EL DÍA QUE APRENDÍ A LIDERAR DESDE LA HUMILDAD

El día que aprendí a liderar desde la humildad
Por Jaume Abad

Fue hace 2 años con una de mis socias. Habíamos terminado la primera parte de un taller de dos días, y el lugar era inmejorable, el Hostal Empuries en la Escala (Costa Brava), con una cala enfrente y un magnífico camino de ronda para pasear. En el espacio de descanso antes de ir a cenar con el grupo, decidimos ir a pasear en dirección a las ruinas griegas. Por el camino, paramos en un rústico bar, nos sentamos en una terraza y allí tuvimos una conversación pendiente. Un tiempo más tarde, mi socia me confesó que aquel día me empezó a ver de otra manera. Pero lo que voy a explicar ahora es como yo la empecé a ver a ella.

El contexto es que como empresa teníamos y tenemos un gran desafío en cuanto a objetivos de crecimiento y por tanto de generación de proyectos y de ventas. Mis anteriores intentos de diálogo con ella no funcionaron y por mucho que insistiera en lo que yo consideraba que debía corregir, mis explicaciones las interpretaba como “sermones” repetitivos que no conectaban con ella ni con su necesidad de ser preguntada y escuchada, cosa que no hice hasta ese día. Recuerdo que me impresionó cuando me dijo que era la primera vez que se sentía escuchada sin juicios. Ese día vio en mí curiosidad por querer saber y entender de verdad lo que le pasaba y eso la motivó a sincerarse y darme información nueva de la que aprendí para poder empezar a serle útil y ayudarla de forma efectiva. Esa conversación cambió mi manera de verla a ella, sus roles, su dedicación y a su importante contribución a los proyectos.

El ciclo de venta tiene diferentes etapas y allí me di cuenta que si bien aporta en todas ellas, aporta más valor en unas que en otras, exactamente igual que todos. Recuerdo que, en el camino de vuelta, estuvimos hablando como nunca de clientes potenciales, de contactos comunes y posibles proyectos, y por primera vez la vi hablar con ilusión y ganas de implicarse en nuevas oportunidades que compartió conmigo antes de cenar. Esa experiencia de escucha auténtica, admitiendo con humildad que nunca la tuve antes con ella, permitió empezar a construir una mucho mejor relación como socios.

Preguntas de reflexión

Me ayudó a tener esta conversación pendiente un cuestionario con 5 preguntas de reflexión, en el que se me pedía que respondiera con la máxima humildad y sinceridad, valorando mis respuestas en una escala del 1 al 10, siendo 10 la mejor nota que me pondría. Las preguntas eran las siguientes:

  1. ¿Sienten las personas con quienes interactúo en el trabajo (mi equipo, mis clientes, mis colegas y mi superior) que las respeto y que me preocupan?
  2. ¿Dirían estas personas que realmente disfrutamos trabajando juntos?
  3. ¿Dirían estas personas que tengo un gran interés en entender los obstáculos que se encuentran en su día a día en el trabajo y que busco maneras de ayudarles con entusiasmo?
  4. ¿Confían estas personas que les estoy proporcionando toda la formación, desarrollo y feedback necesarios para su éxito?
  5. ¿Comprenden claramente estas personas lo que espero de ellas, así como mis discrepancias entre lo que espero y lo que están dando?

Estas 5 preguntas me proporcionaron una estructura para reflexionar sobre mis desafíos de liderazgo y me fueron de gran utilidad para desarrollar planes de acción en las preguntas cuyas respuestas señalaron una clara necesidad de mejora en mi relación con personas concretas.

Lecciones aprendidas

  1. Da el primer paso y toma la iniciativa de tener esta conversación pendiente: sal de tu zona de confort.
  2. “Vacía tu taza”: olvida lo que crees que sabes, empieza de cero y sin juicios, abierto a dejar entrar información nueva.
  3. Escucha de verdad, con los cinco sentidos, para aprender cosas que no sabías.
  4. Muestra tu vulnerabilidad: te humaniza como líder.
  5. Llega a algún compromiso de cambio que le sea útil y ponlo en práctica.
  6. Y lo más importante: ten la conversación solo cuando estés preparado para querer VERLA como una persona que tiene la capacidad y el deseo de crecer (si no es así, no funcionará, no será auténtico y no te creerá). Pon el foco en tu impacto en ella y resiste la tentación de poner el foco en ti.
  7. La guinda del pastel: si es posible, ten la conversación en un lugar que no sea el habitual, idealmente un lugar atractivo a la vista y en un ambiente relajado.

Llamada a la acción

No te limites a leer este post y quedarte pensativo; practícalo ya, ahora, respondiendo a la relación concreta que sea tu mayor dolor de cabeza.

Y luego, observa qué pasa y me cuentas. ¡¡Suerte!!

Fuente: http://arbinger.es/el-dia-que-aprendi-a-liderar-desde-la-humildad/

https://www.grandespymes.com.ar/2018/07/30/el-dia-que-aprendi-a-liderar-desde-la-humildad/

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