¡¡No podemos gastar tan poco!!

Boletín Nº 186  –  30/10/2018
Cómo nos cuesta dejar que los hijos vuelen, cómo nos cuesta verlos marchar a vivir su propia vida, a caminar su propio camino.
En ocasiones, muchas, los padres y madres pensamos que los hijos e hijas, esos regalos que nos hace el Universo, son nuestros; pensamos que van estar siempre con nosotros porque, por otro lado, ¿dónde van a estar mejor?
Los padres y madres debemos aceptar que los hijos e hijas son un regalo, pero un regalo con fecha de caducidad, un regalo que no va a permanecer a nuestro lado por siempre, que NO debe permanecer a nuestro lado.
Al convertirnos en padres y madres contraemos un compromiso con esos pequeños seres que traemos al mundo, un gran compromiso porque debemos trabajar duro para que lleguen a convertirse en personas. Grandes personas que un día deberán iniciar su propia andadura, deberán tomar sus propias decisiones, deberán crear (si así lo quieren) su propia familia.
Y adquirimos un compromiso, un gran compromiso, con ellos y hacia ellos: respetar sus decisiones, respetar lo que ellos y ellas decidan ser, respetar lo que ellos y ellas sientan y, llegado el momento, convertirnos en las personas que les sepan escuchar, entender, aceptar, dar un abrazo cuando lo necesiten, acompañar su llanto cuando sea necesario y…
No es fácil el trabajo que padres y madres debemos llevar a cabo, no es nada fácil y a esa dificultad se suma que en muchas ocasiones ellos, ellas, no van a entender nuestras decisiones, no van a entender los castigos, ni los consejos. Ellos y ellas en algún momento van a pensar que padres y madres no nos enteramos de nada, que no sabemos de la vida, que solo queremos fastidiarles sin darse cuenta que todo eso nosotros ya lo hemos vivido, ya lo hemos pensado, ya hemos tenido esas experiencias que no debemos olvidar a la hora de educarles.
Y les damos todo nuestro amor, amor que ellos a veces pueden incluso rechazar, y les dedicamos nuestro tiempo pero todo ello debe tener una finalidad: fortalecer sus alas para que llegado el momento puedan alzar el vuelo tomando el rumbo que ellas, ellos decidan tomar.
Y eso no quiere decir que nuestro trabajo como padres y madres termine, todos y todas sabemos que ese trabajo nunca acaba, simplemente es que llega el momento de que salgan al mundo por sus propios medios y tengan sus propias experiencias, esas que les acabaran de formar, que les ayudarán ser personas.
Nosotros, los padres y madres, hemos de hacerles entender que siempre estaremos ahí, que si caen les ayudaremos a levantarse y les “empujaremos” a seguir volando, a no tener miedo de vivir la vida.
Los hijos, ese  gran regalo que un día hemos de “echar” de casa.

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