitan nuestro respaldo.

Como dijo el alcalde de Bocay, el día martes en el plantón: “Ya basta de viejos políticos, son los jóvenes los protagonistas”… Dejemos que protagonicen su propia historia.

Jóvenes, tomen de nosotros la fuerza y el valor que hemos tenido para defender lo nuestro, pero sepan que no necesitan recorrer los mismos caminos, aprendan de nuestros errores para no repetirlos y abracen la vida, toda.

*Profesora universitaria de Psicología, de la UNAN, Nicaragua

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.