EDUCAR PARA LA LIBERTAD

Resultado de imagen para foto educacion en libertad

El padre o el profesor que desean educar en y para la libertad no sermonea, sino que observa y escucha al hijo o alumno con interés para conocer lo que despierta su curiosidad, sus intereses, sus pasiones, sus anhelos. Se coloca en el lugar del otro y se esfuerza por comprender sus puntos de vista, aunque esté una generación más allá; en definitiva, mantiene la juventud de espíritu que le permite aprender de quienes está enseñando.

No han de suplantar la voluntad del hijo limitándose a señalarle qué debe hacer, sino ayudarle a tomar sus propias decisiones, a actuar con libertad personal, poniéndole frente a sus responsabilidades. Si la relación padres-hijos (o profesores-alumnos) se limitase a un trato superficial estereotipado, quizá lograría que el hijo aceptara externamente sus consejos -por quedar bien, o para librarse de su insistencia-, pero habría perdido la ocasión de educar, de ayudarle a conocerse, a hacer suyos unos criterios de conducta y a vivirlos con libertad personal.

Las manifestaciones prácticas de la educación en y para la libertad serán diversas según las edad y la madurez del educando, pero siempre cuenta con su protagonismo: padres y profesores aconsejan y orientan, avivando la autonomía del alumno, de modo que no se refugie en la falsa seguridad que le ofrece una dependencia pasiva. Con esa actitud, ayudan con hechos al alumno a reflexionar sobre las exigencias del don de la libertad, y a entender que sólo tiene una vida coherente quien actúa con referencia a la verdad, aunque a veces las alternativas que la verdad ofrece contrarían las propias apetencias.

La educación es algo muy amplio, que abarca todas las dimensiones de la persona, y que -al menos en sus primeras etapas- exige desarrollarse dentro de un marco de coherencia. Si en las edades escolares se reciben habitualmente en la escuela mensajes educativos difícilmente conciliables con los recibidos en la familia, el resultado suele ser una educación con abundantes contradicciones internas. En edades posteriores, hay una mayor capacidad de hacer una síntesis personal entre mensajes y criterios contradictorios, pero en edades tempranas el resultado suele ser la descalificación de uno de los ámbitos -lo escuchado en la escuela o lo escuchado en la familia-, el escepticismo, o bien una confusa agregación de ideas incompatibles, que vienen a formar en su cabeza un resultado final fragmentario, falto de maduración y de reflexión personal, y cuajado de incoherencias en la personalidad y en los valores.

El principal medio para educar la libertad lo constituye la misma convivencia familiar y escolar. Cuando hay auténtica convivencia familiar -o escolar-, los niños y jóvenes aprenden a asumir distintos papeles y adquieren habilidades de relación, comprensión, apertura y comunicación. Hablar con los hijos supone darse a conocer y conocer, y ese conocimiento engendra y aumenta el amor; supone expresar las propias emociones y enseñarles a expresar las suyas; supone enseñar a resolver los problemas dialogando y un largo etcétera de efectos positivos.

Las ocasiones en que se puede razonar con ellos sobre estos temas se presentan abundantes en la vida normal, y es cuestión de atención al otro, para no dejarlas pasar. Se pueden aprovechar de forma muy eficaz, sin caer en una tediosa y continua reiteración. Se trata de coger al vuelo, con naturalidad, esas ocasiones que surgen en la familia o en la clase ante una noticia en la televisión o la prensa; o con motivo de algún acontecimiento familiar, o de cualquier sucedido, grande o pequeño; aprovechando esas frecuentes preguntas que, si hay confianza, surgen con fluidez; sabiendo hacer una sencilla reflexión, en el momento oportuno, sobre el sentido de estas cuestiones, de las que en tanto depende una acertada educación.

La libertad se ve amenazada por limitaciones internas, como la pereza, la comodidad, el egoísmo, la resistencia a adoptar decisiones personales y a aceptar las consecuencias de los propios actos, o la tendencia a hacer lo que apetece y no lo que verdaderamente se quiere. Las virtudes nos ayudan a superar esas limitaciones y facilitan el compromiso de la persona con los valores. Las virtudes morales son disposiciones estables consciente y libremente adquiridas, perfecciones habituales del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y sentimientos y guían nuestra conductahttps://educrea.cl/educar-en-y-para-la-libertad/

Anuncios

Autor: gustavo1941

Ex preso politico cubano, refugiado en EE UU. Presidente de la Academioa Cubana de Altos Estudios Masonicos de la Gran Logia de Cuba de AL y AM (2005 a 2011); Gran Canciller Secretario General del Supremo Consejo del grado 33 para la Republica de Cuba del REAYA(2005-2008). Autor y conferencista.