Confirmado: Etecsa estafa a sus clientes

Kabir Vega Castellanos

Ilustración por Yasser Castellanos

HAVANA TIMES – En la noche del 23 de octubre, luego de un mes y medio de espera, llegó, al fin, una respuesta de la compañía de Etecsa sobre el robo de saldo que sufrí en el mes de septiembre:

“De ARLIET: 1-Etecsa Alamar, reclamación realizada por Kabir Mustelier. Se verifican las trazas de agosto y septiembre, no se detecta falta de saldo por transferencias.”

“De ARLIET: 2-Etecsa Alamar, se verifican las recargas recibidas correspondiendo con el uso de conexiones siempre en salas de navegación”.

En otras palabras, la investigación declara que yo soy un mentiroso que pierdo mi tiempo entreteniéndome en hacer quejas infundadas. La respuesta me indignó, pero no me sorprendió. Es obvio por el artículo donde denuncié previamente el asunto, que no esperaba un resultado diferente.

La experiencia enseña a esperar solo lo posible. Así como es de conocimiento universal que si caes, quedas a merced de la gravedad, de la misma manera todo cubano tiene muy claro el valor que le asigna el Estado como ente social. Sabe que no vale nada y que ni las instituciones, empresas o cualquier organismo estatal, jamás lo apoyarán cuando inicia una demanda por servicio deficiente o ser víctima de pillaje o fraude.

Pero no solo le sucede a residentes en Cuba, sino a quienes usan los servicios de Cubacel en el extranjero.

Mi abuelo materno, ciudadano estadounidense que reside en Nueva York, hace recargas periódicas a la cuenta nauta de mi tía. En una de las ocasiones, de 10 recargas que hizo, cada una de 20 cuc, mi tía recibió solamente 6. Cuando mi abuelo reclamó a Cubacel, le respondieron sin ninguna vacilación que: “A veces se gana, y a veces se pierde”. Es decir: los 80 dólares perdidos  debía considerarlo fruto de una apuesta voluntaria en un juego de azar.

Una vez más el Estado cubano demuestra que no le ofrece ningún derecho a sus conciudadanos. Es la palabra del poder omnipotente contra la de un pobre individuo.

¿A dónde van a parar los frecuentes saldos “desaparecidos”? ¿A las cuentas personales de los empleados que tramitan las recargas?

Etecsa no me ofrece información sobre el curso de la investigación, ni los registros consultados. Simplemente debo confiar en que hicieron impecablemente su trabajo y aceptar, además, que cometo perjurio. También debo asumir que mi abuelo tuvo un mal día de apuestas, que no es responsabilidad de ellos si sus servicios desvían misteriosamente el presupuesto aportado por ciudadanos honestos, aquí, o en el exterior.

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