El cuento del viejo zorro y el masón

El cuento del viejo zorro y el masón 
Un viejo zorro que vivía en una espesa selva de hacía tiempo que había perdido sus patas delanteras. Pasaron así años y nadie sabía cómo se mantenía vivo: Perdió sus patas al escapar de una trampa. Un Masón que vivía en el borde de esa selva, al ver a la zorra de vez en cuando, se preguntó cómo el viejo zorro se las arreglaba para conseguir su alimento, pensó Dios le proveía alimento a diario de alguna manera. Un día, el masón vio al zorro asomarse de su madriguera, y no estaba lejos de él y lo veía claramente, pero tuvo que esconderse rápidamente debido a que un tigre se aproximaba. El tigre tenía aún una presa fresca en sus fauces. El tigre mientras comía, permitía que el zorro comiera, algunos grandes restos de carne.
Al día siguiente meditó, sí Dios el gran proveedor de este mundo envía disposiciones alimenticias al zorro por medio del tigre, para que sobreviviera. El Masón empezó a pensar: “Si este zorro es atendido en esta misteriosa manera por Dios, Dios alimenta al Zorro enviando al tigre, por qué no puedo simplemente descansar en una oscura esquina de mi ciudad, y pensando tener mi comida diaria siempre para mi, pues yo soy más valioso que cualquier zorro” – así pensaba. 
 
Debido a que el Masón tenía mucha fe, dejó que pasen los días, esperando la comida que enviaría Dios de alguna maravillosa forma. Como era de esperarse, no ocurrió ningún milagro. Entró en pérdida de peso y la fuerza le disminuyó, así hasta que era casi un esqueleto. Antes de perder la conciencia, oyó una voz que decía: “¡Oh hijo mío, que has confundido el camino, ve ahora la verdad que deberías haber seguido el ejemplo de ese tigre en vez de imitar el zorro con discapacidad!”

Después de esto, el masón regreso a su casa, y comió; pero le quedo esa sensación de resentimiento. Luego a los días, el masón vio a un niño y tiritando de frío y con pocas perspectivas de conseguir una comida decente. El Masón se encolerizó y le dijo a Dios: – ¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué no haces nada para solucionarlo? Durante un rato, Dios guardó silencio. Pero aquella noche, de improviso, le respondió: – Ciertamente que he hecho algo para ayudar a este Mundo. Te he hecho a ti-

Vicente Alcoseri

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