Colombia: ¿Un ex guerrillero a Presidente?

Cortesìa de la Lic. Maria C Rodriguez /1 jun. a las 20:45

Por María Celsa Rodríguez
Colombia puede tener a un ex guerrillero sentado en el sillón presidencial. Gustavo Petro puede ser el próximo presidente. Alguien que durante 17 años fue un integrante del M19.

Pero ¿qué era el M19?
De acuerdo al “libro de Fabio López de la Roche, Izquierdas y Cultura Política. ¿Oposición o alternativa?, publicado en 1994, se comprende el surgimiento del M-19 como parte de un proceso político que respondía a la revolución cubana y al “voluntarismo como estimulante de la acción política revolucionaria, por contraposición a la visión cientificista marxista-leninista de la revolución” (López, 1994: 258)”.[1]  Se dice que Pablo Escobar lo financió

“El M-19 va a estar marcado por muchas de las pautas de cultura política características de la izquierda marxista tradicional” (López, 1994: 258), a pesar de oponerse al sectarismo propio de dicha escuela; pero reconoce a la vez, que el M-19 … generó una cultura política propia que va a impactar la cultura política colombiana”, algo que puede pasar a través de la figura de  Petro si este llega a la Presidencia.

El autor “observa cómo esta organización guerrillera impactó en distintos sectores sociales y logró generar la simpatía que se verá representada no sólo en discursos, sino en un movimiento artístico y cultural que impactó desde el teatro hasta la literatura, desde el periodismo hasta el simbolismo propio de una sociabilidad subversiva”.

Las guerrillas “se basan en las imágenes de las grandes revoluciones socialistas y en influjos de otras experiencias menores, fracasadas o triunfantes” (Aguilera, 2009: 20)…. La revolución china, como la rusa, y posteriormente la cubana (Aguilera, 2010: 47), impactaron en la creación de guerrillas en Colombia, ya que reflejaron la posibilidad de la victoria, se consolidaban como el triunfo de tres procesos políticos beligerantes, que produjeron profundos cambios estructurales en los ordenamientos sociales, políticos, culturales y económicos, en cada una de las naciones en las que se llevaron a cabo”.[1] Introducir todo esto en el Ejecutivo genera un grave riesgo.
No por casualidad Petro hace hincapié en un programa de gobierno que fomenta la cultura y las políticas sociales y habla de grandes cambios estructurales.  Y esto puede ser progresivo si se cuenta con un guerrillero en el ejecutivo y curues guerrilleros en el poder legislativo.

Petro se ha ganado a la gente apelando a  la emotividad,  algo que lo aprendió del M19. Ya que “en el M-19 sus líderes convocaron sobre la base de la emotividad, de hecho el M-19 se caracterizó por hacer de la emotividad una característica consustancial a su forma de hacer política, de ahí la prevalencia de su red 171 de afectos. La emotividad no la encarnaba sólo el líder sino el movimiento político en general. Para el M-19, el afecto era un factor convocante, cohesionador y movilizador…  a pesar de plantear una plataforma política tan abierta, tenía una característica particular frente a las demás organizaciones guerrilleras. No era el simple carisma de sus dirigentes lo que le gustaba a sus militantes o a sus simpatizantes, lo que en realidad cohesionaba al M-19 era que basaba su funcionamiento en el afecto… Para Abst y Rummens es fundamental que el líder populista de respuestas simples a problemas complejos, en un lenguaje directo (Abst, Rummens, 2007: 407). En el M-19 se observa que el lenguaje de la organización se distinguió por ser claro, innovador, creativo y directo. Sus líderes siempre se opusieron a los teoricismos. Su posición ideológica es evidente, asumieron un ideario político de izquierda heterodoxo y su postura aparece revelada en todas sus proclamas, declaraciones e intervenciones públicas”.[1]

Por algo Petro puso su mirada sobre los desposeídos. Su actitud confrontativa  hace temer que produzca una lucha de clases. Su perfil de “redentor  identitario” lo eleva popularmente en un discurso reivindicativo convirtiéndolo en un fenómeno político y social que llena las plazas, pero que puede conducir a Colombia a un futuro oscuro y tenebroso.

Petro en primera vuelta ha hecho una buena elección. Esto pone en alerta  a algo que puede ser peligroso en caso de ganar, y es que aún  teniendo a Venezuela como ejemplo los colombianos parecen sentir más afinidad por las ideas de Petro por más que estas tengan un marcado acento chavista. La calle piensa que es imposible que el chavismo castrista domine Colombia, pero la palabra expropiación suena fuerte, y Petro a dicho en varias oportunidades a los empresarios  a quienes les quitaría las tierras. Es más, ya el mercado inmobiliario ha puesto la “Clausula Petro” como una forma de protección, esta consiste en que al entregar las “arras” que “guarda” la compra del inmueble -mientras se realizan los trámites previos de crédito y escritura-, queda la compra limitada al resultado electoral. En caso que gane Petro,  dejará  el negocio trunco y el vendedor deberá devolver la entrega del dinero que haya realizado el comprador.
Para colmo los otros partidos parecen inclinarse más hacia Petro. La postura que ha tomado la Alianza Verde es de no apoyar a Iván Duque.  En conferencia de prensa la excandidata a la Vicepresidencia, Claudia López, expuso la posición del Partido: “Reiterando el respeto por sus votantes, en el Partido Verde no aceptamos la opción de votar por la candidatura de Iván Duque porque la consideramos indeseable para el presente y futuro de Colombia… El partido verde respeta el derecho de los ciudadanos a votar libremente por supuesto, pero nuestra militancia sí asume una posición muy concreta: ningún militante, dirigente o electo puede hacer campaña por Duque… Su candidatura representa hoy a todas las maquinarias tradicionales, corruptas y clientelistas: el gavirismo, el vargasllerismo, el santismo, el uribismo y todos los partidos tradicionales del pasado… sus propuestas atentan contra los derechos de distintos sectores sociales, políticos, de las víctimas y las minorías. También atenta contra la separación de poderes y el sistema de pesos y contrapesos establecido en nuestra Constitución. Su visión de país perpetúa la desigualdad y la pobreza, la destrucción del medio ambiente en función de un supuesto desarrollo, una economía rentista y de privilegios y no de talentos, productividad y competitividad”.
Por su parte el Polo Democrático también reveló que no apoyarán la candidatura de Iván Duque porque “representa la propuesta del continuismo y del establecimiento responsable de la crisis política, económica y social del país, atenta contra los avances democráticos, la soberanía nacional, la paz, la justicia social, los derechos humanos y las libertades ciudadanas”. Sergio Fajardo dijo que votaría en blanco. Igual que el ex candidato presidencial del liberalismo colombiano, Humberto de la Calle, quien fuera el negociador del acuerdo de paz con las FARC, afirmó que votará en blanco en la segunda vuelta.

Por otra parte -algo que enciende las luces rojas- es que  como otros socialistas del Siglo XXI, Petro habla de modificar la Constitución Nacional, igual que lo hizo Chávez, Maduro, Evo Morales, Correa y Lugo: reformas y enmiendas que le permitirá  dar un marco regulatorio  a una geometría socialista  en lo político, económico y social que le dará un avance legal para  tomar medidas sobre la propiedad privada.

Es un populista radical  que fue un pésimo guerrillero de armas -según sus compañeros-, pero era un buen guerrillero político. Como Alcalde de Bogotá  fue un mal administrador  y eso es un hecho que en su curriculum debería pesar  como precedente para quienes van a apoyarlo en esta segunda vuelta. Su plan de reformas son irrealizables lo que se asemeja al perfil socialista, despertando temores. De todos modos el Uribismo  es la primera fuerza en el Congreso, y ese será un freno para Gustavo Petro si llega a la Presidencia.
Vicky Dávila en su libro “El Nóbel” escribió: “Santos será recordado como el presidente perseverante que desarmó a las Farc [?] pero también como el político oportunista y desleal que traicionó a su mentor político y a parte de su electorado”.
En una carta que le escribió a su sucesor dijo “ser presidente en el mundo de hoy es cada vez más difícil” debido a la “polarización, el triunfo –ojalá temporal –de las emociones sobre los argumentos, la inmediatez de las redes sociales, la rapidez con que cambia la tecnología, impone ritmos cada vez más exigentes y presenta nuevos desafíos en el diálogo con el ciudadano… Tenga la absoluta seguridad de que no voy a interferir para nada en su trabajo. Yo ya tuve el inmenso privilegio de gobernar durante ocho años. Ahora es su turno”. Los colombianos dirán  el 17 de junio, de quien es el turno.
Referencias:
María Celsa Rodríguez Mercado
Directora de ChacoRealidades
Analista del Circulo Acton Chile
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