El miedo a perder el control político explica el retraso tecnológico en Cuba

El VI Congreso Latinoamericano de Telecomunicaciones funciona por estos días como una rampa de lanzamiento de titulares triunfalistas para la prensa oficial

Frente a una montaña de expedientes médicos la enfermera busca el historial del paciente. Pasa las páginas, remueve las carpetas pero la hoja clínica no aparece. “Tendrá que hacérsela de nuevo” le dice al contrariado señor que esa misma mañana leyó en la prensa oficial sobre el “avance de la informatización” en la Salud Pública cubana.

El VI Congreso Latinoamericano de Telecomunicaciones, con sede en Varadero, funciona por estos días como una rampa de lanzamiento de titulares triunfalistas para la prensa oficial. Quienes se queden solo en los reportes que salen de la cita tecnológica pueden llegar a creer que en la Isla muchos trámites están al alcance de un clic, pero la realidad es diferente.

Un país donde la gran mayoría de la población nunca ha hecho una transacción financiera online, jamás ha podido comprar un producto en una tienda virtual y no conoce el enorme potencial de los cursos a distancia, con los que aprender desde casa, no puede catalogarse como una nación informatizada.

A eso se le suma que la indigencia salarial impide que muchos profesionales se inscriban en portales internacionales afines a su gremio, en los que ponerse al día de las últimas tendencias. Pagar el sueldo de un día por conectarse una hora en una zona wifi no es un indicador de una sociedad conectada más bien de la penalización económica que lastra al internauta cubano.

Cuba es un país donde la gran mayoría de la población nunca ha hecho una transacción financiera online, jamás ha podido comprar un producto en una tienda virtual y no conoce el enorme potencial de los cursos a distancia

Por otro lado, mientras el viceministro de Educación, Rolando Forneiro Rodríguez, pinta frente a los delegados del congreso un escenario optimista con un gran volumen de docentes en la asignatura de Informática, en innumerables escuelas del país el llamado tiempo de máquina apenas se cumple por la ausencia de maestros y el deterioro de la infraestructura.

Los niños menores de diez años aprenden más de tecnología intercambiando videoclips a través de aplicaciones para móviles como Zapya que asistiendo a unas aburridas clases de computación donde la ideología se entrelaza con el código html y los programas informáticos de factura oficial tienen más de política que de divertimento.

Desde hace más de dos décadas el aprendizaje de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) sufre además los intentos del Gobierno de crear un “corralito” de contenido filtrado. De esas intenciones han surgido engendros como Ecured, pobre remedo de Wikipedia; la impopular Mochila creada para competir con el paquete y la fallida Tendedera, nacida para barrer con Facebook.

En momentos en que internet refuerza su papel como terreno para el activismo y plaza de debate para temas tan candentes como las contradicciones de la democracia, el racismo o la violencia de género, las autoridades cubanas siguen tratando de domesticar la red y de encerrar a los usuarios de la Isla en una parcela custodiada.

Las autoridades cubanas siguen tratando de domesticar la red y de encerrar a los usuarios de la Isla en una parcela custodiada

En los hospitales y policlínicos el panorama es similar. La abultada burocracia del sistema de Salud Pública todavía funciona sobre el papel. La pérdida de una simple hoja puede significar meses de atraso en un tratamiento y los turnos médicos se entregan, la mayoría de las veces, de cuerpo presente para incomodidad de los enfermos y sus familiares.

En las aulas de las facultades de medicina el pizarrón, las tizas y los modelos plásticos del cuerpo humano no acaban de dar paso a otras tecnologías que hagan de los galenos de la Isla profesionales modernos. Salvar vidas pasa en la actualidad también por el dominio de dispositivos como el teléfono móvil o por la destreza para buscar información en la gran telaraña mundial.

El miedo al impacto social de la conectividad y a la pérdida de control político que supondría el acceso a otros canales informativos ha sido el verdadero freno para que los cubanos desembarquen en el siglo XXI, una era caracterizada justamente por las redes sociales, el consumo de contenido digital y la conectividad.

Ese temor del oficialismo no solo tiene un costo en el desarrollo económico nacional sino también en calidad de vida y la educación. No hay que esperar para ver el resultado de ese retraso porque es visible en cada aula y en cada consulta.

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