Mi experiencia con los Doce Pasos de recuperación.

La vergüenza

Los que tuvimos en la infancia circunstancias que nos avergonzaron contínuamente tendemos a vivir en silencio. Si bien a menudo nos sentimos con un hervidero por dentro, con un deseo imperioso de comunicar algo, preferimos callar porque nos avergüenza ya, no solo nuestra infancia, sino nuestra vida interna, nuestros sentimientos, valores y preferencias. Vivimos avergonzados de nosotros aun cuando podemos aparentar orgullo, seguridad, soberbia. Mostramos una cara al mundo, pero escondemos nuestra interioridad, esta nadie la conoce.

Esta manera de vivir en secreto no nos ayuda a ser felices, a vivir plenamente e ir tras nuestros sueños. Siendo muy sensitivos a la vergüenza pensamos contínuamente en la opinión de los demás antes de tomar acción ya que, bajo ninguna circunstancia deseamos exponernos a una posible burla o crítica. Así, la falta de acción o la postergación infinita, se convierten en maneras de vivir que inevitablemente conducen a la frustración, al resentimiento y al pesimismo.

En el fondo de nuestro ser predomina el sentimiento de impotencia que adquirimos cuando pequeños. Seguimos, sin darnos cuenta, siendo niños que pensamos que toda acción será inútil y que solo nos queda frustrarnos, resentirnos y ser pesimistas. Esto es una gran mentira, no es cierto que siendo adultos hemos que permanecer incapaces ante nuestros miedos; podemos y debemos tomar acción. La adultez es nuestra gran oportunidad para sanar.

En mi caso, fue leyendo el libro grande de Alcohólicos Anónimos en La historia de Bill, cuando encontré por primera vez alguien como yo. Recuerdo que eso me consoló mucho y me motivó a trabajar los Doce Pasos e ir a las reuniones de grupos de AA y NA. En ellas compartí, después de pensarlo por largo tiempo, mi vergüenza y todo el dolor que cargaba. Luego me ayudó a “desvergonzarme” mi padrino Eddie, quien me hizo ver más de cerca que mi infancia no había única, que otros habían vivido lo mismo. Muchas más personas me ayudaron también, pero fui yo quien tuvo que dar el primer paso y atreverme a cruzar la barrera del miedo que me aislaba. Eventualmente descubrí que compartiendo mi experiencia sanaba y con el paso del tiempo me he convertido en un sin-verguenza muy feliz.

No hay razón para seguir siendo victima si ya eres adulto. Está en tus manos escoger otro camino y desprenderte del silencio que te ahoga y te limita. Puedes, si lo deseas, superar tu vergüenza. Recuerda: no fuiste responsable de tu infancia, pero si lo eres de tu vida adulta.

Imagen por: jennifer.sacks. Editada.

Enmendar contigo para enmendar con los demás

Enmendar es sanar para no dañar más. Para enmendar hay que remover el defecto. Al remover el defecto hacemos las cosas de otro modo. No se trata de poner parches o de improvisar, se trata de tener un método, una estrategia, un plan. Los Doce Pasos proveen el plan.

Tenemos que ser prudentes y pacientes. Aunque quisiéramos, luego de ver el desastre que hemos dejado a nuestro paso, correr y sanar todo. Esta vez lo haremos diferente: comenzaremos con nosotros porque, ¿si no estamos bien con nosotros, cómo vamos a estar bien con otros?

Del Cuarto Paso al Séptimo Paso, pretendieron liberarnos de los defectos para entonces poder dirigirnos a otros y enmendar el daño que les causamos. ¿Ves?, primero empezamos con nosotros, queremos ser otros antes de asegurar a los demás que no los volveremos a dañar. No podemos enmendar con otros sin enmendar con nosotros. Hacer eso sería hacer lo que acostumbramos: pedir excusas para volver a dañar. Eso no vale la pena. El cambio requerido quedó definido cuando identificamos nuestros defectos y cuesta trabajo lograrlo. Solos no podemos, requerimos ayuda de un Poder Superior.

Lee lo que he escrito sobre los defectos de carácter y el amor propio, antes de pretender querer a los demás. Examina la literatura de tu confraternidad de Doce Pasos, trabaja duro los pasos previos y asegúrate de que eres otro antes de garantizarle a otros que no los volverás a dañar. Esta vez hazlo diferente y obtendrás resultados diferentes. No basta la buena intención.

Imagen por: Romel. Editada.

El pais de la recuperación

Habiendo llegado a la vida en recuperación, experimenté algo que hasta entonces solo imaginaba. Era la vida de la paz, de la ausencia de miedo, de la seguridad en mi valor como persona y de la certeza de que todo iba a estar bien siempre si actuaba según los principios espirituales. No significaba esto una vida ausente de dolor o un estado removido del cambio; era una nueva forma de ver la vida, viviendo la vida, participando de ella, no fuera de ella, sin escapar, pero desde una nueva perspectiva aprendida y experimentada durante el trabajo de los Doce Pasos.

El viaje de la recuperación, me transformó. A partir de él, tuve la certeza de que todo era posible para mi, de que nada en este mundo podía ya atemorizarme y de que podía manejar las situaciones diarias con la fuerza provista por los principios espirituales. Tenía poder superior.

La conciencia de estar acompañado por un poder superior, me trajo mucha paz. Esa paz siempre la anhelé y al tenerla caí en cuenta de como antes el miedo dominaba mi vida. La verdad era que antes estaba aterrado y ¡esa era la razón por la cual, quería controlarlo todo! Ahora vivía asombrado ante esta nueva actitud y sabía, estaba consciente, de que había sido, por una parte regalada por el programa de doce pasos y, por otra, ganada por mi decisión de trabajarlos. Era importante ver ambas cosas pues la recuperación era un lugar a alcanzar, una tierra prometida a luchar y yo jugaba un papel importante: mi disposición para hacer el viaje era fundamental, sin mi cooperación no había viaje posible. Podía sentir agradecimiento por el mapa que se me había regalado, los doce pasos, pero también orgullo por mi disposisión de iniciar el viaje y el carácter para mantenerme en él hasta el final.

Llegado aquí, estaba convencido de que yo era una persona de valor. Verdaderamente había triunfado sobre muchísimas situaciones difíciles en la vida y además, me había atrevido a verme sin miedo, a asumir responsabilidad sobre mis errores y a enmendar el daño hecho a otros. También, ahora confiaba en un poder superior, tenía buenas amistades y cada día trataba de hacerlo mejor, sabiendo que nunca lo haría perfectamente.

A partir de esta experiencia, agradecí todo. La vida en general, mi ser en particular, las situaciones felices y las dolorosas, todo en recuperación se convirtió en un medio para educarme y mostrarme como vivir mejor. Nada se desperdiciaba en este nuevo sitio, aquí todo al fin y al cabo, tenía valor.

El paisaje seguía siendo el mismo, la vida igual de imperfecta, pero mi forma de ver cambió y con eso, todo cambió.

Imagen por: Riccardo Cuppini. Editada.

http://www.principiosespirituales.com/doce-pasos

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Autor: gustavo1941

Ex preso politico cubano, refugiado en EE UU. Presidente de la Academioa Cubana de Altos Estudios Masonicos de la Gran Logia de Cuba de AL y AM (2005 a 2011); Gran Canciller Secretario General del Supremo Consejo del grado 33 para la Republica de Cuba del REAYA(2005-2008). Autor y conferencista.