Así me metí en la mente de un asesino en serie

Una doctora forense dedica cinco años a psicoanalizar al famoso Asesino BTK, el criminal en serie que más costó atrapar, actualmente en prisión

El famoso Asesino BTK, Dennis Rader, el día de la boda de su hija, Kerri Rawson. La foto fue cedida por Rawson a la publicación estadounidense ‘The wichita eagle’. THE WICHITA EAGLE EL PAÍS VÍDEO

Katherine Ramsland tiene una presencia que transmite paz. Sus maneras educadas, su forma clara de hablar y sobre todo sus ojos azules expresan sosiego. Sin embargo, esta psicóloga forense ha pasado por muchas turbulencias emocionales. Se ha metido en la mente de un tipo que ha cometido crímenes execrables, con el saldo de diez personas degolladas. Es uno de los asesinos en serie que más tiempo permaneció en activo sin ser atrapado: 31 años. Ramsland se ha pasado cinco años intercambiando correspondencia con este asesino, que está actualmente en prisión, hablando con él e intentando desentrañar que lleva a una persona a cometer esas atrocidades. Y lo ha conseguido.

Este padre de familia con dos hijos y presidente de la iglesia luterana, degolló a diez personas y envió burlonas pistas a la policía durante 31 años

¿Cuál era el modus operandi de este asesino? ¿Cómo pudo llevar esa doble vida a lo largo de tanto tiempo? ¿Qué había dentro de su mente degenerada? ¿Cómo lograron atraparlo? Las respuestas a estas preguntas las tiene Katherine Ramsland (Michigan, EE. UU., 1953), autora del reciente libro Confession of a Serial Killer: The Untold Story of Dennis Rader, the BTK Killer. “Lo que he escrito es una autobiografía guiada de un asesino en serie”, nos dice sobre el protagonista de su libro, un psicópata empedernido. Ramsland es doctora en filosofía, y graduada en psicología clínica, psicología forense y justicia criminal. Ha escrito 59 libros y más de 1.000 artículos, la mayoría sobre asuntos criminales. Colabora en diarios como The New York Times e incluso con el FBI.

Dennis Rader junto a su abogado durante el juicio en Wichita, Kansas, en 2005.
Dennis Rader junto a su abogado durante el juicio en Wichita, Kansas, en 2005. GETTY

En qué punto descubrió la doctora que Dennis Rader se podía haber convertido en un asesino. Ramsland sostiene que a lo largo de su niñez y su primera adolescencia: “Dennis fue desarrollando fantasías relacionadas con el bondage, la dominación y la tortura. Las revistas de detectives de los años 50 y 60 y los libros sobre asesinos en serie que tenía su padre alimentaron estas fantasías con escenas de hombres que dominan, maltratan y asesinan mujeres”.

La historia empieza en 1945, año en el que nace Dennis, en un remoto y tranquilo rincón de Pittsburg, un pueblecito ubicado en el condado estadounidense de Crawford, Kansas. Pronto su familia se traslada a la cercana ciudad de Wichita. Su padre era marine y bautizó a todos sus hijos (cuatro, Dennis es el mayor) en la Iglesia Luterana de Sión.

Dennis era un estudiante del montón, aunque aprobaba todo religiosamente. En su tiempo libre, participaba en las actividades de la iglesia y hacía excursiones con los boy scouts. Un niño activo y tranquilo. Pero en sus macabras ensoñaciones, el joven imaginaba que abusaba de famosas, como la actriz adolescente Annette Funicello, que aparecía en el programa televisivo The Mickey Mouse Club. Poco a poco, fue afilando sus instintos sádicos, que, a falta de otras víctimas, materializó torturando y matando perros, gatos y otros animales.

Annette Funicello, presentadora del programa de televisión 'The Mickey Mouse Club', con quien Dennis reconoció que tuvo sus primeras fantasías macabras.
Annette Funicello, presentadora del programa de televisión ‘The Mickey Mouse Club’, con quien Dennis reconoció que tuvo sus primeras fantasías macabras.

De cara a la galería, Dennis ocultaba sus vicios más inconfesables. Algunos de sus amigos de la infancia han declarado que era un joven más bien reservado, no le interesaba la música moderna y carecía por completo de sentido del humor. “Su oscuro mundo interior estaba en plena ebullición”, señala la autora del libro. Años después, en una carta que le escribió a la doctora Ramsland desde la cárcel, describió “su precoz afición a masturbarse con fotos de chicas que veía en los anuncios de las revistas, sobre las que le pintaba cuerdas y mordazas”.

En su adolescencia, trabajó en un supermercado, y continuó sus estudios con calificaciones mediocres. “Fue en esta época cuando comenzó a seguir a mujeres por la calle. Aunque no llegó a matar a ninguna. Ya se sentía como un depredador en busca de presas”, apunta la doctora Ramsland. Por lo pronto, consiguió colarse en casas ajenas para robar pequeños objetos, una actividad que consideraba “muy excitante”. Era un gran fetichista: adoraba la lencería y los objetos personales de las mujeres. Cuando empezó a matar, siempre se llevaba cosas personales de sus víctimas: ropa interior, joyas o carnés que ocultaba en lo que él llamaba “escondrijos”, bajo tierra, en su casa o en la iglesia.

En el verano de 1966, Dennis se alistó en la Fuerza Aérea Norteamericana. Tenía 22 años. Durante tres años estuvo destinado a lugares como Texas, Grecia, Corea, Turquía o Alabama, aunque finalmente lo enviaron a Japón, a una base militar cerca de Tokio, donde pasaría el resto de su servicio con el rango de sargento.

“Dennis era una persona completamente normal la mayor parte del tiempo. Pero a veces caía en lo que él llama ‘la zona oscura’ y se convertía en un asesino”, señala la psicóloga forense Katherine Ramsland

Fue condecorado por su buen servicio militar, pero sus actividades extralaborales no eran tan correctas como su hoja de servicio. A su ya arraigada costumbre de seguir a chicas por la calle, se sumó una afición a los burdeles, donde intentaba atar a las prostitutas; como ellas no se solían dejar, no eran encuentros muy satisfactorios, y optó por divertirse en solitario. La doctora Ramsland describe así sus sesiones de onanismo: “Se encerraba en un motel, se ataba a sí mismo con cuerdas, se ponía una bolsa de plástico en la cabeza y se masturbaba hasta alcanzar el orgasmo”.

En el verano de 1970, Dennis, que ya había cumplido los 26, regresó a Wichita, aunque quedó en la reserva del ejército. Un año después consiguió la máscara definitiva para una supuesta vida decente: se casó con Paula Dietz, una chica de 23 años que conocía desde el instituto y era, como él, luterana. Se fueron a vivir a Park City, no lejos de Wichita, donde ella se puso a trabajar de bibliotecaria y él, de carnicero.

Después, trabajó en una fábrica de artículos de camping y en otra de aeronaves. Pero la crisis del petróleo que estalló en 1973 lo dejó en paro. Deprimido y con un montón de tiempo libre, su instinto criminal, que había permanecido latente durante los últimos años, volvió a la superficie: Dennis empezó a preguntarse seriamente qué se sentiría estrangulando a una mujer. “Entonces se encontraba ya a un paso de empezar a matar, una decisión premeditada y racional que fue impulsada por su propia predisposición homicida. Y también por el ejemplo de asesinos célebres como Ted Bundy o Jack el Destripador, ya que él quería ser famoso”, dice la doctora Ramsland.

Kathryn Bright, víctima de Dennis Rader, fue asesinada en Wichita en 1974.
Kathryn Bright, víctima de Dennis Rader, fue asesinada en Wichita en 1974. CORDON
Hubo un momento en el que Dennis tenía mucho tiempo libre. Su única responsabilidad era acercar en coche a su esposa al trabajo. Luego se dedicaba a merodear por barrios apartados y campus universitarios, mirando a las mujeres y fantaseando con atarlas, torturarlas y matarlas.

Una tarde de enero de 1974, observó a una familia hispana que se acababa de mudar a una casa cercana a la suya. Vio a la madre y a la hija, de 34 y 11 años, y se quedó prendado de ellas: siempre le habían gustado las latinas, con su exótica belleza y sus melenas azabache. Empezó entonces a trazar un plan, mientras vigilaba obsesivamente las rutinas de la familia y reunía el material necesario para llevar a cabo su crimen: revólver, cuerdas, cuchillos y herramientas.

Pero cuando se decidió a entrar en la casa, no solo encontró a la madre y a la hija, como esperaba, sino también al padre y a uno de los hijos varones. Pistola en mano, los ató a todos y los fue estrangulando uno por uno. Muy excitado, se masturbó. “No es raro que los asesinos prefieran masturbarse que mantener relaciones sexuales con sus víctimas, puesto que su parafilia es mucho más que un impulso erótico”, asegura Ramsland.

Tres meses más tarde, Dennis atacó de nuevo. Apuñaló hasta matar a una joven de 20 años y libró una encarnizada batalla con su hermano de 21 años. Tras muchos forcejeos, Dennis disparó al joven, hiriéndole, pero milagrosamente sobrevivió. Quizá por lo accidentado de este episodio el asesino tardaría bastante tiempo en dar su siguiente golpe.

Portada de 'Confession of a serial killer: the untold story of Dennis Rader The BTK killer' (2016), el libro de Katherine Ramsland.
Portada de ‘Confession of a serial killer: the untold story of Dennis Rader The BTK killer’ (2016), el libro de Katherine Ramsland.
Cómo un hombre tan religioso podía compaginar su vida familiar con su carrera sangrienta sin que le temblara la mano. La doctora Ramsland lo explica: “Dennis tenía muy separadas las dos partes de su vida. Se creó una álter ego asesino, como si fuera un superhéroe o un espía, bautizado como El Minotauro, que operaba en paralelo a su vida cotidiana. En realidad, Dennis era una persona completamente normal la mayor parte del tiempo. Pero a veces caía en lo que él llama ‘la zona oscura’ y se convertía en un asesino”.

Entre 1974 y 1988 Dennis tuvo uno de los trabajos más sólidos y duraderos de su vida, como agente de seguridad para una compañía de alarmas. Pero siguió matando. En marzo de 1977 se coló en otra casa para atar y estrangular a una madre de 26 años mientras sus tres hijos permanecían encerrados en el baño; los pequeños solo se salvaron porque sonó el teléfono y el asesino tuvo que escapar. En diciembre de ese mismo año amarró y estranguló con unas medias a una chica de 25 años.

El ya célebre Asesino BTK no actuó hasta abril de 1985, cuando secuestró a una mujer de 53 años y, tras llevarla a un lugar apartado, la desnudó y la estranguló. Algo más de un año después, volvió a utilizar el estrangulamiento, esta vez con una madre de 28 años. Y en enero de 1991 perpetró su último asesinato: una mujer de 62 años, cuyo cuerpo fue encontrado debajo de un puente.

La doctora Ramsland aclara que Dennis mataba con suma frialdad, como si estuviera desarrollando una actividad profesional. Llamaba “proyectos” a las víctimas, “éxitos” a los crímenes y su forma de operar era siempre la misma: “Seguía a la mujer hasta su domicilio y vigilaba sus rutinas. Elegía un día para entrar en acción, cortaba el cable del teléfono, entraba en la casa, esperaba pacientemente a que volviera, y la mataba”.

Katherine Ramsland durante una entrevista con Jaciel Cordoba en el programa 'WFMZ News'.
Katherine Ramsland durante una entrevista con Jaciel Cordoba en el programa ‘WFMZ News’.
Durante los años 90, Dennis vivió con aparente tranquilidad, trabajando para el ayuntamiento de su ciudad, sonriendo a todo aquel que se cruzaba con él y planeando nuevos crímenes. La única queja vino de una vecina, que afirmó que Dennis había sacrificado a su perro sin motivo alguno. Pero nadie le dio importancia.

La policía no tenía pistas de quién podía ser el Asesino BTK. Dennis Rader ni siquiera estaba en la lista de sospechosos, formada por miles de hombres cuyo ADN era analizado sin éxito. Con notable recochineo, Dennis se permitía el lujo de facilitar pistas a la policía, para ver si lograban descifrarlas. La doctora piensa que este comportamiento exhibicionista obedece a “su narcisismo y su egomanía, puesto que la sensación de poder que le daban los crímenes hacían que se creyera invencible”. En 2004, la policía dio el caso por imposible y decidió archivarlo.

Pero la soberbia de Dennis pudo más que su prudencia. Cometió un error crucial: envió una carta (no ha sido desvelado el contenido) a la policía en un CD-Rom. Los agentes, pertrechados de tecnología digital para sus investigaciones, comprobaron los metadatos del documento de word, y descubrieron que el autor de la carta se llamaba Dennis y pertenecía a la Iglesia Luterana. Les bastó con buscar en Internet: “Lutheran Church Wichita Dennis” para saber quién era el sospechoso. El resto vino rodado: lograron una prueba de ADN, comprobaron que tenía un Jeep Cherokee, un coche que habían visto algunos testigos en las escenas del crimen. Todas las piezas encajaron.

En febrero de 2005 Dennis fue detenido. A sus 60 años, ya era un tipo legendario: uno de los asesinos en serie que más tiempo permaneció en activo sin ser atrapado. En junio de 2005 se celebró el juicio, en el que se declaró culpable de los diez crímenes. La pena de muerte fue instaurada en el estado de Kansas en 1994, así que se salvó por los pelos, ya que su último asesinato databa de 1991. Así las cosas, fue condenado a diez cadenas perpetuas, una por cada homicidio.

Un investigador muestra (en agosto de 2005) la máscara que Dennis usó para crubrirse el rostro durante uno de sus asesinatos.
Un investigador muestra (en agosto de 2005) la máscara que Dennis usó para crubrirse el rostro durante uno de sus asesinatos. GETTY
Desde la cárcel, el asesino en serie confesó que había estado a punto de matar a una undécima víctima. “Iba a ser mi obra maestra”, dijo. Planeaba mutilar a una mujer, ahorcarla y quemar su casa. De hecho, en octubre de 2004 estuvo en su patio trasero y llegó a llamar a la puerta, pero cuando vio aparecer a un grupo de gente decidió posponer el crimen hasta la primavera siguiente. Afortunadamente, fue capturado antes.

En la cárcel, Dennis decidió trabajar con la doctora Ramsland en una “autobiografía guiada”. La clave estaba en descubrir lo que ella llama “el factor X”; es decir, el oscuro impulso que lo lleva a matar. La psicóloga le ayudó a bucear en el pantano de su mente, explorando sus miedos infantiles y sus perversiones adultas. “El factor X de sus crímenes es una mezcla de un impulso sexual desviado, afán de notoriedad y personalidad dividida. Este factor X es algo compulsivo e irreprimible, y de haber tenido más oportunidades sin duda habría matado a más gente”.

Desde la cárcel, el asesino en serie confesó que había estado a punto de matar a una undécima víctima. “Iba a ser mi gran obra maestra”, dijo

La familia de Dennis se niega a visitarlo en la cárcel y él no lo entiende. Así se lo dijo a su pastor Mike Clark, que sí fue a verlo a prisión: “No soy más que un buen hombre que ha hecho cosas malas”. Dennis tiene dos hijos, Brian, de 41 años, y Kerri, de 38. Su hija Kerri le contestó por carta: “Danos tiempo. Estamos tratando de sobrevivir. Tú nos has mentido, nos has engañado”. En una entrevista con el diario The Wichita Eagle, Kerri declaró: “Me he sentido fatal por los treinta años de mierda que mi padre le dio a este pueblo y las cosas terribles que les hizo a sus víctimas. Las mujeres andaban con miedo. Mi propia madre andaba con miedo. Pero ya le he perdonado. Y no lo he hecho por él, lo he hecho por mí”.

Cuando cumpla 175 años de condena, allá por el año 2180, Dennis Rader podría optar a la libertad condicional. Obviamente, este criminal va a morir en la cárcel.

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