Lía Cámara, el amor yucateco de Fidel Castro

El extinto líder de la revolución cubana vivió un tiempo en Yucatán; visitaba puertos con la joven educadora buscando una vía para viajar a Cuba con su guerrilla

Martiniano Alcocer

Por Martiniano Alcocer

Por Martiniano Alcocer

El extinto líder de la revolución cubana vivió un tiempo en Yucatán; visitaba puertos con la joven educadora buscando una vía para viajar a Cuba con su guerrilla

Lía Cámara, hoy doña Lía, desde la altura de sus 82 años, su encuentro y el inicio de una amistad con Fidel Castro Ruz. (FOTO DE LIA CAMARA)

Cuando la joven educadora Lía Cámara Blum y sus dos igualmente jóvenes colegas vieron a un alto, atlético y guapo joven a quien le lustraban el calzado en el parque de Valladolid, una ciudad al oriente de Yucatán, sus corazones se alborotaron.

Cuando ese joven alto, muy diferente a los yucatecos por su porte y estatura, se sentó a su lado en el camión que los traía a Mérida, la capital de Yucatán, y le buscó plática, la emoción subió de tono.

Cuando ese mismo día se enteró de que aquel joven era divorciado y tenía un hijo, la ilusión se vino abajo y lo que pudo haber sido un amor se volvió una buena amistad. Más tarde sus padres prohibirían aquel amago de romance que a lo más que llegó fue a un largo, profundo beso de despedida en la estación de camiones de Mérida una tarde de noviembre de 1955. Después de eso no lo volvería a ver, pero si sabría de él por cartas de amor y por noticias de la prensa.

Así cuenta hoy doña Lía, desde la altura de sus 82 años, su encuentro y el inicio de una amistad con Fidel Castro Ruz, el líder de la revolución cubana que en ese entonces, año de 1955, se encontraba en Yucatán, parapetado tras el seudónimo de Alejandro González, buscando alguna vía por mar que le permitiera a él y sus partisanos llegar a Cuba y derrocar al dictador Fulgencio Batista. “Nunca hubo nada más que esa amistad”, afirma la maestra Cámara Blum, en entrevista con este reportero, “porque yo perdí interés en él y porque a él tampoco la interesaba un romance. Estaba aquí con un objetivo: una vía para llevar a Cuba su revolución”.

Doña Lía trabajaba como educadora en Tizimín, una población también del oriente yucateco. Se supone que Fidel había acudido a esa región para inspeccionar los puertos más alejados de Yucatán y muy cercanos a Cuba a través del Canal de Yucatán, para desde alguno salir hacía Cuba con sus compañeros de la guerrilla. Finalmente ninguno lo convenció y el Granma se hizo a la mar desde Tuxpan, Veracruz.

Fidel, o Alejandro González, se hospedaba en el hotel Reforma, cerca de la casa de la familia Cámara Blum, en la calle 61 entre 80 y 82 de Mérida; mantenía largas pláticas con el padre de doña Lía, Pedro Cámara Lara, a quien visitaba todas las tardes.

Sin embargo, Fidel o Alejandro no habló a doña Lía de la revolución que planeaba. Si varias veces fue con él a Chicxulub, un puerto de la costa norte cercano unos 40 kilómetros al norte de Mérida, la capital del Estado, en cuya playa Fidel se mantenía largo tiempo de pie mirando al horizonte. En esos viajes, la joven Lía siempre iba acompañada de su madre, doña Socorro Trinidad Blum, descendiente de alemanes.

En uno de esos viajes, a los que Fidel siempre llevaba en el auto un maletín parecido a la funda de un violín, en un descuido Lía y su madre vieron con estupor que aquél escondía una ametralladora.

Doña Lía da la impresión de que está un poco desencantada con lo que pasando los años sería la Cuba socialista. Sobre todo le duele la separación de muchas familias, como la de su esposo, cuyo padre tuvo que refugiarse en Miami igual que otros muchos miles, pero dice que algo que tiene que reconocer es que en la educación, la cultura y el deporte, entre otros campos, los logros son muy grandes, sobre todo porque Fidel educó a todo su pueblo.

Eduardo Vargas, ex reportero de Grupo Sipse, recordó hace dos años que la aventura de Lía y Fidel quedó plasmada en un reportaje, “La vida secreta de Fidel Castro en Yucatán” que en 1997 publicó el periódico Novedades de Yucatán, del referido grupo, y que fue retomado por Milenio Diario en el marco de la visita a Yucatán del entonces presidente de Cuba, Raúl Castro Ruz, del 6 al 7 de noviembre de 2016, apenas unos días antes de que muriera en su casa de La Habana el líder de la revolución cubana.

Lía refiere que en 1960 viajó a Cuba para participar en el Encuentro de Juventudes Latinoamericanas, donde –dice al reportero Vargas- jóvenes desconocidos y barbados prácticamente la adoptaron como una guerrillera más: le enseñaron a disparar rifles y metralletas que sacudían, en cada detonación, su delgado cuerpo de quizás 50 kilos de peso.

En ese periplo, la maestra, montada en un jeep con hombres fuertemente armados, viajó cual turista hasta Sierra Maestra, escondite de los rebeldes encabezados por su otrora enamorado. 

Más tarde, en otro viaje, en Santa Isabel de las Lajas, a 300 kilómetros de la capital cubana, la joven yucateca pudo constatar que de alguna forma pervivió en el recuerdo del aquel joven que conoció una tarde en Valladolid, pues una escuela de la localidad fue bautizada “Maestra Mexicana Lía Cámara Blum”.

Fidel, según cuentan, conoció en Chichén Itzá a Ernesto Guevara, el mítico Che argentino. Pero esta es otra historia…



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