La amenaza de aranceles de Trump pone en cuestión el modelo de Alemania para salir de la eurocrisis

1 MAY. 2018 02:48

La canciller alemana, Angel Merkel, y el presidente de EEUU, Donald Trump. REUTERS

Fueron dos estilos muy distintos: uno deferencial; otro, de una distancia calculada. Emmanuel Macron y Angela Merkel trataron de acercar posiciones entre sus países -Francia y Alemania- a los Estados Unidos de Donald Trump. El primero consiguió los parabienes de su anfitrión. La segunda, una oleada de críticas en público inimaginable en un país normal. Pero, en el terreno de las realidades concretas, ninguno de los dos consiguió nada. Europa es, verdaderamente, irrelevante en EEUU.

Y así ha llegado el 1 de mayo, el día en el que EEUU debería imponer aranceles extra de entre el 10% y el 25% a las importaciones de acero y aluminio de la UE, aunque Trump decidió posponer un mes esta imposición. Un mes más de tensión, como en los ‘reality shows’ que hicieron famoso al actual presidente de EEUU.

Y, entretanto, el reloj seguía corriendo, para desesperación de la UE y en especial de Alemania, el país europeo que más acero exporta a EEUU. Trump parecía disfrutar con la tortura a sus aliados. Más irrelevancia, imposible. Es paradójico, porque la noticia del fin de semana fue la compra de la cuarta telefónica estadounidense (Sprint, que es del fondo japonés Softbank) por la tercera (T-Mobile, que es de la alemana Deutsche Telekom).

Así pues, el peso económico europeo no tiene reflejo en la realidad política. Como explica Matthias Matthijs, profesor de Ciencia Política de la Universidad Johns Hopkins, “la presidencia de Trump ha puesto de manifiesto tres vulnerabilidades letales de la UE: su dependencia de los estadounidenses en defensa, de los rusos en energía, y de las exportaciones para crecer. El presidente de EEUU está explotando las tres simultáneamente, y, por tanto, la influencia de la Unión Europea en Washington está desvaneciéndose rápidamente”.

El problema es particularmente serio para la Alemania de Angela Merkel, porque es el gran país europeo que más ha enfatizado esa triple dependencia. Durante la crisis del euro, entre 2010 y 2013, Berlín obligó a los demás países de la Eurozona a llevar a cabo devaluaciones internas. O sea, a bajar los salarios. A cambio, esos países -empezando por España- se hicieron más competitivos. Pero, sin demanda interna, solo pudieron crecer exportando. Igual que Alemania.

Ahora, Trump, que desde el punto de vista económico se parece mucho a Merkel -ambos son mercantilistas, es decir, creen que un país debe exportar más que importar- está aplicando ese mismo modelo, aunque, en su caso, no está bajando los salarios de los estadounidenses -entre otras cosas, porque éstos no pueden bajar más- sino aprovechando el peso político de ese país para amenazar con cerrar sus fronteras a las importaciones que afecten a los obreros siderúrgicos a los que les debe la presidencia. El resultado es que el modelo económico con el que la eurozona escapó del colapso del euro depende, en palabras de Matthijs, “de un narcisista imprevisible en la Casa Blanca“.

Trump no quiere cambiar. Y Merkel no es capaz de cambiar. Así que el desencuentro va para largo. Y, con él, la amenaza para la estabilidad económica de la Unión Europea.

http://www.elmundo.es/economia/macroeconomia/2018/05/01/5ae76bf222601d9a6c8b4582.html

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