Visión Postmoderna de los Landmarks Masónicos (PARTE I)

Por: Mario Morales Charris 33º

Ex Ven:. Maest:. Resp:. Log:. Lealtad No. 7

Ex Gran Maestro de la Muy Resp:. Gr:. Log:. del Norte de Colombia

Pres:. Gran Consejo de Cab:. Kadosch «Lealtad Nº 3», Cám:. 30°

Para tratar el tema de los denominados “Landmarks”, previamente debemos llegar a una definición de los mismos en la que todos podamos estar de acuerdo –asunto que siempre hemos considerado difícil como es la de definir algo, pero hagamos el ejercicio– ya que resulta más que evidente que para llevar a cabo el objeto de la reflexión es necesario, primero, definir con claridad al sujeto de la misma. Por consiguiente, cabe preguntarnos:

¿Qué son y qué no son los denominados “Landmarks”? ¿A qué nos estamos refiriendo cuando empleamos este término? ¿Todos los Masones consideramos los “Landmarks” la misma cosa?

En caso contrario, ¿podemos llegar a una definición general del término, independientemente de la “versión oficial” de nuestros respectivos Orientes, Ritos y Obediencias?

Entonces, vayamos tras una definición:

“Landmarks”: es un vocablo inglés compuesto por dos palabras: “Land” que significa tierra, terreno, suelo, país, nación, región territorio, y “Mark” que traduce marca, lindero, territorio fronterizo. Literalmente “Landmark” (en singular) denota marca de tierra, y metafóricamente se aplica a las marcas, señales y reglas invariables, o rasgos institucionales que se han considerado esenciales incorporarlos o anexarlos en toda constitución, reglamento o estatuto Masónico. Por esta razón, en Francmasonería entendemos por “Landmarks”“Linderos”, o “Antiguas Marcas” como los principios o reglas de Gobierno Masónico que supuestamente determinan la naturaleza de nuestra Institución y que por provenir de tiempos remotos, se tienen en su mayor parte por inviolables. Dentro de estos “linderos” se encuentra la Francmasonería, fuera de ellos, no existe. Es decir, los “Landmarks” son las bases que dieron origen a los Reglamentos, Constituciones y Estatutos de las Logias Operativas o de Constructores y los Grandes Cuerpos Masónicos esparcidos por la superficie de la tierra.

Los “Landmarks”“Linderos” o “Marcas” son reglamentos propios impuestos por la Masonería anglosajona y habrían sido tomados de la Biblia (Job 24.2 Pr 22.28/23.10) y nos recuerda los linderos –físicos y conductivos– que no se deben violar. Decimos que podría ser tomada de la Biblia por la fuerte influencia que tuvo el catolicismo sobre nuestra Institución. No hay ninguna duda que el origen real e histórico de la Masonería se ubica en la Edad Media cuando, después de la caída del Imperio Romano, la Iglesia Católica, interesada en su esplendor, se dedicó a la construcción de Abadías, Catedrales y Templos y, por otro lado, los Príncipes y Señores Feudales, para demostrar su poder, construyeron sus Palacios y Castillos. Por tanto, pensamos que no es ninguna coincidencia que en Masonería se denominen “Landmarks” a las limitaciones que presumiblemente ninguna Gran Logia puede derogar, ignorar o modificar, puesto que en ellos están contenidos los principios y la esencia misma de la Fraternidad.

Por una costumbre que se ha ido degradando al paso del tiempo, la palabra “Landmark” se ha traducido entre los Masones como “Límite”“Demarcación”“Frontera”, usándola como alegoría para expresar por un lado, al interior, los alcances de la Orden, su límite de acción; y por otra, al exterior, como un medio de defensa ideológico útil para rechazar de plano todos aquellos conceptos que pudieran contaminar y/o deformar su integridad como organización única y original. Sin embargo, el Diccionario Larousse Ingles – Español, define la palabra “Landmark” así: LANDMARK: 1.- [prominent feature] PUNTO DE REFERENCIA; 2.- fig. (figurativo) [in history] HITO, ACONTECIMIENTO DECISIVO.

En efecto, esta primera acepción de “Landmark” como “Punto de Referencia” es por demás reveladora.

Tomando de base esta definición, pueden entenderse los “Landmarks” como el conjunto de principios fundamentales (prominet features) a partir de los cuales (punto de referencia) es posible adquirir una concepción acabada de lo que es la Francmasonería como organización original. Por tanto, los “Landmarks” lejos de ser “dogmas de fe”, son el conjunto de rasgos propios y exclusivos de la Orden, que la hacen ser original y por ende, distintos a cualquier otra organización.

Es en este sentido, y solo en este, que dichos principios tienen carácter inmutable, como ya dijimos, no por una cuestión dogmática, sino por ser generalmente aceptados en virtud de tratarse de preceptos que atienden a la razón universal, así como al “sentido común” en el amplio sentido del término, en lo que se refiere a la Francmasonería y sus miembros.

Con fundamento en esta definición, cabria preguntarnos entonces:

¿Cuáles son estos rasgos distintivos de la Francmasonería Especulativa que hacen que ésta haya sido y deba seguir siendo lo que es y debe ser y no otra cosa?

¿Estos principios han existido y sido observados? ¿Siguen existiendo y siendo observados?

¿Los “Landmarks” han sido los mismos antes que ahora? ¿Deben algunos modificarse, eliminarse o adicionarse, en razón de las nuevas expectativas de la sociedad; o debemos sólo trabajar con el fin de encontrar los verdaderos principios fundamentales de la Orden generalmente aceptados, e interpretarlos bajo la nueva óptica que le marca nuestro tiempo, tal como lo hicieron en su momento algunos hermanos a inicios del siglo XVIII?

¿Cuándo aparece por primera vez en un documento Masónico el término “Landmark”? Lo hallamos en las Constituciones de Anderson, en el Artículo XXXIX del Reglamento General compilado en 1720 por el Gran Maestro Jorge Payne. Dicho artículo dice: “Cada sesión anual de la Gran Logia tiene poder inherente y autoridad para hacer nuevas reglamentaciones o alterarlas, para el beneficio real de esta antigua Fraternidad. Esto a condición de que siempre las viejas Marcas (“Landmarkas”) sean cuidadosamente preservadas…” O sea, que aparece a mediados de la edad moderna. Pero ya a finales de la antigua y en la edad media encontramos diferentes constituciones, estatutos y reglamentos de las empresas constructoras que le eran peculiares, según la circunstancia, tiempo y objetivos de cada una –como lo prueban los distintos documentos existentes– con el fin de mantener un orden y una mejor organización en sus labores. Es decir, por expresarlo de alguna manera, poseían sus propios “Landmarks”, los cuales no eran una “camisa de fuerza” en materia de aplicación para las futuras empresas o Logias constructoras, pese a que practicaban un teísmo influenciado por la Iglesia Católica. En la época moderna de Anderson, mucho menos se obligó; pues, el presbiteriano con su doctrina deísta logró que la Gran Logia de Inglaterra aprobara en sus Constituciones que la Masonería Especulativa fuese una Masonería adogmática. Hoy, cuando estamos hablando de una Masonería Laica, de una Masonería Postmoderna, de una Masonería abierta a todas las profesiones, de una Masonería que ha recibido en su seno a la mujer respetándole el derecho de igualdad, no podemos caer en el dogmatismo de enmarcarnos en un listado de “Landmarks”, porque eso sería no regresar a finales de la edad antigua ni a la edad media, ya que los documentos medievales no lo dicen y mucho menos lo obligan, sino a algo que debemos reflexionar en un Congreso como este, de “Masonería Progresista”, o un Convento convocado para tal fin por los Supremos Consejos del Grado 33º, o por las confederaciones Masónicas como CLIPSAS por ejemplo, o la Confederación Masónica Interamericana y específicamente las Grandes Logias de Colombia para ver cuál de los tantos listados de “Landmarks” hay que cumplir y por qué motivo.

Ahora bien, en los Reglamentos Generales de la Constitución de Anderson, en ninguno de sus apartes establece ni enumera listados de “Landmarks” sólo, repetimos, aparece esta palabra con el único fin de que se conserven cuidadosamente los antiguos secretos relacionados con la arquitectura de los Masones Operativos y por lo que hemos investigado la Gran Logia Unida de Inglaterra nunca intentó definirlos ni enumerarlos, únicamente a partir del siglo XIX es cuando se saben las opiniones de algunos HH:. que dan a conocer sus listados debidamente enumerados.

Preguntamos, ¿La interpretación que de esos principios hicieron en su momento esos HH:. como Anderson, descrita o entendida a su vez por Albert Mackey, Roscoe Pound, John Simon, H. Grant, A. Mcbride, George Fleming, Axel Poinaut y un largo etcétera de autores, debe considerarse como el conjunto de esos principios? ¿Es lo mismo, a caso, el objeto o elemento que el simple reflejo de los mismos? Recordemos que esta interpretación, entre ellas la de Anderson-Mackey, no hizo otra cosa que pasar al lenguaje escrito principios de Derecho no editados o que se conservaban mediante la tradición oral, y con ello los convirtió en una suerte de “decálogo” de moral y de conducta objetiva para la Masonería, las logias y los Masones, el cual hasta el momento, es el que precisamente se ha tenido como dogma, acto de fe, tabú, etc., no los principios en sí.

Coincidimos con todos aquellos hermanos que tienen la opinión –que parece ser generalizada– de que la aplicación dogmática de los “Landmarks” (o lo que mas bien dicen por ahí que son, ya que, repetimos, estos “linderos” son originalmente normas de derecho no escrito, que a Anderson, interpretado a su vez, principalmente, por Mackey se le ocurrió la espléndida idea de descifrar o analizar y escribir, dándoles con ello y para su desgracia la apariencia de “decálogo” de moral y de conducta Masónicos) si bien, tal vez, tuvo vigencia y aplicación en su momento histórico, hace ya casi 300 años, ahora ya no refleja las circunstancias y expectativas de hoy, donde el mundo cambia constantemente, en el que la revolución tecnológica y científica ha roto fronteras, tabúes, prohibiciones e incomunicaciones.

En eso la mayoría estamos de acuerdo, pero no basta con quedarse ahí, como Masones hay que ir más adelante, no sólo exponiendo los problemas sino planteando además, las alternativas o propuestas para solucionarlo.

En este sentido, invitamos a todos nuestros HH:. a reflexionar sobre cuáles serian esos nuevos argumentos que propicien un impulso hacia delante, en lo que se refiere a sus principios fundamentales y que más que “nuevos principios” serían una nueva interpretación de los mismos preceptos inalterables de la Orden, sobre los cuales la Masonería se ha desarrollado y debe seguirse desarrollando su pensar, sentir y actuar.

Al fin de cuentas, eso fue única y exclusivamente lo que hizo Anderson: una interpretación, que desafortunadamente muchos han tomado como una proclamación, para desgracia del avance de nuestra querida Institución.

Por razones de espacio, nos es imposible transcribir los textos de todos los listados de “Landmarks” que hubiese sido lo ideal en estas reflexiones, sólo nos limitaremos enunciar los que mayor difusión o aplicación han tenido en las Grandes Logias. Por ejemplo: para Albert G. Mackey –escritos en 1874, conocidos por todos los HH:. de Barranquilla, razón por la cual no es necesario transcribirlos– son veinticinco.

Continua

 

 

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