Judas Iscariote, el misterio del corazón humano

Por Fr. Domingo Cosenza O.P., para LA GACETA – TUCUMAN. El reciente hallazgo de un texto, según el cual Judas no fue traidor sino seguidor de Jesús, es un suceso de gran importancia cultural que merece cotejarse con otras informaciones.

23 Abr 2006
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El maestro me dijo: “El alma de allá abajo que está en la boca del medio, que tiene el mayor suplicio, es la de Judas Iscariote; tiene la cabeza dentro de las fauces y mueve las piernas afuera. De los otros dos que cuelgan con la cabeza fuera, aquel que tiene la cara negra es Bruto: ¡mira cómo se retuerce de dolor y no se mueve!, y el otro que parece tan encorvado es Casio” (Dante, Divina Comedia, Infierno XXXIV, 64-68). Esta visión literaria, que compara el castigo eterno de Judas con el del hijo que asesinó a César, muestra hasta qué punto la figura de este discípulo de Jesús fue cargada con los rasgos de la tipología del traidor. De ahí se puede comprender el interés por un texto recientemente presentado, según el cual Judas no fue un traidor, sino el seguidor que mejor comprendió a Jesús y el elegido para iniciar el acto salvífico de la Pasión.

El Evangelio de Judas (EvJ)

El descubrimiento del manuscrito representa un acontecimiento de gran importancia cultural, ya que hasta ahora se conocía sólo la existencia de un texto con el mismo nombre usado por la secta de los cainitas, según los testimonios de Ireneo de Lyon (Contra las Herejías I,31,1), Epifanio de Salamis (Panarion 38,1) y Teodoreto de Ciro (Compendio de fábulas heréticas 1,15). La noticia de Ireneo es la más valiosa, por ser la más completa y la más antigua (en torno del año 180): “Otros declaran que Caín derivó su ser del Poder de lo alto, y reconocen que Esau, Koré, los Sodomitas y todas tales personas están relacionados con ellos. Por esta causa ellos han sido atacados por el Creador, aunque ninguno de ellos ha sufrido daño, pues Sophia (la Sabiduría) acostumbraba llevarse consigo a aquellos que le pertenecen. Dicen que Judas el traidor conoció estas cosas y que solamente por haber conocido la verdad antes que los otros, consumó el misterio de la traición. Por él dicen, además, que fueron disueltas todas las cosas, terrenas y celestiales. Y aducen una ficción de este estilo que llaman Evangelio de Judas”.

El estudio del papiro estaría confirmando esta antigua información, como así también la cercanía ideológica con los códices gnósticos descubiertos en 1946 en Nag Hammadi. En el texto hay una exaltación de la gnosis, que Judas poseería en grado superior a los demás discípulos: “Sepárate de los otros y te contaré los misterios de Reino”. Se trata de una revelación análoga a la que se reclama para otros discípulos: “Cuando Tomás volvió a sus compañeros, éstos le preguntaron: ¿Qué te ha dicho Jesús”. Tomás les respondió: Si os digo una sola de las palabras que me ha dicho, tomaréis piedras y me las lanzaréis, y un fuego brotará de las piedras y os quemará” (Ev Tomás 13); “Puesto que me has pedido que te envíe una enseñanza secreta que me fue revelada junto a Pedro por el Señor, no he podido rehusártela, ni decírtela oralmente, pero la he escrito” (Apócrifo de Santiago 1,10); Pedro dijo: “María, hermana, nosotros sabemos que el Salvador te apreciaba más que a las demás mujeres. Danos cuenta de las palabras del salvador que recuerdes, que tú conoces y nosotros no, que nosotros no hemos escuchado” (Ev María 10,1).

La figura de Judas

Algunos estudiosos se oponen a la historicidad de Judas, que juzgan como “una ficción clarísimamente maliciosa que ha contribuido a justificar el asesinato de judíos durante dos mil años” (H. Bloom, Jesús y Yahvé, Buenos Aires 2006, p. 37). Lamentablemente esta afirmación encuentra apoyo en algunos textos apócrifos que exageran los rasgos negativos que ya habían trazado los evangelios canónicos: “Es de saber que éste era sobrino de Caifás. No era discípulo sincero de Jesús, sino que había sido dolosamente instigado por toda la turba de los judíos para que le siguiera; y esto, no con el fin de que se dejara convencer por los portentos que El obraba, ni para que le reconociese, sino para que se lo entregase, con la idea de cogerle alguna mentira. Y por esta gloriosa empresa le daban regalos y un didracma de oro cada día. Y a la sazón hacía ya dos años que se encontraba en compañía de Jesús, como dice uno de los discípulos llamado Juan” (Declaración de José de Arimatea 1,3).

Pero a pesar del carácter polémico de esas descripciones, no parece razonable que los primeros cristianos hayan creado por su iniciativa esta figura problemática del “traidor” (“ho paradous”). Resulta más comprensible ver en los relatos de la traición una búsqueda de explicaciones morales y teológicas para interpretar esa realidad escandalosa. También el EvJ buscaría la misma finalidad, aunque desde otra óptica.
Dos son los datos en que concuerdan todos los relatos, incluso el EvJ, que afirma: 1) El hecho de su inclusión en el grupo de los Doce: “Tú superarás a todos los demás discípulos”; 2) La delación del lugar donde oraba Jesús por la noche: “Judas le respondió como deseaban. Y recibió algo de dinero y les entregó a Jesús”.

No existe el mismo acuerdo al hablar de la muerte de Judas, que debió suceder antes de los años 80, fecha en que se redactaron los textos que la mencionan. Según Mateo “devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos”, que compraron con ellas un campo. Luego se suicidó “colgándose” (27,3-8). Pero según los Hechos de Apóstoles él mismo compró el campo con ese dinero y murió allí accidentalmente: “cayendo de cabeza se reventó por medio y se derramaron todas sus entrañas” (1,18-19).

Motivos para la entrega

Tampoco son unánimes los textos al declarar los motivos de la entrega. El evangelio más antiguo no especifica ninguna motivación, aunque sí el gesto con el que se recompensaría a Judas: “Al oírlo ellos, se alegraron y prometieron darle dinero” (Mc 14,11). En cambio Mateo señala el dinero como móvil. Les dijo: “¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?” (Mt 26,15). Lucas atribuye la iniciativa a una posesión demoníaca: “Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce; y se fue a tratar con los sumos sacerdotes y los jefes de la guardia del modo de entregárselo” (Lc 22,3-4). Igualmente Juan afirma que “el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle” (Jn 13,2); pero añade que es el mismo Jesús quien le manda: “Lo que vas a hacer hazlo pronto” (13,27). El Evangelio de Judas interpretará de un modo positivo estas palabras, como una misión asignada por Jesús: “Tú sacrificarás el cuerpo del hombre del que estoy revestido”.

En las últimas décadas se ha reaccionado contra la demonización de Judas, argumentando que los motivos para que el discípulo se volviera contra el maestro debieron ser seguramente mucho más profundos que la sola avaricia. Ante la idea de una rehabilitación J. Meier se muestra un tanto escéptico y advierte que “para ofrecer una imagen favorable de Judas hace falta tanta imaginación como para retratarlo con tonos siniestros: los dos escuetos datos enunciados al principio son casi todo lo que sabemos del Judas histórico. Más allá está la especulación teológica o la novela” (Un judío marginal III, Estella 2003, p. 227).

Sin embargo, otros renombrados biblistas, admitiendo que no se puede llegar “con certeza” a los móviles históricos, intentan avanzar “con precaución” en alguna hipótesis. X. Léon-Dufour destaca la expectativa de los discípulos por un mesianismo terreno: la liberación (Lc 24,21) y el restablecimiento del reino para Israel (Hech 1,6); como así también su convencimiento del poder de Jesús para “que baje fuego del cielo y consuma” a los enemigos (Lc 9,54). Y así sugiere que “mientras que Jesús sigue absteniéndose de toda intervención espectacular, Judas se pone en movimiento para acelerar las cosas: entregando a su Maestro a las autoridades del templo, ¿no lo introduciría en la fortaleza de sus adversarios como ocurrió con Sansón en el templo de los filisteos (Jue 16,30)? Yahvé, en su poder, procedería entonces a una intervención milagrosa para liberar a su Mesías e imponer su fuerza” (Lectura del Evangelio de Juan III, Salamanca 1995, p. 54s).

Por su parte Gerd Theissen, con el mismo carácter hipotético, propone que Judas “podría haber rehusado seguir a Jesús cuando su mensaje implicó una desvinculación del culto del templo”. Durante la cena de despedida habría comprendido que a la descalificación teológica del Templo realizada por Jesús días antes (Mc 11,15-17) seguía una sustitución del mismo a través de ese nuevo culto. “Judas se percató, quizá, de que esto podía ser el germen de una profunda escisión” (El Jesús histórico, Salamanca 1999, p. 481).

Misterio escondido

La “entrega” de Jesús es relatada en los escritos canónicos con un lenguaje paradójico, que aplica el mismo verbo “paradídomi” a diversos sujetos: “Los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y todo el Sanedrín y, después de haber atado a Jesús, le llevaron y le entregaron a Pilato” (Mc 15,1). Pilato, “queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuera crucificado” (Mc 15,15). Jesús nos “amó y se entregó a sí mismo” (Gal 2,20). Dios “no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros” (Rom 8,32). Se quiere expresar con ello que, detrás de la complejidad histórica manifestada en las narraciones evangélicas sobre el proceso de Jesús, se esconde un misterio teológico sobre la salvación del hombre.

Pero también se nos pone frente al misterio de la interioridad del ser humano, como advierte el Catecismo de la Iglesia Católica: sea cual sea el pecado personal de los protagonistas del proceso (Judas, el Sanedrín, Pilato), sólo Dios lo conoce… (597). Por eso, ante la ansiedad por develar algo tan escondido como las intenciones del discípulo de Jesús, puede aprovechar el recuerdo de las palabras de Jeremías: “Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo? Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino las entrañas, para dar a cada uno según su conducta, según el fruto de sus acciones” (Jer 17,9s). (c) LA GACETA

https://www.lagaceta.com.ar/nota/212071/la-gaceta-literaria/judas-iscariote-misterio-corazon-humano.html

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