LAS LÁGRIMAS DE RAÚL : CAUSA 1/89

 Me corrieron las lágrimas

Angélica Mora/Apuntes de una Periodista/Nueva York/13 de julio, 2018

Raúl Castro lleva en su conciencia -además de otros innumerables crímenes- el haber engañado vilmente a su amigo y compañero de armas,  el comandante Arnaldo Ochoa.
Durante la decisión final en la Causa 1/89 (enero de 1989), en el juicio seguido al héroe cubano de Angola, Arnaldo Ochoa -y otros- lo condenó “inmisericorde” a ser ejecutado por “traición a la patria”.
Sus palabras y las de su hermano Fidel, sellaron la suerte de los oficiales cubanos e hicieron apuntar los cañones de seis fusiles contra lo que hoy se consideran eran “chivos expiatorios” del escándalo de narcotráfico que ya iba cogiendo volumen en investigaciones del gobierno de los Estados Unidos.
Me corrieron las lágrimas
Las declaraciones hipócritas de Raúl Castro, con frases lapidarias en el tribunal durante la sentencia,  lo moldean de cuerpo entero:

“-Ustedes me conocen, saben que no soy un sensiblero-, una de estas madrugadas, casi al salir el sol, cuando concluíamos, presidido por Fidel, una larguísima jornada; en los momentos mismos en que veíamos la gravedad del problema por haber descubierto el tema dec las drogas; con la cabeza atormentada –como pienso que estarían los demás compañeros-, con el sueño ausente, mientras me paseaba por mi propio despacho, fui a cepillarme los dientes en el baño que está detrás del mismo y mirándome en el espejo del baño ví que corrían las lágrimas por mis mejillas. Como es de suponer, primero me indigné conmigo mismo, inmediatamente me repuse y comprendí en el acto que lloraba por los hijos de Ochoa a quienes conozco desde que nacieron; lloraba por los hijos de otros acusados que probablemente serían sancionados a muerte o a largos años de prisíón, aún cuando no los conociera, lloraba, sobre todo, por nuestro pueblo, por esta tonelada de fango que se le echaría encima”.
Si no se cumple la sentencia por consideración a los méritos históricos, estaríamos creando un nefasto precedente de impunidad para todos los que en este país –y en esta reunión hay unos cuantos- de un modo y otro gozamos de ese reconocimento por parte del pueblo. Si nos dejamos intimidar por las campañas del enemigo, o cedemos ante las presiones de otros, con independencia de sus motivaciones, cometeriamos un grave error de incalculables consecuencias”.
Raúl Castro
Testigo de los fusilamientos 
Segun la periodista Laura Maldonado, en la madrugada del 13 de julio 1989 Raúl Castro se emborrachó hasta casi perder el conocimiento y tuvo que ser internado de urgencia en un hospital. Acababa de asistir en un descampado al fusilamiento del General Arnaldo Ochoa, cuyos restos fueron trasladados al cementerio Colón y enterrados sin identificacion.
La macabra ceremonia fue grabada en video, porque Fidel Castro quería verla, quizás para estar seguro de la ejecución o por pura morbosidad.

“Para mí esa fue la gota que derrama la copa”, dijo Juan Reinaldo Sánchez, ex guardaespalda de Fidel Castro quien murió en extrañas circunstancias en Miami en mayo de 2015.  “Que él fuera capaz de ejecutar a un hombre (Arnaldo Ochoa) que era un héroe verdadero”.

Fidel Castro no habló con Arnaldo Ochoa. La tarea se la encargó a su hermano Raúl, con instrucciones muy precisas, como él mismo reconoció en los dos libros publicados por el gobierno de Cuba con su versión oficial.
Hay quienes aseguran que doblegaron el espíritu de Ochoa mediante drogas.
Engaños

A Antonio de la Guardia tambien lo engañaron los hermanos Castro, según declaró a Elizabeth Burgos su hija  Ileana de la Guardia, quien vive en Francia :  “Me enteré porque me lo dijo mi papá (…) tuvimos una entrevista con él en Villa Marista (sede de la Seguridad del Estado) que no es la entrevista final (…) no entendíamos que se autocensurara cuando todos sabíamos que obedecía órdenes, entonces mi papá hizo un gesto llevándose la mano a la barbilla, que en Cuba significa Fidel, y rápidamente susurró: ‘No, él me dijo que lo hiciera así, que no pasará nada’. Cuando él me dice eso se le ve más tranquilo en relación a la primera vez que lo vi”.
Según Norberto Fuentes en su libro “Dulces guerreros cubanos”, el 28 de mayo de 1989, Raúl Castro interroga al General Arnaldo Ochoa –ya bajo arresto- en presencia de los también generales Abelardo Colomé y Ulises Rosales, sobre cuatro temas esenciales: El acercamiento de Ochoa a los oficiales rusos, ya vistos como personas no confiables, dada la nueva política de Gorbachov. El incumplimiento de las órdenes de Fidel Castro en la última parte de la guerra de Angola. Su apoyo a una operación guerrillera en la Argentina sin aprobación superior. Su actividad en relación con las drogas.
Señala el periodista Mario Riva, que de ser cierta la información del escritor y antiguo allegado a los círculos de poder en La Habana, el tráfico de drogas no era ni la única ni la más importante de las acusaciones que pesaban sobre el  Héroe de la República de Cuba y los otros tres oficiales cubanos.

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