“O detenemos el poderío del narco o en un año podemos acabar como México”

¿Qué está pasando en el Campo de Gibraltar con los narcotraficantes?
Se está invirtiendo el orden natural del sistema democrático. El Estado de Derecho está siendo cuestionado por el inmenso poder del narcotráfico.
Compaginó su labor de sacerdote en la zona, entre 1978 y 1996, con la lucha contra el narcotráfico. En estas tres décadas, ¿todo ha ido a peor?
Menos en los recursos terapéuticos, todo ha ido a peor. Se produjo un cambio esencial: acaba el imperio de la heroína y aparece la cocaína. La heroína traía la pequeña delincuencia, los cuerpos deteriorados y las muertes. Luego emerge la cocaína, que empieza a ser consumida por la clase media, la alta, los profesionales y no profesionales. Y todo cambia. La sociedad y los partidos dicen que el tema de la droga está resuelto. De hecho, la Junta de Andalucía quita hasta el comisionado andaluz contra la droga y el Gobierno central, que aquí no se escapa nadie, comienza a detraer plazas de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y se llega a mínimos históricos.
¿Y qué ocurre?
Emerge la nueva clase social dedicada al narcotráfico, que son chavales relativamente jóvenes, que hacen un ejercicio de poder tremendo porque ganan muchísimo dinero con el hachís y con los cambios de esta droga por la cocaína. El antiguo traficante tenía hijos toxicómanos porque, ojo, los narcos están ganando dinero, pero están pagando con la vida de sus hijos y el deterioro de sus familias. El nuevo narco son estos niñatos con pedazos de coches, con poderío, con cadenas de oro… y empiezan a atacar a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.
Hace dos semanas participó en una protesta en Algeciras contra droga. ¿La implicación es ahora similar a la que hubo en los años noventa?
Ahora es menor porque el problema se ve de manera distinta. Tiene otros perfiles. En el verano del año 1989 se produjo la gran eclosión de la sociedad civil del Campo de Gibraltar contra el narcotráfico. Entonces, un grupo de mujeres, niños y pensionistas salieron a la calle de forma radical. Las mujeres dijeron que había que cortar las carreteras y los hombres que estábamos en la organización nos preocupamos… pero para nuestra sorpresa la gente se bajaba de los coches, nos abrazaba y daba dinero para la lucha.
¿Y qué consiguió la lucha social?
Los narcotraficantes actuaban con mucho sigilo. No desaparecieron porque eso es una utopía. Entonces, no estaba bien visto chulear de que eras narcotraficante y ahora es al revés. Da como un rol social importante porque hay un sector de la sociedad que lo apoya, que son los 40, 50 o 100 que van a pegarle a la Guardia Civil.
Esta semana han arrestado a los responsables de un depósito judicial de La Línea que colaboraban con los narcos y son frecuentes también las detenciones de policías y guardias civiles implicados. ¿El narco ha logrado corromper todos los estamentos?
No. El narco ha logrado introducirse en todos los estamentos, pero con personas puntuales. No se puede hablar de corrupción generalizada, es lo que nos faltaba. El otro día detuvieron a un guardia civil cuando llegaron los 900 kilos de cocaína al puerto de Algeciras, pero no es la Guardia Civil, es uno en concreto. Es importante matizar porque los agentes se arriesgan mucho en una lucha en la que hay que tener un temple muy grande. Los admiro.
Es lo que diferencia a España de otros países donde los narcos hacen y deshacen a su antojo.
De momento. O detenemos el poderío del narco en el Campo de Gibraltar o tenemos un problema nacional. Esto se va expandiendo. Galicia ya lo vivió y ahora lo tenemos aquí con nuevos perfiles. En la Costa del Sol cada semana hay un muerto en un ajuste de cuentas. Deben tener mucho cuidado los partidos políticos y llegar a una unidad de acción porque nos jugamos el futuro. De aquí a ser México tampoco hay tanta diferencia porque esto sucede en un año o dos y sin darte cuenta.
Y lo que estamos viendo son avisos lo suficientemente graves.
Sí, son avisos. Yo insisto siempre en la responsabilidad de la sociedad civil pero también de los partidos. No se puede andar politizando partidariamente la historia porque estamos ante un problema muy serio.
Aunque quizá lo más preocupante es que familias enteras se dedican a esto.
Sí, y tienen también cinco muertos por drogas. Es la gran contradicción. Se meten en un negocio que a la vez los está perjudicando. Estás traficando y se está muriendo tu familia. ¿Esto cómo es? Es un ejercicio de crueldad.
Pero con los índices de paro que hay en la zona es casi hasta comprensible que busquen una salida laboral.
Sería comprensible un trapicheo, pero no que te metas en una estructura. Y si ganas 1.000 euros diarios, es muy difícil traerte a otro mundo, a no ser que se corte el grifo.
¿Comparte con la juez de Algeciras que el Campo de Gibraltar es el nuevo “territorio ETA”, el Nápoles que imperaba en la era de Falcone, de la ‘cosa nostra’?
No creo que todavía hayamos llegado, aunque estamos en camino. Hace bien la juez en advertirlo porque la sociedad se lo toma más en serio.
¿Son ahora más violentos los traficantes?
Sí, esta generación de gente joven, muchos de ellos consumidores de cocaína, con personalidades psicopáticas, son mucho más violentos. Estos enfrentamientos que hemos visto con la Guardia Civil y la Policía sólo los hace un tío puesto puestísimo y con la cabeza perdida porque puede morir. Esa violencia es nueva.
¿Estamos perdiendo la batalla contra las drogas?
No. Todavía estamos a tiempo de ganarla.
¿Hay que legalizar las drogas?
Es un poco tarde para legalizar. El ámbito del hachís sí es fácilmente legalizable, pero la droga de síntesis, con 25 variedades, ¿cómo se hace, si cada día hay una nueva? Pero si nos sentamos y decimos cómo se va hacer, no tendría inconveniente en legalizarla. Pero la clave de la persecución al narcotraficante es el blanqueo de dinero. Cuando le tocan el dinero es cuando sienten que están perdiendo la batalla.
Ni la Junta de Andalucía ni el Gobierno central se han ocupado demasiado del Campo de Gibraltar.
Ya. Se han hecho cosas, pero no es suficiente. Hemos pedido a los dos gobiernos un plan integral. Hay que trabajar en el ámbito educativo, pero no para largárselo a los maestros. Incluir un buen programa de empleo para jóvenes, que descubran el valor de trabajar porque algunos no lo conocen. Si cortas el grifo y ofreces un puesto de trabajo, la gente sí lo acepta. Hay que estar ojo avizor. Se creó un observatorio de la droga, pero no ha servido para avisar de lo que ha pasado… No sé qué habrá sido de él, ¿estará secuestrado en un despacho de mármol blanco?
Hace cinco años, logró poner de acuerdo al PSOE y al PP para su salida de la Oficina del Defensor del Pueblo andaluz, en la que estuvo 17 años.
Y a Izquierda Unida, ¡eso es arte! Fue una mala maniobra protagonizada por Griñán [entonces presidente de la Junta de Andalucía] y auxiliado por la chica de Presidencia [Susana Díaz, que era consejera de Presidencia]. Pero a mí me hicieron un favor. No querían competencia y yo había llegado a un nivel de popularidad que todavía se mantiene. Con una excusa peregrina, como que llevaba mucho tiempo en el cargo, cuando ellos llevan en cargos públicos desde que estaban en la guardería. Y la otra razón es que dije la ‘chica de Presidencia’ y salieron cuatro feministas subvencionadas diciendo tonterías, cuando mi pedigrí como feminista está más que acreditado, con las asociaciones de mujeres que creé hace años. No soy un pamplinas que vaya detrás de gente que lo que busca es su beneficio, no el de las mujeres.
Piensa que le hicieron un favor.
Sí, querían hacerme daño, pero fue un favor. ¡Es la providencia divina!
¿A qué se dedica ahora?
A los ex tutelados inmigrantes que han estado en centros de menores y la Junta de Andalucía les ha dicho ‘feliz cumpleaños y a la calle porque no tenemos más recursos’. Trabajamos con 40, con la ayuda del Ayuntamiento de Jerez, la Caixa y comunidades religiosas. También estoy en proyectos de cooperación, con mi asociación ‘Voluntarios por otro mundo’, que no recibe dinero de la Junta y no tiene a nadie contratado. Y con los presos indigentes que no tienen familia.
¿Sigue dando misa?
Sí, de vez en cuando. Ahora me dedico a sustituir a mis compañeros en Cádiz.
¿Para qué necesita hoy en día la gente a la Iglesia y a los sacerdotes?
La gente necesita la espiritualidad, que tiene dos dimensiones: la que va unida a la fe y la de la interioridad de cada uno, en la que no tienes que ser creyente. Vivimos en un mundo en el que lo que no cotiza en Bolsa parece que no vale. Y no es así. Es muy importante que la gente recupere el ámbito de los sentimientos y la espiritualidad. La Iglesia hace falta para la lucha de los derechos sociales, que se han ido apagando con la crisis.
http://www.elmundo.es/papel/2018/05/29/5b0c19c8e2704efd288b4593.html
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