Los Mormones;: Ayuda humanitaria

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Por qué ayudamos

A la gente le gusta hablar sobre lo mucho que necesitan “encontrarse” a sí mismos. Normalmente, esto significa que se sienten infelices, que están desorientadas y que se concentran principalmente en ellas mismas. Resulta interesante que Cristo dijera que para encontrarnos debíamos perdernos: “Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio la salvará” ( Marcos 8:35). Perdernos en el servicio es una forma excelente de encontrarnos. Nos permite poner en práctica lo que Jesús hizo. Él nos enseñó que amar a Dios era el primer mandamiento y que amar al prójimo era el segundo. Demostramos nuestro amor por Dios sirviéndonos los unos a los otros. Y amamos a quienes servimos. El servicio nos aporta una felicidad que nunca conseguiremos con el interés personal. Sucede con cosas grandes y pequeñas, en público y en privado, con amigos y desconocidos.

Hasta las cosas pequeñas que hacemos, como ayudar a alguien en su jardín o abrirle la puerta a otra persona, pueden hacer que la vida resulte más fácil para los demás—y nos pueden hacer un poco más felices a nosotros. No resulta difícil encontrar oportunidades para compartir nuestro tiempo y energía. La belleza de seguir el ejemplo de Cristo es que no hace falta evaluar a quién, cuándo o cómo servimos, sólo tenemos que actuar. Lo podemos hacer de manera planificada o espontánea, por alguien conocido o por un extraño. El servicio cristiano evita el reconocimiento, no acepta recompensas y está motivado por el amor.

Plataformas de suministros

¿Cómo ayudamos?

Además de sus actos de servicio pequeños y personales, los mormones hacen grandes donaciones, de manera organizada, a lugares que precisan ayuda. Desde que se empezó a llevar un registro en 1985, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha donado más de 1.000 millones de dólares en efectivo y en materiales a 167 países que han necesitado ayuda humanitaria. Envió por avión carpas (tiendas de campaña), lonas, pañales y otros suministros a las zonas de Chile afectadas por el terremoto de febrero de 2010, y dos aviones, cada uno con más de 36.000 kg de alimentos y artículos para emergencias a Haití en enero de 2010 tras el catastrófico terremoto. La organización de la Iglesia a nivel local, nacional e internacional permite coordinar rápidamente su trabajo de auxilio para que los alimentos, los suministros y los trabajadores puedan llegar en el momento en que más se los necesita.

La Iglesia no discrimina a ninguna afiliación religiosa, étnica ni nacionalidad. Ofrece esperanza y la posibilidad de una vida que supere la enfermedad, la pobreza y la desesperación. Todo ello forma parte del plan de Dios de que llevemos las cargas los unos de los otros y actuemos como Sus manos en la tierra. El programa de bienestar de la Iglesia también ayuda a las personas que tienen necesidades a nivel local, a quienes ofrece ayuda temporal en forma de alimentos, ropa y en la búsqueda de empleo. A los que reciben ayuda se les da la oportunidad de trabajar a cambio de ella, cuando es posible.

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