Conceptos e importancia del tiempo

En sucesivos post publico el curso sobre la gestión del tiempo que preparé para UDIMA. Incluyo vídeos, texto y gráficos. Puntos fuertes de este artículo:

  1. El valor de tu tiempo depende de ti: tú eres su mayor amenaza
  2. Sin tiempo no eres nadie: cuídalo, protégelo, gestiónalo
  3. Nunca digas no tengo tiempo: pon los medios para organizarte mejor
  4. El autoengaño es el resultado de la falta de compromiso con tu tiempo
  5. Hacer listas y tener un horario: dos medios sencillos y eficaces para usar bien tu tiempo

El valor de nuestro tiempo

Los filósofos clásicos nos hablan de dos grandes coordenadas que enmarcan nuestra vida: el espacio y el tiempo. Nadie puede escapar a estos factores fuertemente relacionados: pasamos el tiempo en algún «ubi» y lo que hacemos lo desarrollamos en un punto concreto del mundo en que vivimos. Es una experiencia incontestable que nadie ignora. A su vez, toda presencia física se proyecta sobre un cronograma, el de nuestra vida. El pentagrama es la línea del tiempo sobre la que fijamos tareas, actividades, ocupaciones… la armonía dependerá, precisamente, de cuándo, qué y cómo hemos organizado esas “notas” que dan sentido a cada día.

Conceptos e importancia del tiempo

Estas premisas algo existenciales son clave para lo que luego explicaremos: qué valor tiene el tiempo de cada uno y en qué lugar/actividad compensa invertir unidad monetaria del tiempo recibido. También serán de gran utilidad estas primeras ideas a la hora de valorar –gestionar– el tiempo ajeno, perspectiva que en el ámbito del trabajo es crítica: reuniones, entrevistas, proyectos… son ejemplos en los que el tiempo y las personas conviven intensamente. Los comienzos y los plazos en las tareas; los trabajos en equipo… nos hablan, más o menos implícitamente, de magnitudes temporales.

Vinculado al concepto del espacio encontramos el factor distancia que, aunque parezca reducirse a la separación entre distintos puntos geográficos, se relacionan con el tiempo mucho más de lo que imaginamos, en la medida en que los desplazamientos de personas y objetos entre origen y destino (sea de una planta a otra de un edificio o de un país a otro) consumen minutos, horas, días, semanas…

Se intuye el impacto de lo explicado hasta ahora en el mundo laboral: trabajamos en lugares concretos; compartimos espacios y franjas horarias entre distintas personas; nos trasladamos con relativa frecuencia para mantener vivas esas relaciones humanas imprescindibles en toda organización. El tiempo es la columna vertebral que sustenta el conjunto. Sin él nada podríamos. Siendo una observación de perogrullo es interesante reconsiderarla de vez en cuando para que la relación personal con el tiempo sea razonable y nos ayude a enfocar las decisiones en el quehacer diario.

Añadamos ahora otro elemento quizá aún más importante que el del trabajo: la vida personal, la familia, el descanso, el afán de saber… son actividades que nos desarrollan de forma integral como personas y que exigen tiempo. Nos aproximamos al primer conflicto que hemos de aprender a gestionar inteligentemente: la conciliación entre –si se me permite la expresión– nuestras distintas vidas: laboral, afectiva, cultural, lúdica, social, solidaria…

Y, por último, vamos a proyectar de forma transversal un hecho incuestionable, la invasión consentida –o quizá no tanto– de la tecnología a lo largo de las 24 horas del día. Son fáciles de constatar el rastro que la tecnología deja en la vida de las personas. En este ámbito internet acapara un protagonismo especial al afectar radicalmente al presupuesto del tiempo que tenemos asignado. No prejuzguemos los avances tecnológicos: identificamos tanto efectos perversos como positivos. Sin adelantar contenidos basta considerar que el alcance de las nuevas tecnologías que con su ritmo de adopción y democratización en los cinco continentes por las culturas más diversas y en todos los idiomas, ha reconfigurando las relaciones humanas en todos los sentidos y niveles. La reducción de las distancias a nivel global; la inmediatez de las comunicaciones; la desaparición de las fronteras entre lo privado y lo público, lo personal y lo social, lo virtual y lo físico; la capacidad de compartir y conversar a través de las redes sociales, las aplicaciones y los dispositivos móviles… son sólo algunos de los ejemplos. Esta evolución –más revolución que otra cosa– reclama reflexionar, actuar y, probablemente, reaccionar para que nuestra relación con la tecnología sea inteligente y garantice una mayor calidad de vida familiar, social y laboral.

La coordenada del espacio no es tan modulable como el tiempo. El lugar donde nacemos no lo elegimos nosotros. Dónde vivimos y trabajamos podemos controlarlo hasta cierto punto. Y, en cualquier caso, sólo podemos estar en un punto del planeta en cada instante. La no ubicuidad no admite excepciones. Existen soluciones “parche” hacia el soñado pero inexistente don de la ubicuidad, mediante la codificación, grabación, envío y distribución de mensajes, imágenes, datos… Físicamente, personalmente, cara a cara, sólo en un lugar. Esta consideración por muy obvia que nos parezca es uno de los grandes obstáculos que nos encontramos en nuestra batalla por sacar el máximo provecho al tiempo y, sobre todo, en la ansiada conciliación entre actividades heterogéneas.

En resumen sobre el valor del tiempo. La famosa frase de “el tiempo es oro” se me queda corta y, en parte, nos puede llevar a confusión si resulta que –a pesar del caos– nos van bien los negocios o ganamos dinero: seguiremos siendo desordenados o, incluso, aumentará el mal hábito. El tiempo es mucho más: salud, equilibrio, armonía, amistad, relaciones sociales, cultura… y, por supuesto, “oro”, productividad, la rentabilidad inherente a toda actividad profesional.

https://medium.com/generacion-smartperson/conceptos-e-importancia-del-tiempo-d3ec06051749

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Autor: gustavo1941

Ex preso politico cubano, refugiado en EE UU. Presidente de la Academioa Cubana de Altos Estudios Masonicos de la Gran Logia de Cuba de AL y AM (2005 a 2011); Gran Canciller Secretario General del Supremo Consejo del grado 33 para la Republica de Cuba del REAYA(2005-2008). Autor y conferencista.

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