La Pacífica

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Reclusorio Nacional de Isla de Pinos. Imagen de https://www.google.com/

El Reclusorio Nacional para Varones de Isla de Pinos aunque solo sirvió a los fines del castrismo ocho años, 1959-1967, fue sin dudas el que más reclusos albergó y escenario de muchas de las mayores atrocidades cometidas por los esbirros del totalitarismo en un predio carcelario.

Sobre  ese Presidio escribió Tomás Fernández Travieso, “imagínate el Coliseo Romano pero en vez de gradas eran unos anillos de celdas, 5 pisos y arriba el 6to piso, todo hecho de concreto. El sótano era un túnel por el que iban los guardias”. Es  una construcción impresionante  con sus incontables rejas y el gris oscuro de las construcciones.

A este ambiente hay que sumar los miles de hombres encarcelados y  una numerosa guarnición compuesta por verdugo por vocación que distaban mucho de actuar como carceleros de oficio. Estos individuos eran fanáticos del régimen dispuesto a cometer las tropelías más extremas aun sin que les dieran la orden correspondiente.

Según José Luis Fernández “La Pacifica”, la requisa más violenta y cruenta del presidio político, fue una revancha del director del Penal por la exitosa huelga de hambre que protagonizaron los reclusos pocos meses atrás, cuenta, “ llevábamos seis meses a cabeza de pescado y agallas hasta que un día en el momento que ingresaban aquel caldo un preso gritó que se la lleven, en pocas horas se inicio la primera huelga de hambre colectiva de presidio que impresionó tanto al régimen que negociaron la solución del conflicto, agrega el relator que unos meses después la situación alimenticia empeoró y se efectuó una nueva huelga que dio origen a la famosa Pacifica”.

Para Raúl Pérez Coloma, “El Queso” la brutal golpiza que le propinaron a Ángel Alfonso Alemán fue otro de los detonantes de aquel aquelarre del castrismo. “Fue una más de las tantas palizas que frecuentemente nos daban en grupo, sólo que esta vez era a un solo hombre y estaba siendo presenciada por toda una circular y parte de otra, por lo que comenzamos a gritar de todo a la guarnición”,  la situación cobró tal nivel de exaltación que los presos decidieron declararse en huelga de hambre.

Dice Jorge Gutiérrez Izaguirre, “El Sheriff”  que ante aquel nuevo “Plante” el Jefe de Orden Interior, dijo, “Ustedes van a tener la requisa más pacífica de la historia” y para cumplir su promesa al día siguiente  las circulares amanecieron rodeadas con tanques de guerra y efectivos del ejército equipados con armas de alto calibre entre las que destacaban varias ametralladoras pesadas .50 montadas en trípodes arrimados a cintas repletas de balas.

Juan Antonio Muller, dice que la causa aparente fue la huelga de hambre, sin embargo, no descarta otros motivos considerando que la brutal requisa ocurrió unas semanas antes de la crisis de los Misiles de 1962. Considera que la presencia masiva de tropas fuertemente armadas, la movilización de tanquetas, la colocación de ametralladoras calibre 50 en las torres de las circulares y de cañones cuatro bocas en los alrededores del penal, además de la violencia ejercida contra los presos durante la requisa, dejan pensar que existían otras razones de mayor relevancia e importancia.

En este ambiente amenazante, continua Izaguirre, la guarnición entró a las circulares 1 y 2, obligó a todos los presos bajar al piso inferior iniciándose  una requisa en la que destruían y botaban todo lo que había en las celdas, en particular libros y comida, a la vez que repartían golpes a diestro y siniestro y conducían a muchos a las celdas de castigo. De las circulares mencionadas marcharon para la 3 y la 4 donde repitieron la misma operación de saqueos y golpizas. 

Dice Abel Nieve, “en un rapto de desesperación, los presos comenzamos a lanzar colchonetas o sacos encendidos y todo lo inflamable hacia los lugares de las circulares donde habían colocado las cargas de explosivos, lo que provocó que los custodios gritaran están locos, vamos a volar todos”.

En conclusión, los presos apreciaron que la brutal requisa con su terrible secuelas de heridos y destrucción terminó, no obstante siguieron durmiendo varios meses más sobre la dinamita ignorando que la amenaza del trabajo forzado se cernia sobre ellos.

 Pedro Corzo. Periodista/(305) 498-1714

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